Opinión

Un edificio digno para el Congreso

Actualizado el 25 de febrero de 2016 a las 12:00 am

Los diputados laboran en estado de hacinamiento y entre plagas y comején

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Un edificio digno para el Congreso

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El estado deplorable de los antiguos edificios que componen la Asamblea Legislativa proyecta una imagen de desvalor que transmite un mensaje de decadente democracia.

Esto atenta contra la seguridad y la salud de visitas y funcionarios legislativos que laboran en hacinamiento, entre plagas y comején, lo cual obstaculiza la eficiencia y la calidad de su gestión.

La endeble estructura nos expone a un evento que, incluso, podría acabar con vidas humanas. Ante esta realidad, hemos despilfarrado recursos financieros en remiendos que no resuelven el pésimo estado de las edificaciones.

Aunado a esto, la Asamblea alquila alrededor de 10 edificios, lo cual representa un costo altísimo para el presupuesto legislativo y produce ineficiencia en las labores que este órgano debe desempeñar.

Lenguaje arquitectónico. Por otra parte, la arquitectura es un lenguaje artístico que se manifiesta en los espacios, desde los cuales se reflejan el espíritu de una sociedad, su historia y la visión que tengamos del futuro. Las formas encarnan significados y funciones dentro de un ambiente determinado.

La Asamblea Legislativa es emblemática en nuestra centenaria democracia, lo cual debe expresarse con la dignidad de la tarea que le es encomendada y mediante un patrimonio nacional para nuestras futuras generaciones. Tal edificación debe simbolizar, de manera honrosa, la solidez de nuestra vigorosa democracia y nuestros valores cívicos profundamente arraigados, los que no hemos de traicionar con representaciones decrépitas.

Mediante el arte de las formas arquitectónicas, debemos revelar una Costa Rica empeñada en el progreso y el desarrollo. Tal como dijo Mies van der Rohe: “Jamás he cedido, pues siempre he creído que la arquitectura no debe guiarse por la invención de formas inéditas ni por gustos individuales. La arquitectura para mí es un arte objetivo y debe regirse por el espíritu de la época en que se desarrolla”.

Con esta visión, el Directorio legislativo 2014-2015 –del cual formé parte– consolidó el financiamiento de un nuevo edificio, mediante un fideicomiso con el Banco de Costa Rica, para dar “la primer palada” que no solo removiera la tierra, sino también la mentalidad colectiva: esa que confunde la austeridad con la fealdad, y resta importancia al valor de la belleza que debe aportar una edificación emblemática, en el entorno urbano de la ciudad capitalina, más en un centro democrático que nos pertenece a todos.

A cambio, debemos proyectar una imagen institucional de autoridad del pueblo y conseguir, mediante formas, que la sociedad se empodere de su soberanía y se reconozca con sentimiento de pertenencia e identidad colectiva.

Como vicepresidente de la Asamblea Legislativa, me propongo superar los tropiezos con los que topamos quienes queremos cambiar la ciudad y su percepción. Junto con el Directorio legislativo actual, pondremos, a más tardar a finales de marzo, la primera piedra que encarnará el inicio de un proyecto que trasciende al Poder Legislativo y nos dirige hacia uno que nos engrandece como nación.

Nuevo edificio. Con ímpetu, reclamamos la necesidad de un edificio seguro, que se adecúe a las exigencias de los tiempos, que posibilite una tecnología de punta para la utilización de sistemas de votación electrónica, que permita mayor transparencia y participación de la ciudadanía en la toma de decisiones de los diputados que les representan. Urgimos una infraestructura que provoque la admiración ante el mundo y se constituya, además, en un eje de promoción turística.

He planteado también al presidente de la República retomar la idea de la construcción de un centro cívico nacional, propuesto en la década de 1970 por Eduardo Jenkins, donde se concentren los poderes Ejecutivo y Legislativo en las inmediaciones del Parque Nacional y estos se entrelacen, a la vez, con la emblemática Plaza de la Democracia, creando un hábitat histórico, de un ágil acceso, que permita reconocer a los ciudadanos su condición de cogobernantes.

Los costarricenses merecen una sede eficiente, transparente y moderna.

El autor es vicepresidente de la Asamblea Legislativa.

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