Opinión

La donación de órganos

Actualizado el 27 de junio de 2013 a las 12:00 am

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La donación de órganos

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Desde 1976, cuando se hicieron los dos primeros trasplantes en el Seguro Social de Costa Rica, se ha tenido conciencia de la necesidad de atender la demanda de más y más pacientes con insuficiencia renal crónica en estadios terminales.

El trasplante es la opción que más capacidad de rehabilitación ofrece al paciente, en algunos cercana al 100%. Es la única que permite la recuperación de la salud social, emocional y biológica del paciente, la salud emocional y económica de la familia y el potencial de crecimiento de sus hijos. También es la opción menos costosa para el país, pues permite la reinserción del afectado en la vida productiva.

La donación de fuente cadavérica no es suficiente para mantener un programa constante de trasplante en nuestro país. Las medidas precautorias de accidentes de tránsito y los programas de educación forzada establecidos por la ley disminuyen el número de fallecidos en accidentes de tránsito, por gran fortuna. Pero quienes fallecen en esas circunstancias, quedan destrozados y no es posible tomar sus órganos para trasplante. Otros accidentes que dejan a la persona en muerte neurológica, como las caídas, heridas accidentales o provocadas, etc., son menos frecuentes.

Enfermedades como los accidentes vasculares cerebrales hemorrágicos (derrames en el argot popular), se han remontado como fuente de provisión de órganos de origen cadavérico, dada la relativa disminución de muertes por accidente. La persona en estado de muerte neurológica, diagnosticado así y corroborado a las doce horas de observación por un neurólogo o un neurocirujano no relacionado con los grupos de trasplante, es un cadáver en preservación para obtener órganos, según la ley vigente.

Los órganos provenientes de fuente cadavérica son insuficientes para suplir las necesidades del programa de trasplantes de la CCSS. Para los programas de trasplante de riñones de los hospitales Calderón Guardia, San Juan de Dios, Nacional de Niños y México, que están bien establecidos y estructurados, con experiencia de más de 25 años de actividad constante y que al momento sobrepasan los 2000 procedimientos realizados, con una tasa de alrededor de 130 trasplantes al año, la fuente de donación cadavérica no basta.

Las enfermedades sistémicas, como diabetes, hipertensión arterial, lupus eritematoso, enfermedades virales como la hepatitis B y C, mieloma y otros males oncológicos, como el cáncer de próstata y obstrucciones de la vía urinaria, enfermedades primarias del riñón como glomerulonefritis de variado tipo, nefropatías túbulo intersticiales, lesiones renales como secuelas de malformaciones urológicas, enfermedades ambientales nuevas en período de reconocimiento científico, etc. son causa de insuficiencia renal, y la población más afectada son hombres en una relación aproximada de 2 a 1 y en periodos de vida productiva, alrededor de los 40 años.

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Este panorama de salud es atendido por un grupo de nefrólogos, superespecialistas de la medicina interna, que llegamos escasamente a 20 en el país y vemos a una población que conservadoramente se estima en 500 casos nuevos por año.

Si todos los pacientes que deben trasplantarse el riñón vinieran a la siguiente consulta médica, después de explicarles su situación clínica, el pronóstico y la necesidad de trasplante, con un donador vivo, familiar consanguíneo o político, probablemente estaríamos al día con las exigencias de nuestra sociedad. Esta no es la realidad ni siquiera cercana. Muchos pacientes no tienen donador renal, por muchas razones que no es el caso explicar, pero se resumen en casos de enfermedades hereditarias, con tendencia genética a sufrirlas otros familiares o porque deciden no donar.

Estos pacientes necesitan órganos de fuente cadavérica o bien de donador vivo no familiar consanguíneo o político. No tienen donadores hermanos, padres, primos o cónyuge o cuñados y es necesario recurrir a amigos, compañeros o a donadores samaritanos. Esto lo permite la evolución de la medicina de trasplantes, ya que el conocimiento de los controles del sistema de defensa del organismo y su modulación mediante muy variados y modernos inmunosupresores, ha crecido en forma rápida y eficiente, lo cual nos permite trabajar sobre la barrera de identidad del organismo con modificaciones específicas de su sistema de defensas.

En nuestro país, estos procedimientos realizados en los hospitales de la CCSS son estudiados siguiendo un protocolo con el médico nefrólogo, la trabajadora social y profesionales en psiquiatría o psicología clínica, para instruir y educar hasta lo necesario, insistiendo en que no puede mediar beneficio material para realizar el trasplante. Posteriormente, la situación es analizada durante las sesiones de los grupos de trasplante, que incluyen, además, a los cirujanos.

Recién acabo de conocer un caso, trasplantado por médicos del grupo que dirigí por 30 años, en el cual a pesar de todas las medidas anotadas, más la certificación de un notario de la declaración bajo juramento del receptor y el donador sobre la inexistencia de pago, en realidad ambos habían convenido el negocio a nuestras espaldas. Es imposible evitar esta situación cuando el receptor, enfermo grave, tiene el medio para comprar un órgano y el donador es seducido por la recompensa. Es la lucha por sobrevivir.

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Hemos tenido muchos donadores vivos no relacionados consanguíneos que voluntariamente han dado un riñón a uno de nuestros pacientes, sin ningún otro interés que el de ayudar al necesitado. Las iglesias cristianas, no católicas, por la cercanía de sus pastores con la feligresía, han sido un bastión importante del convencimiento de personas para ayudar a otros, sin saber a quién se ayuda.

Son personas estudiadas, en igual condición que cualquier otra en cuanto a su salud, pronósticos de vida y posibilidades de compartir un tejido u órgano con el receptor. Cuando este donador ofrece un riñón, sin conocer al receptor, lo denominamos donador samaritano, término acuñado por los norteamericanos.

Tengo temor de que a la luz de las noticias actuales, los diputados se vean influidos al discutir la nueva Ley general de trasplante de órganos y tejidos y tomen decisiones erróneas en cuanto a los donadores vivos no relacionados con el receptor. La decisión errada sería prohibir esas donaciones. Deben participar en esta discusión personas con conocimiento suficiente del tema, que los orienten. Es importante conocer la evolución de la actividad de trasplante en otros países, como Francia, Inglaterra, España, Estados Unidos, Brasil y Argentina. En varios de ellos, como Francia, evolucionaron de un programa inicial de trasplantes basados únicamente en la donación cadavérica a donadores vivos de todos los tipos.

Las listas de espera para trasplante de cadáveres en Estados Unidos y los países europeos llega a 7 años. Más del 50% de los pacientes fallecen en el camino y muchos de los que llegan ya no son trasplantables debido al deterioro de su salud.

Pido mucha cordura a nuestros diputados, que se informen muy bien, que reciban toda la cooperación sustentada por la experiencia y los estudios, para conseguir una ley buena, justa y que beneficie a quienes necesiten este procedimiento.

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