12 junio, 2014

El reciente Campeonato Mundial del Fútbol Femenino Sub-17 2014, fue todo un acontecimiento, que puso al país en el mapa de un deporte con millones de aficionados en todo el planeta. Un verdadero éxito, sin duda, al que contribuyeron algunas personas de espíritu altruista, dedicadas a sacar adelante una tarea aparentemente imposible en nuestro medio. Sí, es obligado destacar la intervención de la presidenta Laura Chinchilla quien, a pesar del escepticismo y escaso empuje de nuestros dirigentes futbolísticos, logró convencer a la FIFA de que sí se podía.

Lo extraordinario del asunto es el poco conocimiento que de la historia del fútbol femenino local se tenía en el país antes de este campeonato. Ignorancia a la que no eran ajenos importantes medios y personajes del mundo deportivo del país. Ahora, ante la relevancia internacional del evento, es el momento de exhibir ante el mundo un hecho extraordinario del pasado: el Deportivo Femenino Costa Rica (DFCR), en sus dos equipos (el azul y el rojo) y su debut formal en el antiguo Estadio Nacional, aquel domingo 26 de marzo de 1950, ante miles de asombrados y entusiastas espectadores.

Las primeras. Está por aclararse si, oficialmente, fue este grupo de mujeres el primero en jugar fútbol públicamente en el mundo. Lo que sí es casi seguro es que la iniciativa no la tuvo ni Brasil ni Estados Unidos, como se especuló en los últimos años. Lo único lamentable es que, a pesar de tanto testimonio viviente, así como material escrito y visual que atestiguan la originalidad de la iniciativa tica, nunca hubo una declaración oficial del hecho de parte de las autoridades deportivas locales, ni de la misma FIFA.

Precisamente, en estos días se cumplen 64 años de ese primer partido arriba mencionado. La cosa, sin embargo, no fue flor de un día: el DFCR no solo fue el primero existente en el país, sino que su existencia real se prolongó por varios años. Lo atestigua un valioso libro, publicado en 1999 por el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, al cumplirse 50 años de la fundación del equipo.

En esta reseña histórica se aportan valiosos datos sobre sus fundadores, sus integrantes, sus estrellas, así como numerosas crónicas y fotografías relacionadas con sus numerosas giras internacionales. Muy de destacar son estas últimas pues, las gentiles y hábiles damitas, fueron nuestras admiradas embajadoras en países como Panamá, Guatemala, El Salvador México, Colombia y Curazao: países en los que el público no salía de su asombro pues sus mentalidades conservadoras y hasta puritanas no concebían, antes, que el fútbol fuera un deporte apropiado para las mujeres.

Dicho sea de paso: no hubo en su momento ningún tipo de apoyo o especial reconocimiento de parte de las autoridades deportivas o estatales para el DFCR. Se trató de una iniciativa totalmente privada, mantenida con el esfuerzo y sacrificio de sus fundadores e integrantes, incluso con la pérdida de trabajo cuando las ausencias por giras se prolongaban. Pero fue este el primero, el más estable, el más formal y el más conocido equipo de fútbol femenino: los que luego surgieron tuvieron una existencia efímera y meramente local.

Reconocimiento. Es bueno reflexionar y concluir que a estas señoras, todas de avanzada edad y muchas de ellas ya fallecidas o enfermas, se les debe un reconocimiento público por tantos años de negligencia oficial. Algo ya se empezó a hacer con la intervención pública de la presidenta Chinchilla. No estaría de más (y esta es la primera propuesta) el que se dedique al DFCR y a sus fundadores el último partido del actual campeonato Sub-17, con solemne mención pública en los altoparlantes del estadio. El saque de honor podría hacerlo una exjugadora escogida por sus compañeras para tal fin. Es una cuestión de generosidad bien entendida; pero lo es también como estímulo al cultivo de los valores representados vivamente en este grupo de mujeres luchadoras por darse su lugar en una sociedad tan poco abierta como era la del pasado.

Y otras dos tareas estarían pendientes. La primera es promover y auspiciar el reconocimiento oficial del DFCR como la institución señera en el mundo futbolístico, algo que subrayará la condición pionera del país como uno de los primeros en contar con equipos femeninos que practicaban el fútbol. La otra iniciativa no es menos importante: honrar merecidamente a los dos fundadores del DFCR, los hermanos Manuel Emilio y Fernando Bonilla Alvarado, de quienes solo sobrevive el segundo.

Este es un reconocimiento necesario porque algunos han tratado de apropiarse de tal mérito, cuando lo cierto es que han tenido un papel bastante secundario y gris en esta iniciativa. Los retratos y los nombres de estos dos hermanos hace tiempo deberían estar presentes en nuestra Galería del Deporte, especialmente en el caso de don Fernando, que también ha sido notable jugador de fútbol en varios equipos (Gimnástica Española, Saprissa y Herediano), lo mismo que como entrenador en 14 equipos de primera y segunda división.

Dejo las tres propuestas a quienes corresponda.