24 agosto, 2014

¿Cómo llega un muchacho sencillo del sur de Costa Rica a convertirse en jugador del Real Madrid, y a ser calificado por muchos como el mejor portero del Mundial 2014? Para todos los que lo hemos conocido personalmente es fácil identificar las razones del éxito de su vertiginosa carrera.

Sueño de niño. Diversos expertos argumentan que las personas en la vida adulta seguimos persiguiendo los anhelos que tuvimos cuando niños. “Mis logros y todas las cosas que amaba tenían sus raíces en los sueños y metas que tuve de niño, y en la manera en que había alcanzado la mayoría de ellas”, argumentó en su famoso libro La última lección, Randy Pausch, el profesor que, al conocer que padecía de una enfermedad terminal, dedicó los últimos días de su vida a concretar sus sueños de infancia.

Keylor jamás se ha separado de su ilusión; en sus palabras: “Esto del fútbol se inició por mi papá, cuando me llevó a ver un partido en un barrio de San Isidro. Observé a un portero hacer una gran 'parada'. Esa imagen me marcó de por vida porque yo apenas tenía cinco años y el portero 12, y me propuse ser como él. Es una imagen que nunca olvidaré.”

Espiritualidad y valores. La fe en un Ser Supremo, tener siempre presentes las enseñanzas y principios inculcados por sus padres, y hacer de la sencillez una forma de vida, convierten a Keylor en una persona de trato fácil y con gran disposición para cooperar en acciones de servicio a la comunidad. Él atribuye sus logros a sus valores, pero esencialmente, a la voluntad de Dios, señal inequívoca de su humildad. En el 2005 visité el Real Madrid y uno de los psicólogos me comentó que, desde temprana edad inculcaban a sus jugadores cuatro valores: liderazgo, respeto, coraje y solidaridad; sin saber eso, Keylor ya los exhibía desde niño y hoy es parte del equipo.

Aprendiz. El término “disciplina” se origina de “discípulo”, y del latín discere , que significa “aprender”. Fuera de la cancha, siempre ha tenido una pregunta adicional, cuestiona lo que no le hace sentido y procura aportar un criterio nuevo; así lo observaba en las actividades de desarrollo que realizábamos en la Selección Mayor. Dentro de la cancha exprime al máximo las enseñanzas de sus entrenadores y compañeros.

Él ejemplifica que los grandes anhelos solo se construyen con altas dosis de esfuerzo y preparación, más allá del deber y de lo meramente técnico. Su crecimiento es integral, no solo futbolístico, y posee la sabiduría de saber usar sus talentos. Valora el equilibrio en su vida personal, profesional, espiritual y familiar.

Paciencia, persistencia y valentía. Ha ido paso a paso. A sus 13 años un entrenador lo descartó como portero por “pequeño y falto de cualidades” y hoy, meritoriamente, el estadio de su ciudad natal lleva su nombre. Cuando ha sido suplente no ha exigido privilegios, solo ha respondido con perseverancia. Llegó a España a la Segunda División y ahora es portero del mejor equipo del siglo XX. Ha tenido que tomar decisiones difíciles, pero todas enfocadas hacia una ilusión que ya es una realidad.

El método Keylor es simple: ser Keylor todos los días, sin dejar de ser quien es desde su origen.

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