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La educación y sus retos

Actualizado el 14 de febrero de 2016 a las 12:00 am

El 25% de los graduados universitarios no están trabajando ensu área de estudio

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La educación y sus retos

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Nuestro modelo de educación tiene muchos años de no experimentar un cambio relevante en cuanto a calidad, competitividad, infraestructura, tecnología, cobertura y pertinencia, a pesar de un notable crecimiento de los recursos financieros que le dedica el Estado, los cuales superan el 7,6% del PIB, el equivalente a ¢2,3 billones. La más alta inversión en Latinoamérica y muy superior a la de muchos países desarrollados.

Mientras tanto, el mundo evoluciona aceleradamente y las exigencias de calidad son cada vez más estrictas. Sin embargo, solo el 9% de las carreras universitarias se han certificado ante el Sistema Nacional de Acreditación de la Educación Superior (Sinaes) y en la enseñanza primaria y secundaria no existe una institución similar o de evaluación de la calidad.

Los resultados de las pruebas PISA están muy por debajo de los registrados por países más avanzados. Tanto en matemáticas, como en lectura y competencia científica, la brecha entre la educación pública y la privada se sigue ampliando, lo cual genera graves problemas de desigualdad.

La enseñanza de un segundo idioma es casi exclusivo de los centros educativos privados. El rendimiento académico se ve cada vez más afectado por los problemas sociales, familiares, económicos, tecnológicos y de infraestructura; no obstante, los más acuciantes están relacionados con la falta de docentes calificados en matemáticas e inglés, mejores técnicas analíticas de estudio, capacidad de síntesis, material de apoyo en bibliotecas, conectividad y laboratorios.

Más del 62% del presupuesto del Ministerio de Educación Pública (MEP) se va en las planillas de 79.000 funcionarios, de los cuales 66.000 son docentes.

En la educación superior existe un desfase entre el perfil de los profesionales graduados y la demanda del mercado. Más de 50 universidades privadas y 5 públicas gradúan por encima de 43.000 profesionales todos los años.

El Banco Mundial firmó un préstamo de $200 millones para invertirlos en el mejoramiento de la educación superior pública y los resultados no son visibles todavía.

El presupuesto para la educación pública crece a pesar de que la población menor de 24 años decrece aceleradamente.

Nuestro modelo de desarrollo se transformó totalmente en los últimos veinte años. Los títulos otorgados por las universidades se han expandido en más de un 50% en los últimos diez. Hoy, la participación de las universidades privadas llega casi al 70% de la titulación. ¿Y qué ha sido de la calidad, la investigación y la pertenencia? Las ciencias sociales representan el 65% de la oferta universitaria, mientras el nuevo modelo de desarrollo exige profesionales bilingües, con énfasis en ciencias, matemáticas, tecnología e ingenierías.

El 25% de los graduados universitarios no están trabajando en su área de estudio y la tendencia es a aumentar.

La población con grado universitario ha crecido arriba de un 50% en los últimos quince años y la parauniversitaria, en un 24%. El 39% de los estudiantes matriculados en las universidades públicas pertenecen a familias de clase media y alta.

En las universidades públicas, los altos costos administrativos, los sindicatos y los grandes beneficios encarecen cada vez más su operación, capacidad de cambio y competitividad. La educación técnica de alta calidad y en tecnología está rezagada.

La evolución. La revolución tecnológica y el crecimiento de los servicios en nuestra economía, que ya significan más del 40% del PIB, nos reta a evolucionar o nos quedamos detenidos.

Ante la globalización y las nuevas tendencias políticas económicas, sociales y educativas, tenemos que generar mayor oferta de técnicos y profesionales de acuerdo con la demanda. La rapidez es clave para lograr cambios en nuestro modelo educativo.

El talento y la capacidad de innovar deberán estar siempre presentes en nuestra educación. Las circunstancias actuales nos exigen nuevas tecnologías y capacidades de los recursos humanos para competir.

