10 octubre, 2014

De la ilegalidad ganan pocos y perdemos todos. La pesca ilegal es uno de los monstruos que persisten y crecen en nuestros mares. Los monstruos que los navegantes del siglo XV reportaban eran imaginarios. Este es muy real.

A nivel mundial, se estima que hasta uno de cada tres kilos de mariscos provienen de actividades de pesca ilegales, no reportadas o no reguladas. Esta cifra no es para nada pequeña: equivale a entre $10.000 y $23.000 millones que son robados cada año de los océanos del mundo. Cuando la cifra de dinero es tan alta, no sorprende que existen organizaciones criminales que se dedican a esto. De acuerdo a Interpol, estas organizaciones, no contentas con el botín, combinan la pesca ilegal con otras actividades ilegales, como evasión de impuestos, tráfico de personas, drogas, combustible y armas, contrabando, esclavitud. En Uruguay, por ejemplo, un creciente número de africanos ha sido rescatado de barcos pesqueros chinos en donde laboran como esclavos. En Europa oriental, bandas criminales hacen hoy más dinero con pesca ilegal que vendiendo drogas. El monstruo es enorme.

En Costa Rica. Nuestro país, lamentablemente, no se queda atrás. La pesca ilegal ocurre en dos dimensiones: la zona costera y la porción de mar nacional que llamaremos oceánico, lejos de la costa. También se origina en al menos dos grupos: pescadores nacionales e internacionales. De este modo, la pesca ilegal en el Golfo de Nicoya, alimentada por un circulo de pobreza, falta de oportunidades y ausencia de controles, genera altísimos costos al país. Hoy el Golfo de Nicoya produce menos de la mitad de lo que producía hace 40 años y se invierten miles de millones en subsidios que resultan inútiles para mitigar el problema. Aquí, la solución no solo está en la regulación pesquera por sí sola, sino en la inversión a largo plazo en educación, salud y generación de empleos.

En el caso de la zona oceánica del país, a decenas o cientos de kilómetros de la costa operan embarcaciones extranjeras de manera ilegal. Lo hacen sin tener permisos para entrar a nuestras aguas. Este ha sido el caso de embarcaciones asiáticas y suramericanas que han sido capturadas en los últimos años. Algunos, teniendo permisos, violan regulaciones o áreas protegidas, como la Isla del Coco. Este es el caso del Tiuna , una embarcación industrial atunera que fue capturada pescando dentro de la Isla del Coco a plena luz del día. También está el caso de las embarcaciones extranjeras que desembarcaron más de 655.000 kilos de tiburón durante el último año y medio. Para ponerlo en contexto, ese es el peso aproximado de cien elefantes adultos. Alegaron que se pescaron fuera del país, pero también que sus dispositivos de localización satelital fallaron. O sea, no sabemos. Al no poder reportar su ubicación, probablemente violaron la normativa nacional. Hasta existen ejemplos en nuestro país de tripulantes esclavos abordo de embarcaciones extranjeras que llegan a nuestros puertos.

En el caso de los ticos, una pequeña parte de la flota también elige la pesca ilegal: visitan Panamá, Colombia, Ecuador y Centroamérica. Los casos no son pocos y tampoco lo es el daño ambiental que causan dentro y fuera del país. En todos los casos, nacionales y extranjeros, lo que alimenta esta conducta es la avaricia, el dinero. A los tiburones y tortugas no los matan anzuelos, sino dólares.

Octubre rojo. El monstruo de la pesca ilegal respira cada día del año. Sin embargo, cada octubre la Isla del Coco recibe más presión de pesca ilegal que en otros meses. Octubre rojo, o negro, es como le llaman los guardaparques. Algunos pescan al borde del área protegida, legalmente pero en cuestionables condiciones de seguridad. Otros, casi todos, eligen pescar ilegalmente en aguas protegidas. Atún y tiburones son dos de sus objetivos. Cada octubre, los diarios y noticieros lo reportan. Capturar y probar pesca ilegal es difícil y costoso. Por ejemplo, los pescadores trabajan con combustible subsidiado, los guardaparques y guardacostas, no. Unos son muchos, otros pocos.

No podemos permitir que esto siga ocurriendo. No podemos continuar ignorando el problema que nos afecta a todos. Para prevenir y desalentar el saqueo de nuestros mares, el monstruo marino del siglo XXI, se deben tomar medidas con urgencia. Lo primero es hacer obligatorio el uso de dispositivos de rastreo satelital en todas las embarcaciones pesqueras que no sean de pequeña escala. Además, se debe monitorear a todas y cada una de las descargas en puerto, siguiendo los lineamientos del Tratado de Estado Rector de Puertos. Finalmente, es importante que se implemente un programa de observadores pesqueros, que se mejore la calidad de la información pesquera con la que contamos y que se fortalezcan tanto los incentivos al pescador responsable como las multas y sanciones al que viola las normas. Además, el país debe hacer uso de herramientas tecnológicas como radares para controlar el uso de sus mares. La única manera de que Costa Rica pueda reclamar una efectiva soberanía sobre aguas es tomando el control sobre ellos.

Marco Antonio Quesada Alpízar, biólogo y especialista en Políticas y Gestión de Recursos Marinos, es director de Conservación Internacional–Costa Rica.

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