24 septiembre

Acogido a la buena voluntad de quienes son responsables de estas páginas de opinión, no dejo pasar la ocasión para recordar el natalicio del preclaro hijo de Costa Rica José Figueres Ferrer, o como le han dicho “el Don Pepe por antonomasia”.

Lo hago por un deber autoimpuesto y por la convicción que da la experiencia, de que la fecha pasaría –lamentablemente– prácticamente inadvertida. Grave cosa es que pueblos amantes de la libertad y la cultura no sean capaces de saltar sobre prejuicios y enconos de vieja data, para dar fe del valor insuperable de una buena memoria histórica, en el balance de la imparcialidad.

Porque pese a cuanto pueda recopilarse en meticulosa fruición, en contra de la trayectoria política de Figueres Ferrer y sus afanes progresistas, nadie podrá negar –en verdad y justicia– la enorme influencia positiva del pensamiento y la acción, plasmados en sus actividades públicas.

Hombre del siglo. Don Pepe fue señalado por este mismo diario La Nación, en su momento, como el “hombre del siglo”, algo que hizo patente que la verdad y la pertinencia de los hechos acaba por imponerse, ante los resentimientos, las intrigas y las descalificaciones oportunistas.

En la hora actual, en lo que atañe al futuro bienestar de Costa Rica, hay preocupantes realidades, malos augurios, sobre todo, en relación con la crisis fiscal y los problemas económicos, así como por el enrarecido ambiente de la Administración Pública y la dirección política, debido a la palpable quiebra de valores éticos y morales que amenaza a la sociedad en su conjunto.

Cuando la zozobra gana plaza ante el futuro dudoso y sombrío, se impone que los costarricenses recuerden a aquellos hombres y mujeres que por encima de banderías partidistas y dificultades fueron capaces de construir una sociedad libre, democrática, educada; en muchas ocasiones, ejemplo señero en el concierto internacional de naciones. Sin duda alguna, Don Pepe fue uno de ellos.

Evocar su pensamiento y visión de una Costa Rica más próspera, solidaria y equitativa, es tarea obligada.

El autor es periodista