Tres titanes de la literatura, cuya ausencia física alcanza ya 900 años

 5 febrero, 2016

En este año 2016, en el firmamento se pusieron en hilera cinco planetas, posiblemente porque en la Tierra tres de los más renombrados escritores universales también se habrán de poner en fila en conmemoración de sus fallecimientos.

Mientras en el cosmos hicieron su pasarela Mercurio, Venus, Saturno, Marte y Júpiter, aquí, en nuestro mundo, habremos de celebrar los aniversarios convencionales de los decesos de Rubén Darío (100 años), Miguel de Cervantes y William Shakespeare (400 años).

El primero de ellos murió el 6 de febrero de 1916 en León, Nicaragua, hace un siglo. Los otros lo hicieron el 23 de abril de 1616, hace cuatro centurias.

Pareciera que si en los cielos los cuerpos celestes se ponen en línea, pues aquí tres astros de las letras hacen lo mismo.

Tres maestros. Uno de ellos, Darío, poeta que subyugó al mundo de su tiempo, sigue refulgiendo con luz propia. Los otros, Cervantes, novelista que cabalga a lomos de Rocinante, y Shakespeare, escénico en el dolor y la comedia, autor de numerosas obras de teatro que jamás habrán de quedar en el olvido.

Tres titanes de la literatura, cuya ausencia física alcanza 900 años, que desfilan por los ámbitos terrenales con sus obras inmarcesibles, que mantienen su vigorosa vigencia con las cuales recrean los espíritus y estimulan la capacidad discursiva, así como las emociones, de los seres humanos.

En la humilde Metapa, hoy Ciudad Darío, emergió un poeta que se convirtió en príncipe de las letras castellanas. Anduvo por toda Centroamérica, incluida Costa Rica, donde vivió más de un año y hasta tuvo de esposa a una tica. Radicó en Chile. Y con su Azul conquistó Europa, donde, asimismo, se estableció.

Darío sigue siendo el gran señor, el gran lírico de la poesía hispana.

De Alcalá de Henares, el Manco de Lepanto, que empuñó las armas, decidió a su vez empuñar la pluma. Soldado, cautivo de los moros, desde la cárcel elaboró su Ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, cuya peregrinación no tiene fecha de límite.

Enriqueció el idioma con sus narraciones y el mundo no se cansa de divertirse con las ocurrencias del caballero de la triste figura y Sancho Panza.

En otro idioma. Y el inglés William Shakespeare es un hombre de teatro sin paralelo, que sacude con gráficos pensamientos el alma humana, con personajes que van desde la ternura a la mano homicida. Que se aplaude con frenesí por los productos de su talento que se plasman en representaciones escénicas en todo el orbe.

En sus textos hace gala de un lenguaje preciso que dibuja el rostro de los sentimientos más disímiles. Y aunque su muerte está fechada el 23 de abril, la realidad es que falleció 11 días antes. Fue por adaptación del calendario gregoriano que empató en el mismo día de Cervantes.

Sí, el mundo en este año 2016 vive coincidentemente la fascinación de los astros en línea, así en los cielos como en la Tierra.

El autor es periodista.