Opinión

Entre economía y política, un grito por el sentido de la vida

Actualizado el 22 de enero de 2014 a las 12:00 am

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Entre economía y política, un grito por el sentido de la vida

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El producto interno bruto (PIB) es el foco central del análisis económico y la política económica. Sin embargo, pregunten a los economistas qué sentido tiene ese concepto o indicador para la vida, y lo último que podrán responder, después de una cadena de preguntas, es que se trata de un instrumento abstracto, una especie de machete romo o embotado. Se requiere otro instrumento para limarlo y darle filo.

He dicho y reiterado lo anterior desde mi perspectiva de economista, pero, más que eso, es un “grito” de cualquier ser humano que piensa. Y lo describió de modo incomparable el pintor noruego Edvard Munch en la obra más cara vendida en la historia ($100 millones). En ella, el artista se presenta a sí mismo mediante brillantes trazos existenciales, aparte de sus acompañantes, en un puente sobre el río Akerselva (1883): “Estaba caminando por la carretera con dos amigos. El sol se ponía, sentí como un soplo de melancolía. El cielo de repente se volvió de un rojo sangre. Me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio. Sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad. Mis amigos continuaron y yo me quedé atrás temblando de ansiedad. Sentí un grito interminable que atravesaba la naturaleza”.

José Miguel Viñas y Nieves Concostrina aseguran que Munch fue inspirado por la explosión del volcán Krakatoa, de Perú, precisamente en 1883. Otros sostienen que la famosa obra El grito de ese pintor se deriva de una momia de Chachapoyas que Pierre Vidal-Seneze llevó a Francia y vendió al Ministerio de Educación; aquí fue vista y pintada por Paul Gaugin varias veces, estimulando la imaginción de Munch.

Yo me voy por otro lado: El grito resume el estado actual de la política costarricense, y lleva implícita una posible solución que esbozo en seguida.

Candidaturas. Las candidaturas de Villalta, Araya, Guevara, Solís y Piza –en ese orden de votación proyectada– son un verdadero espanto para la sociedad costarricense, que lanza un grito de horror, “cruzando la historia nacional entera”. ¿La solución realista? Que Araya no alcance el 40% y Solís se una a Villalta en una segunda ronda. Sin embargo, la conciencia me obliga a reconocer, como Martin Heidegger, que lo gravísimo de nuestra época es que los costarricenses todavía no pensamos: tenemos ante nosotros esa posibilidad, mas no puedo afirmar que sea probable.

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Y mis instintos de economista me atropellan con la siguiente duda: ese resultado refleja consideraciones de corto plazo, pero ¿qué nos queda en el camino a medio y largo plazos?

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