Antes, nuestro modelo productivo dependía del sector agrícola e industrial. Hoy, los servicios toman gran protagonismo. El mejor ejemplo de este cambio es Intel, que trasladó su fabricación a Asia y contrató servicios de apoyo con mano de obra calificada para su operación en Costa Rica.

En nuestro país, los cambios en el campo de la educación han sido muy lentos. Gran parte de nuestro proceso de enseñanza se centra en el tiempo en el aula, se estandariza el conocimiento y el análisis y la reflexión se dejan para el hogar. Los exámenes evalúan comprensión y memoria, más no así la crítica y el análisis.

No hay correlación entre competencias y conocimientos. Nuestra educación se ha despersonalizado especialmente en primaria y secundaria. El MEP impulsa medidas estándar para sus 66.000 educadores, y son los burócratas administrativos los que validan la calidad de nuestros educandos.

No hay una institución calificada que acredite y valore la calidad, lleve a cabo la selección de los educadores y certifique el desempeño de cada centro educativo. La inamovilidad y la falta de incentivos a la excelencia afecta la competitividad. Las incapacidades en el MEP superan las 20.000 personas al año.

Lo cierto es que estamos atrapados en un sistema educativo donde los procedimientos burocráticos son muy lentos para las exigencias de la época.

Hoy, los jóvenes y niños están sujetos a múltiples estímulos y son activos, el conocimiento y las discusiones disponibles en la red se manifiestan en cualquier instante.

Esta población es bidireccional, es decir, la gente joven y la niñez se acostumbraron a interactuar, a responder y a recibir. Por último, cada vez están los jóvenes menos estandarizados, por lo que pueden investigar nuevos temas y profundizar sobre lo que les interesa en diferentes fuentes.

Nuestra educación es, en mucho, un sistema pasivo y unidireccional, donde el profesor habla y el alumno escucha, es decir, del profesor al alumno y, además, es rígido porque todos analizan el mismo tema y de la misma forma.

Los retos. No cabe duda de que el modelo centralizado y uniforme logró buenos resultados. ¿Estamos bien? ¿Necesitamos cambios? La oferta de profesionales y técnicos, ¿es la que requiere Costa Rica para crecer? ¿Cuál es el cambio que urge? ¿Somos competitivos? No cabe duda de que la comunicación bidireccional y la globalización nos exigen transformaciones importantes. Ya no opera la masificación, cada uno tiene su propio perfil.

Estamos ahora en el modelo individual y comunitario con el apoyo de la tecnología. La longevidad es una realidad. Por ello, debemos reconvertirnos cada década. Esto obliga a las universidades a la formación permanente de los adultos.

Después de graduarse en la universidad, la persona debe mantenerse en continuo cambio y mejoramiento. La vida útil se extenderá y la edad de retiro igual.

La revolución en la comunicación, las redes y las nubes nos darán nuevas oportunidades. Todos produciremos contenido para compartir y guiar. Nuestros hijos podrán investigar y formar opiniones.

Texto, imagen, audio y video cada vez serán mas accesibles. ¿Cuál será entonces el papel del educador? La educación deberá pasar de una entrega de textos a la formación de criterio, con un mundo abierto al conocimiento.

Es posible que a corto plazo lo importante sea que los niños y adultos sepan navegar e identificar lo importante.

En educación, ¿cuánto contenido debe ser digital? ¿Podremos sustituir las clases presenciales por sesiones vía Internet con gran posibilidad de interactuar?

Todo señala la importancia de que la educación se centre, ahora más que nunca, en crear nuevas habilidades: creatividad, emprendimiento, innovación, solidaridad y responsabilidad social y ambiental. El graduado deberá ser bilingüe, proactivo, tomador de decisiones, líder, capaz de trabajar en equipo, usuario de tecnologías y, ante todo, con capacidad para reinventarse.

Lo fundamental en el nuevo modelo educativo es adaptarse a nuevas realidades. Tenemos que tomar decisiones en la marcha. No se necesitan grandes estudios. No podemos seguir procesos iguales, si queremos resultados diferentes.

El autor es ingeniero.

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