Opinión

¿Un ecologismo mal entendido?

Actualizado el 20 de febrero de 2014 a las 12:00 am

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¿Un ecologismo mal entendido?

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El pasado 4 de febrero, en el editorial de La Nación intitulado “Creciente deuda ecológica”, el editorialista comenta acertadamente cómo los patrones de consumo y producción de Costa Rica superan la capacidad de nuestra naturaleza de satisfacer sostenidamente nuestro modelo de desarrollo. Como costarricense conciente del reto de la sostenibilidad, no puedo más que reconocer lo acertado de este editorial como lo han sido otros de este diario en temas ambientales. Sin embargo, no puedo pasar por alto una afirmación hecha en el citado editorial ya que puede inducir a los lectores a un error.

En esta publicación, textualmente se afirma: “El ICE, por su parte, podría concentrar su atención en el desarrollo de grandes proyectos geotérmicos, pero un ecologismo malentendido les impide el acceso a las abundantes fuentes de energía enclavadas en los parques nacionales”. Se induce al error a los lectores ya que el editorialista considera, sin fundamento y en obvio desconocimiento del tema, que quienes nos oponemos a la geotermia en los parques nacionales lo hacemos como producto de posiciones dogmáticas rígidas o fundamentalismos extremos que se desvían de la visión de lo que debe ser el balance entre la conservación y el desarrollo, eso que él asiente como ecologismo mal entendido.

Nos oponemos a la apertura de los parques nacionales a la geotermia porque, sencillamente, hay opciones viables que deben desarrollarse antes de entrar a estas zonas protegidas. Las implicaciones de esta iniciativa, como segregaciones, cambios de linderos y construcción de obras industriales (geotermia) son sumamente serias y no creemos que un Gobierno que les ha dado la espalda a los parques nacionales tenga, de un momento a otro, la capacidad y la voluntad de llevar una apertura como la que se propone.

Realidad. En Costa Rica, según la información suministrada por el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), existe un potencial no explotado de 865 MW para el desarrollo de proyectos geotérmicos. Pero de este potencial, la mitad se encuentran en parques nacionales, y la otra en sus alrededores. Así que no es correcto que, si no se explota ya el potencial geotérmico cautivo en los parques nacionales, seguiremos dependiendo del uso de caros combustibles fósiles para satisfacer plenamente la demanda de energía.

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Más bien, existe un potencial cercano a los 400 MW fuera de los parques nacionales que pueden ser explotados inmediatamente y se evitaría una inconveniente apertura y el precedente para que, luego, justifiquemos carreteras, hidroelectricidad, tendidos eléctricos e infraestructura hotelera en estas zonas protegidas.

Si en 25 años de avance geotérmico en el país solamente hemos desarrollado una capacidad instalada de 200 MW en geotermia, no veo por qué ahora tenemos que agredir la integridad ecológica de nuestros parques nacionales. Por lo tanto, en el futuro, debemos seguir desarrollando obras para utilizar esos 400MW fuera de ellos.

Esta afirmación de un “ecologismo malentendido”, demuestra un desconocimiento del fundamento de nuestra oposición que acentúa la errónea impresión, bastante generalizada, de que todos aquellos que trabajamos por la defensa y el buen manejo de nuestro capital natural somos fundamentalistas, irracionales y extremistas, y que nos oponemos inquebrantablemente al desarrollo del país. Todo lo contrario: somos profesionales en el medio a quienes nos preocupan las futuras implicaciones del desarrollo insostenible de nuestro modelo económico, como se explica en detalle en el citado editorial sobre el que hoy comento.

Rincón de la Vieja. En concreto, el Gobierno presentó un proyecto (N.o 17.680) en la Asamblea Legislativa para cambiar la Ley de Parques Nacionales y permitir la explotación geotérmica en el Parque Nacional Rincón de la Vieja. En este proyecto se propone segregar mil hectáreas del parque para el desarrollo geotérmico en el sector de Pailas y Santa María, donde se desarrolla del 90% del turismo que visita el área protegida.

Se indica que esta área se repondrá con otra de igual valor ecológico. Pero lo cierto es que fuera de este parque no hay áreas ecológicamente iguales que se puedan agregar como parte de la reposición planteada. Adicionalmente, este sector es vital para el turismo y genera beneficios socioeconómicos a los cantones aledaños.

Esta segregación mataría el turismo en el parque nacional más visitado de Guanacaste, que atrae a 45.000 turistas y genera $23 millones (Cinpe-UNA 2009).

Si en realidad existen 400 MW de potencial geotérmico fuera de los parques nacionales, deberíamos desarrollarlos inmediatamente, aunque el costo sea un poco mayor y así estableceríamos un esquema de trabajo por los próximos años que vendría a balancear de mejor manera la agenda del desarrollo de energías renovables con la agenda de la conservación de nuestro patrimonio natural.

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Desde la creación de los parques nacionales, su fin fue la conservación de la biodiversidad, la investigación científica y el uso y disfrute de ellos a través del turismo; pero dan mucho más que eso: valores y beneficios directos que generan bienestar económico y social, nacional y regional. Nos dan belleza escénica, fauna y flora para el turismo, agua para la agricultura, ciudades, hidroelectricidad, servicios de fijación de carbono para la mitigación y adaptación al cambio climático y son sitios que minimizan nuestra vulnerabilidad a los desastres naturales.

El aporte económico total de los parques nacionales a la economía nacional es de $1.357 millones (Cinpe-UNA 2009); por lo tanto, no son áreas improductivas sino todo lo contrario: contribuyen directamente al crecimiento económico, a una distribución de beneficios más equitativamente y son motores del desarrollo rural.

Debido a todo lo anterior, señor editorialista, nos oponemos al mencionado proyecto de ley, y no por un “ecologismo mal entendido”.

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