6 agosto, 2014

La plasticidad del cerebro ha sido clave en nuestra evolución para adaptarnos y sobrevivir en un planeta a veces inhóspito y por mucho tiempo desconocido.

Se ha demostrado que la repetida activación de ciertos “circuitos” del cerebro produce en él cambios fisiológicos e incluso anatómicos. Por ejemplo, el cerebro de las personas que saben leer y escribir es distinto del cerebro de quienes no han adquirido esas destrezas. Resulta entonces fundamental analizar las consecuencias de nuestras decisiones cotidianas, en relación a lo que hacemos o dejamos de hacer.

Las actividades que realizamos están muy ligadas a los instrumentos que tenemos disponibles, los cuales en general buscan extender nuestras capacidades físicas o aumentar nuestros sentidos (ejemplo, el telescopio). Un grupo en particular se destaca por ampliar nuestra capacidad mental, empezando por el ábaco, pasando por el libro y llegando a las computadoras y la Internet.

Efectos de la Internet. El uso de la Internet resulta en un estímulo sensorial y cognitivo intenso y repetitivo, que produce alternaciones importantes en el cerebro. Los navegantes regulares de Internet exhiben una actividad intensa en áreas del cerebro asociadas a la toma rápida de decisiones, como respuesta a una demanda constante de selección e interpretación de la información que va surgiendo desde la red.

Así, a edades cada vez más tempranas, las generaciones más jóvenes incorporan las nuevas tecnologías mediante usos variados que generan y fortalecen ciertos circuitos del cerebro, mientras que otros se dejan de usar y, por lo tanto, se debilitan.

El pensamiento profundo (del inglés deep thinking ) parece ser de los aspectos que se socavan con los usos más superficiales –y más frecuentes– de las tecnologías, y en general se afectan aquellas actividades que demandan concentración y reflexión. Hay también evidencia de que se pueden estar mermando capacidades fundamentales para la humanidad, como la empatía y la compasión, precisamente por requerir sosiego y atención.

Por lo tanto, resulta primordial incorporar responsablemente el conocimiento específico que se está generando en este campo, para promover un desarrollo integral y balanceado en las nuevas generaciones.

Sistema modelo. Desde la Fundación Omar Dengo, y en coordinación con el Ministerio de Educación Pública, se promueve un modelo de uso de teconologías que potencie en los estudiantes el desarrollo de capacidades estratégicas para su crecimiento personal y su participación plena en la sociedad del siglo XXI. Esto se hace mediante el Programa Nacional de Informática Educativa (Pronie MEP-FOD), que atiende a cerca del 73% de los estudiantes del sistema público nacional.

La reciente incorporación de las tecnologías móviles en el salón de clase ha extendido el campo de acción –tanto físico como temporal– del Pronie MEP-FOD, hasta hace poco circunscrito a dos lecciones semanales en el laboratorio de informática educativa. Esta oportunidad de promover un uso más diverso y frecuente de las tecnologías, en una justa mezcla de innovación y rigurosidad científica, permite incidir más ampliamente en el desarrollo de las capacidades de los estudiantes.

Las evaluaciones de propuestas educativas de diversos países apoyadas en tecnologías muestran el fracaso de aventurarse en la implementación de proyectos masivos sin contar con la comprensión y las competencias necesarias para su conducción y sin esquemas adecuados para su sostenibilidad.

En ese contexto, el caso de Costa Rica sigue perfilándose como un modelo excepcional, como se evidenció en la reciente convocatoria de la Unesco en París: un modelo educativo que promueve una apropiación inteligente y creativa de la computadora y la Internet, concebidas estas como herramientas para pensar, para hacer y para colaborar.

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