20 mayo, 2014

A raíz del resultado electoral del pasado 6 de abril, muchos pronostican la muerte del Partido Liberación Nacional (PLN). Me parece que esa premonición es precipitada, simple y falta de fundamento. Las crisis pueden ser de vida o muerte. Todo depende de cómo abordemos los problemas los seres humanos. En tal sentido, estoy convencido de que el PLN puede reconstruirse, si con un espíritu crítico y renovador se dispone a podar de raíz una serie de males acumulados en los últimos tiempos y construir un nuevo programa de acción de cara al presente y el futuro de Costa Rica.

Detrás de esta derrota electoral (y esta sí que lo fue) existe un mensaje que resuena por encima de cualquier excusa o matiz que se quiera inventar. Lo que ha salido de las urnas electorales es muy claro: es un castigo a la despreocupación por los más pobres, a las interminables filas ante los hospitales públicos y demás servicios que presta el Estado, al abismo del déficit fiscal, a la incapacidad de realizar una obra pública sin que se acuse de corrupción y a la impunidad.

En otros términos, el reciente resultado electoral es una sanción colectiva ante la renuncia de responsabilidades y la negligencia de quienes nos han liderado. Este azaroso camino de renuncia y miedo lo inició la expresidenta Laura Chinchilla con su reiterado discurso de ingobernabilidad, y lo concluyó el candidato Johnny Araya al dar la espalda al pueblo liberacionista y salir corriendo de la campaña.

Juego de poder. Ante dicha crisis, Liberación Nacional debe disponerse, con urgente celeridad, a revisarse con sentido crítico y espíritu renovador, con voluntad de sobrevivencia y espíritu generoso. Cualquier error o disimulo en el diagnóstico, cualquier titubeo y retraso en la adopción de medidas salvadoras del Partido, se podría traducir en daños irreparables para el partido y para el país.

Costa Rica necesita de un Liberación Nacional orgánicamente fuerte, éticamente sólido y claro en los propósitos que lo han hecho grande, desde 1951 al día de hoy. Este partido se concibió a sangre y fuego para luchar contra la corrupción y el fraude electoral, para trabajar en favor de la igualdad de oportunidades, la justicia social y el bien común. Es decir, para luchar por el Estado constitucional, democrático y social de derecho.

Pero algunos en el PLN abandonaron esos derroteros y convirtieron la política en un simple juego de poder. Se olvidaron del bien común e hicieron de la política el negocio de unos pocos. Liberación tiene que reformarse y fortalecerse para continuar siendo la mejor alternativa política de los costarricenses, de todos los costarricenses, particularmente de aquellos a quienes el libre mercado no les brinda ninguna oportunidad para vivir de manera digna. El Partido tiene que refrescar sus derroteros ideológicos y sus programas de acción. ¡La modernización de la democracia y del país lo exige!

En esa búsqueda se impone volver al estudio y el análisis serio de los problemas nacionales. Hace años que en Liberación Nacional el estudio y la formación de sus líderes fueron abandonados. Hay que volver a las aulas para conocer mejor nuestros fundamentos ideológicos y comprender mejor la Costa Rica del presente y definir, de manera más clara, nuestro propio derrotero de futuro. Un partido que no estudia, no piensa y no se preocupa por las personas no tiene futuro, se estanca y muere.

El futuro se encuentra en la lucha por la justicia social, el combate a la pobreza, el desarrollo sostenible y la ejemplaridad ética. Hay que dejar de pensar en cosas extravagantes y dedicarse a resolver los problemas cotidianos de las personas. Los fundamentos de nuestra existencia como sociedad se encuentran en la Constitución. No hay que buscarlos en otras latitudes.

Modelo ideológico. El Estado democrático y social de derecho, debe recordar Liberación, es el resultado de un pacto de convivencia que nace de las personas para servir al ser humano, al bien común y facilitar la convivencia en sociedad.

Desde el ámbito ideológico, la Constitución no es una norma neutra, en el sentido de que la acción del Gobierno y de la política en general, puede orientarse hacia cualquier propósito. Tampoco es un conjunto de principios y valores yuxtapuestos en un texto jurídico, sin ninguna utilidad práctica.

Por el contrario, la Constitución es el producto de un modelo ideológico que privilegia la dignidad de la persona, la libertad, la igualdad, la justicia social, el pluralismo político, la seguridad jurídica, el acceso a la justicia, la responsabilidad de los poderes públicos y demás principios inspiradores de nuestro sistema político. Pero Liberación se apartó de estos derroteros, lo que explica su reprobación electoral.

En tal sentido, Liberación Nacional, para volver a ser una alternativa políticamente viable, debe colocar en el frontispicio de su carta ideológica, según ordena el artículo 50 de la Constitución, la lucha por el mayor bienestar de todos los habitantes del país. Con hambre, enfermo, sin estudios, sin techo ni trabajo no se es libre. Esta es la razón por la cual esta norma constitucional exige al Estado propiciar políticas públicas dirigidas al combate de la pobreza y la exclusión social.

Sobre estas bases ideológicas y con el entusiasmo de las nuevas generaciones, el PLN debe emprender este nuevo comienzo. La crisis en la que está sumido no es de muerte: es una más de tantas que ha enfrentado en el pasado. Pero, para sobrevivir, para continuar siendo el partido del desarrollo, el progreso nacional y las nuevas generaciones se debe reconstruir y modernizar.

Esto significa, colocar en el centro de su quehacer político, las libertades públicas, la igualdad de oportunidades, la justicia social, la lucha contra la pobreza y la ética en el ejercicio de la función pública.

¡Miles de personas dentro de Liberación estamos dispuestas a intentarlo una vez más!