El éxito en París descansa, en mucho, en la dirección y el trabajo de Christiana Figueres

 19 diciembre, 2015

El acuerdo tomado en el cierre de la 15.ª Conferencia de las Partes, celebrada en Copenhague, Dinamarca, y que fue aceptado posteriormente por la Unión Europea, fue criticado por numerosos gobiernos y organizaciones y calificado de fracaso.

Para Costa Rica, dicha conferencia representó un éxito por haber vislumbrado la oportunidad de promocionar y lanzar, posteriormente, a la costarricense Christiana Figueres como candidata a la secretaría de la Convención sobre Cambio Climático y por haber podido mostrar los avances en revertir el proceso destructivo de los bosques. Esto reafirmó el compromiso de alcanzar la carbono neutralidad en el 2021.

Desde un inicio, el descontento entre las delegaciones de los países se hizo patente, pues no había muestras de alguna posibilidad de alcanzar los objetivos de reemplazo del Protocolo de Kioto, que llega a su fin.

Esto hacía entrever la salida de Yvo de Boer, secretario responsable de la organización de la COP15, una vez finalizada la reunión. Bajo esas circunstancias, la delegación de Costa Rica inició un lobby para convencer a la Sra. Figueres de que aceptara ser una posible candidata, en el caso de que se diera la renuncia de Boer.

También comenzaron las conversaciones con delegaciones claves que avalaran dicha candidatura para luego contar con el visto bueno del Gobierno costarricense.

País preparado. Costa Rica contaba ya con un Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac) que cubría el 26% de su territorio y había pasado de un 21% de cobertura forestal en la década de los 70, a un 50%, producto de un mecanismo de incentivos, inicialmente, y el pago de servicios ambientales, posteriormente. Dichas acciones fueron reconocidas en el mundo como base para iniciar la lucha contra el cambio climático, que Costa Rica previó como un mecanismo para alcanzar la carbono neutralidad en el año 2021.

En ambos casos hubo la suficiente visión política para comenzar a consolidar el Sinac, por medio del Instituto de Tierras y Colonización (ITCO), y así fue como se crearon los parques nacionales Corcovado, Santa Rosa, Carara y otros, que dieron origen a un sistema que tuvo su base en unidades territoriales administrativamente delimitadas, en donde se interrelacionan actividades tanto privadas como estatales, en busca de soluciones conjuntas, orientadas por estrategias de conservación y desarrollo sostenible de los recursos naturales.

El costo por hectárea reforestada rondaba los $1.000, lo cual atrajo el interés de los países miembros de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) por conocer cómo se había logrado.

El esfuerzo por restaurar el sector forestal nos permitió en el 2007 anunciar nuestro compromiso de conseguir la carbono neutralidad en el 2021, y permitió que los proyectos forestales dieran origen a un mercado doméstico de carbono, ampliando el portafolio de negocios, en función de servicios de fijación de carbono que podría prestar el sector forestal.

Este aspecto fue aprovechado por el Fonafifo para crear dicho mercado. Para agosto del 2014, habían participado 77 empresas. Por ello, lo hecho en Costa Rica en el sector forestal se considera clave en la contribución para mitigar los gases de efecto de invernadero.

Sin lugar a dudas, la COP21 en París permitirá sentar las bases para la descarbonización mundial, con miras a mantener el calentamiento global por debajo del límite de 2 °Celsius.

Para conseguir tal objetivo, se planteó la necesidad de que los países miembros enviaran antes del encuentro planes para reducir las emisiones de dióxido de carbono al año 2030, lo que ha propiciado el compromiso de más de 150 gobiernos de acuerdo con sus posibilidades; a la vez que han surgido una serie de compromisos para aportar los recursos económicos necesarios para alcanzar la meta.

Los logros que se den en París descansan en una buena visión, planificación y, principalmente, mucha confianza de los Gobiernos miembros de la CMNUCC en la dirección y el trabajo de Christiana Figueres.

El autor fue ministro de Ambiente y Energía.