16 febrero, 2015

He escrito en un par de ocasiones, en esta misma página, sobre la vitalidad empresarial de don Yoyo, quien a sus 90 años emprendió, con gran éxito, la construcción de un beneficio para café de bajura, que le abriera perspectivas en el mercado a los sembradíos del Valle de El General, condenados a desaparecer según expertos internacionales.

Logró su objetivo y compartió su conocimiento, que se transformó en más de 30 beneficios de café que exportan hacia nuevos nichos de mercado. La última vez que lo visité, en agosto del año pasado, tenía 97 años. Lo encontré preparando almácigos de café resistente a la roya.

Don Yoyo se caracterizaba por su incansable energía, creatividad e iniciativa que mantuvo hasta la muerte, y se distinguía por su sentido solidario con otros productores y con los trabajadores. Era un ser humano de la generación de Rodrigo Facio, que sabía educar y trabajar en equipo. Entendía en su yo más profundo, que si las condiciones comunales y nacionales eran buenas, todos podríamos progresar mejor, principio básico de lo que hoy se llama capital social.

Conflicto por la tierra. Le tocó asumir la gerencia del Instituto de Tierras y Colonización (ITCO), a raíz de los conflictos agrarios de los setenta. Se habían agotado, por primera vez en la historia nacional, las llamadas “tierras baldías” y los campesinos se convertían en precaristas. Por otra parte, hubo una modernización muy grande de las bananeras, lo cual desplazó a cerca de la mitad de los trabajadores de las plantaciones, especialmente a los de mayor edad. La presión de estos grupos sobre la tierra se agudizó con el abandono de muchas fincas por parte de las bananeras. Estas eran una tentación para los sintierra, pero también para jerarcas gubernamentales interesados en comprarlas a precio muy bajo, aprovechando la coyuntura del finiquito adelantado del contrato de la United con el Estado.

Papel de defensor. Don Yoyo favoreció las negociaciones para comprar las tierras abandonadas para dárselas a los campesinos y obreros desplazados, e intervino activamente en los conflictos. Esta acción decidida le valió una confrontación en la junta directiva del ITCO, cuyos miembros pretendieron destituirlo por “hacerle el juego al comunismo”. Don Yoyo les dijo a los directivos que si querían podían hacerlo, pero no cedería, pues había sido nombrado para dar tierra a los que carecían de ella, no para facilitarles la cosa a quienes sí la tenían. Gracias a su entereza y honestidad, hoy existen múltiples asentamientos y cooperativas que generan alimento y riqueza a la población campesina en todo el país, especialmente en el Pacífico central y sur.

Coopesilencio. Producto de estas decisiones surgieron, entre otras, las primeras cooperativas de producción agrícola. Una de ellas, Coopesilencio, fue la primera experiencia con obreros agrícolas y campesinos. Hasta entonces, el ITCO solo aceptaba como beneficiarios a los campesinos y rechazaba a los obreros. Don Yoyo, abierto siempre a la innovación y colocando el interés público por encima de las normativas rígidas, decidió acoger el modelo cooperativo para funcionar como una gran empresa, aprovechando la disciplina de los obreros agrícolas. Clodomir Santos de Morais, de la OIT, le había vendido la idea, sobre la base de la experiencia hondureña, y don Yoyo organizó conjuntamente con el padre Armando Alfaro, del IMAS, y la Federación Nacional Campesina, con participación de habitantes de los asentamientos y funcionarios, el primer laboratorio organizacional en nuestro país, en febrero de 1973, en el que me tocó participar.

El modelo se puso en marcha, no sin generar rechazo entre el funcionariado del ITCO, acostumbrado a manejar los asentamientos campesinos “a su manera”, lo que a veces incluía que el gerente nombrado por la entidad manejara en su cuenta personal los recursos de los campesinos.

En una oportunidad las informaciones que los funcionarios hacían llegar a la gerencia del ITCO, sobre el supuesto mal manejo de los recursos por parte de los campesinos, eran tan graves, que don Teodoro me dijo: “Mire, doctor Sobrado, tengo información muy preocupante sobre la capacidad de gestión de los asociados y pienso que vamos a tener que intervenir y acabar con el modelo de autogestión”. Yo le respondí: “Si lo que me dice es cierto, pues tiene toda la razón, ya que usted es el responsable institucional, pero tengo otra información que difiere de la que le han hecho llegar. ¿Qué le parece si invitamos a los funcionarios locales y a la dirigencia de la cooperativa a su oficina y hacemos un careo?”. A don Yoyo le pareció buena la idea y se realizó el encuentro, al que asistieron Pablo Bejarano, Miguel Jiménez y Rómulo León, por la cooperativa, y los funcionarios del ITCO. La reunión fue un éxito para los cooperativistas, pues se cayeron todos los cargos que los funcionarios les habían hecho. Gracias a esta decisión justa y racional, hoy Coopesilencio cumple 42 años, existe una federación y un sector de autogestión en el movimiento cooperativo, aparte de otras decenas de cooperativas y parcelas.

Documental. Saludamos su memoria en su partida final. Aspectos multifacéticos y profundos de la vida de don Teodoro, que servirán de norte a las nuevas generaciones, espero que pronto podamos verlos de nuevo en canal 13, en el documental “Teodoro Quirós”, realizado por Mercedes Ramírez con una idea de Óscar Castillo.

El autor es sociólogo.