Opinión

La educación que queremos

Actualizado el 12 de octubre de 2013 a las 12:00 am

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El Cuarto Informe del Estado de la Educación, presentado recientemente, pone al descubierto una verdad incómoda. Desde hace muchos años, estamos enterados de las falencias de la educación costarricense, presentes en los hogares de jóvenes colegiales que la sufren todos los años. No obstante, siempre se ha evadido el tema y se ha dirigido la atención a los bajos niveles de analfabetismo que posee Costa Rica, desde hace muchas décadas.

Lo lamentable es que la discusión, a partir de este excelente informe, se está decantando en buscar culpables y no en las soluciones. Los gremios se resguardan en la baja calidad de la formación que reciben los educadores, y las culpables siempre son las universidades privadas. Las universidades públicas guardan silencio y no asumen la gran responsabilidad que tienen en la formación profesional nacional, no solo en la carrera docente, sino en la mayoría de las carreras.

Como botones de muestra de la calidad de los profesionales graduados, tenemos algunos casos: ingenieros civiles que no logran reparar una platina que ha hecho de Costa Rica el hazmerreír de todos los enterados en el mundo. Los economistas no superan el análisis de “quizás sube, baja o se mantiene” de los indicadores, sin hacer aportes sustanciales en el devenir de la economía. Los médicos han perdido el sentido de su postulado y están inmersos en malas praxis y corrupción, en todo nivel. De los abogados y otros profesionales ni siquiera hay que hablar ,porque podemos seguir y darnos cuenta de que la educación superior es un desastre, y no solo en las universidades privadas.

Norte indefinido. Al final, el problema es que no hemos definido la sociedad que queremos. Esto determinaría la educación que necesitamos. Por ahora, nuestros jóvenes son educados para seguir estudiando ad infinítum, pues no tienen salidas laborales viables. El mercado pide operarios que muy pocas instituciones forman. El Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) ya no da abasto y, en los últimos años, está contribuyendo más en la formación de técnicos de servicios para call center que para otras carreras técnicas.

Esta economía (llamada equivocadamente “de servicios”) es dependiente de la capacidad manufacturera de otros países, de ahí que periódicamente entra en crisis. La formación se orienta a una economía que es más de servidumbre que se servicios.

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A los educadores de secundaria, ante su insolvencia profesional, no le queda más que traumatizar a sus educandos, principalmente los profesores de matemáticas, ciencias y de inglés, que tienen a generaciones completas odiándolos pues les arruinaron la vida al no darles competencias para superar una prueba nacional que tiene como fin controlar el estándar de conocimientos mínimos y no en evaluar, anualmente, el estado de la educación. Estos educadores dejan a los menores sin opciones laborales ni a un puesto de salario mínimo del sector público.

El desafío es nacional y nos involucra a todos. Busquemos soluciones porque si es de culpables, todos debemos poner las barbas en remojo. En febrero del 2014 tenemos la oportunidad de cambiar el rumbo del país, de elegir, al menos por cuatro años, la Costa Rica que queremos.

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