18 febrero, 2015

El oficio de cortar, modelar la barba y el cabello es uno de los más antiguos de la historia de la humanidad. Este arte se conoce desde hace 3.500 años, pero no hay duda de que ya en las sociedades muy antiguas, como las paleolíticas primitivas, el barbero ocupaba un alto nivel y era tratado con mucho respeto o autoridad, y esta tarea generalmente se le confiaba a los más sabios, los sacerdotes.

Lo mismo sucedió en el Antiguo Egipto y en la Grecia de Platón, Sócrates e Hipócrates, donde el culto al cuerpo y al alma provocó que estos menesteres se convirtieran en una verdadera profesión muy bien pagada. Además, las barberías se transformaron en puntos de reunión y conversación sobre temas filosóficos, políticos, deportivos y comunales. En el Imperio romano, hasta 300 a. C. los hombres usaban barbas y cabellos largos, pero la influencia de los griegos los indujo a la moda de los barberos y barberías. Los documentos históricos indican que en el año 296 a. C., Ticinio Mena, un senador romano, fue el que introdujo la costumbre de las barberías, donde además de las funciones sustantivas (corte de barva y cabello), se ofreció depilación de cejas, pedicuría, manicuría y, por si fuera poco, también se perfumaba, e incluso en esa época empezaron a extraer piezas dentales.

Lógicamente, los patricios o la gente de mayor posición social tenían sus propios barberos en conjunto con su servidumbre. En la Era Medieval, se produce un ascenso importante en la actividad de este oficio, al pasarse las actividades quirúrgicas de los clérigos (personas ilustradas de la época) a los barberos, debido a que, en el año 1123, el papa Alejandro III prohibió a los clérigos seguir realizando operaciones quirúrgicas, al declarar “que extraer sangre de los seres humanos (sangrías) sería de allí en más, un pecado o sacrilegio para los ministros de Dios”.

Como consecuencia de esta resolución del Vaticano, de ahí en adelante la profesión de barbero aborda las cirugías menores en las poblaciones respectivas. En los siglos XVI y XVII, los barberos ocuparían altas posiciones en las cortes reales. Una ordenanza de Enrique VIII los autoriza a recibir una vez al año cadáveres para diseccionar y estudiar la anatomía humana.

División. Hasta 1745, las corporaciones de cirujanos funcionaron en conjunto con las compañías de barberos. A partir de ese año, por decisión del rey Jorge II de Gran Bretaña, las corporaciones fueron separadas y los barberos debieron limitarse a sus funciones de corte de barba y cabello. Dicha resolución indica que la gabacha del barbero será corta y la de los médicos larga. Esta decisión hizo cambiar de enfoque los estilos de cabello de la gente y, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, los barberos volvieron a tener auge y relevancia en la sociedad con la fabricación de pelucas.

Actualmente, los nuevos centros de corte y modelaje del cabello, barba, manicure y pedicure han inmigrado al nuevo enfoque unisex, y aunque siguen existiendo los barberos, el nuevo oficio se denomina “estilista”.

Por último, es importante indicar que la insignia de este oficio (semejante a una melcocha) surgió para que el viajero conociera a la distancia el establecimiento. Las franjas blancas simbolizan las vendas, las rojas aludían el color de la sangre y la atención a la salud.

El autor es salubrista público.

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