Inquieta que la mayoría de títulos universitarios sean en ciencias sociales

 4 abril, 2016

La pregunta no es cuántos trabajos se perderán con la cuarta Revolución Industrial, sino más bien cuántos trabajos se van a crear. De hecho, lo más pertinente sería preguntarse qué es lo que debe hacerse para aprovechar los nuevos empleos que esta época ofrece.

No es la primera vez que esto ocurre. Ya en 1870, con el ascenso de las máquinas durante la primera Revolución Industrial se observó que la cantidad de empleos generados fue mayor a los perdidos. Lo mismo sucedió con la incorporación de la producción en serie durante la segunda revolución o la utilización de las computadoras y las tecnologías digitales en la tercera.

Sin embargo, todas las revoluciones industriales han tenido algunos aspectos en común: los trabajos laboriosos, monótonos y de escaso valor agregado son los primeros en ser sustituidos por máquinas; la mayoría de los nuevos empleos requirieron mayor grado de educación y especialización; el aumento en la eficiencia y productividad produjo mayores ingresos, consecuentemente, nuevas demandas de productos y servicios así como creación de nuevos empleos.

La variante más sobresaliente de esta revolución 4.0 es que ahora las máquinas son más inteligentes y además se comunican entre ellas. El mundo biológico se está fusionando con el digital y el mecánico.

Es previsible, por tanto, que muchos puestos de trabajo en manufactura, agricultura, servicios básicos así como procesos administrativos y burocráticos sean sustituidos por robots inteligentes o procesos automatizados.

Por otro lado, se creará una diversidad de empleos en campos relacionados con la tecnología, la salud y los servicios especializados. Habrá mayor necesidad de profesionales con conocimientos en análisis de datos, computación e ingeniería.

Áreas como la bioquímica, nanotecnología, robótica y nuevos materiales serán particularmente estratégicas. Por tanto, para aprovechar las nuevas oportunidades que esta nueva Revolución Industrial ofrece, será fundamental un sistema educativo que provea sólidas bases en matemáticas, ciencias e ingeniería.

Además, será primordial la formación de habilidades blandas, igualmente esenciales en el mundo de hoy, que incluyen la capacidad de comunicación, pensamiento analítico, trabajo en equipo, resolución de problemas, resiliencia, manejo de conflictos y dominio de idiomas.

Situación del país. Ante este panorama, es alarmante que en Costa Rica la mitad de los jóvenes entre los 16 y los 35 años no posean estudios universitarios y que una gran parte se desempeñe en ocupaciones básicas, propensas a ser automatizadas próximamente.

Asimismo, inquieta que la mayoría de títulos universitarios sean en ciencias sociales con oportunidades laborales inciertas, mientras que solamente un 15% de los profesionales tienen formación en áreas estratégicas relacionadas con la ciencia y la tecnología.

La pregunta que naturalmente surge es: ¿Cómo va a enfrentar el país la próxima Revolución Industrial en estas condiciones?

La atención de esta situación debería ser absolutamente prioritaria.

Al respecto, será fundamental fortalecer la lucha contra la deserción estudiantil, valorando incluso la declaración de la educación secundaria como obligatoria. Asimismo, se deberían establecer sistemas de orientación vocacional temprana; mejorar la enseñanza de la matemática; fortalecer la educación técnica y la formación dual.

Las universidades deberían redefinir el número de cupos asignados a las diferentes carreras, considerando cierres o apertura de carreras y especializaciones, según las necesidades actuales.

Es urgente que el país se prepare para lo inevitable. La revolución 4.0 ya está en camino.

El autor fue viceministro de Ciencia y Tecnología.