5 marzo, 2015

Hoy se cumple un año de haber tomado una de las decisiones más difíciles en mi vida. El paso del tiempo me permite ver con mayor serenidad y reposo los acontecimientos de la pasada campaña electoral.

Me correspondió ser el candidato del Partido Liberación Nacional en circunstancias particularmente complejas. Dos períodos consecutivos de gobierno generaron un inevitable desgaste, el cual nos pasó la factura en las urnas. Durante el proceso electoral, como todos recuerdan, fue creciendo de manera cada vez más notoria un sentimiento de cambio en la sociedad costarricense.

Por supuesto que al desgaste acumulado hay que sumarle los errores que cometimos en campaña y los cálculos electorales de algunos sectores en el seno mismo de nuestro partido, que no veían con buenos ojos un triunfo en el 2014.

Después de las elecciones del 2 de febrero, con un resultado que sorprendió a muchos y que se desmarcó de la proyección que hicieron todas las encuestas realizadas en los días previos, nos dimos a la tarea de retomar el trabajo electoral en todo el territorio nacional.

Escenario inédito. Un mes después, tuvimos a la mano cuatro encuestas de opinión que expresaban de manera contundente una inclinación mayoritaria por el entonces candidato Luis Guillermo Solís.

Los diferentes estudios de opinión de reconocidas empresas encuestadoras nos mostraban que los costarricenses, que no habían votado por el PLN ni por el PAC en la primera ronda, estaban, prácticamente en bloque, definiendo su voto a favor de un cambio en el partido gobernante.

El reconocimiento del carácter irreversible de ese fenómeno me llevó a considerar un escenario inédito en la política costarricense. Así surgió la propuesta que hice el 5 de marzo del año anterior. Durante toda la campaña, en reiteradas ocasiones, hablé de la necesidad de un Acuerdo Nacional (con mayúsculas). Estaba y sigo convencido de que los problemas del país solo se resolverán si se logran grandes acuerdos políticos y sociales que nos permitan trascender las barreras que han afectado el desarrollo de nuestra nación.

Frente a la contundencia de los resultados de las encuestas mencionadas, vislumbré la opción de hacer un alto en la campaña (no un retiro o renuncia a mi candidatura, como muchos interpretaron) para trabajar de inmediato en la construcción de ese gran acuerdo.

Mi propuesta no la aceptó Luis Guillermo Solís y no fue bien entendida por muchos costarricenses, especialmente por partidarios de Liberación Nacional. Hoy, un año después de esa fecha polémica, reconozco que la forma en que yo hice aquel planteamiento no fue la más correcta.

Luchador toda la vida. En medio del debate que la decisión generó, no faltaron los que cuestionaron mi valor por haber suspendido mi campaña política. Hoy vuelvo a reiterar que se necesitaba más valor para hacer lo que hice, que para continuar en las tareas electorales. He sido un luchador toda mi vida. Desde la adolescencia he estado inmerso en las luchas políticas y sociales.

Me ha tocado en sobradas ocasiones pelear en la adversidad y perder en algunos momentos batallas electorales. Me considero (a propósito de la frase de Bertolt Brecht) parte de los que “luchan toda la vida”.

¿Cuál sería la realidad de nuestro país si mi propuesta de Acuerdo Nacional hubiera sido aceptada? Creo que tendríamos un panorama mucho más favorable que el actual. Considero que en otro momento y con otras circunstancias, mi iniciativa sigue siendo válida. Debemos construir espacios de concertación en torno a la definición de prioridades en una agenda nacional.

Identifico dos grandes frentes que deben guiar un esfuerzo compartido por todos los actores políticos y sociales. En el campo de la producción, para recuperar la competitividad que ha ido perdiendo nuestra economía, existen tres asuntos relevantes: infraestructura, energía y tramitomanía. En el área social, la solución al problema del desempleo y de la pobreza, en especial la pobreza extrema, es particularmente urgente. Debemos estar claros en que para tener éxito en lo social debemos mejorar los resultados en el desempeño de nuestra economía.

Acuerdos multipartidistas. En los últimos días, se han producido en la Asamblea Legislativa importantes acuerdos multipartidistas alrededor de proyectos de infraestructura que constituyen una muy buena señal de lo que se puede lograr cuando se colocan los intereses nacionales por encima de los intereses partidarios.

Estoy convencido de que estamos a tiempo para construir un gran Acuerdo Nacional. Tenemos un país extraordinario, pero en los últimos años se han empezado a falsear bases muy importantes de nuestro desarrollo. Más allá de la confrontación entre las diferentes fuerzas y los líderes políticos, está el futuro de las nuevas generaciones, de nuestros hijos, de nuestros nietos.

Debemos recuperar la confianza en nosotros mismos y entender que, si nos ponemos de acuerdo, superaríamos los niveles de exclusión que afectan a un sector importante de nuestra población, tendríamos una economía más prospera y viviríamos en una sociedad más segura y mejor educada.

Aspiremos a tener un país como el que deseó nuestro primer jefe de Estado, Juan Mora Fernández, hace 191 años: “Feliz por la paz, fuerte por la unión” y donde nuestros hijos “corten cada día una espiga más y lloren una lágrima menos”.

El autor es excandidato del Partido Liberación Naciona (PLN).