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El docente que queremos

Actualizado el 27 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

Muchos educadores en servicio o en formación no alcanzan a tener los perfiles necesarios

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Un logro importante de nuestro sistema educativo es la renovación que ha venido realizando el Ministerio de Educación Pública (MEP) de los programas de estudio en preescolar, primaria y secundaria. En general, los nuevos programas tienen tres características importantes.

La primera de ellas es que apuntan a la promoción de habilidades claves en los estudiantes para potenciar al máximo sus capacidades; entre ellas destacan la comprensión lectora, la resolución de problemas, la indagación científica y la comunicación, mediante el dominio de un segundo idioma.

En segundo lugar, proponen cambios sustanciales en las dinámicas de aula con la aplicación de nuevos enfoques y estrategias de mediación pedagógicas orientadas a promover un mayor protagonismo y participación de los alumnos en el proceso de aprendizaje.

En tercer lugar, definen con claridad el perfil de los docentes (habilidades, destrezas y conocimientos) que se requieren para asegurar el éxito de las nuevas propuestas curriculares.

Problema de fondo. Estos avances que apuntan al mejoramiento de la calidad de la educación topan, sin embargo, con un problema de fondo: muchos educadores en servicio o en formación no alcanzan a tener los perfiles propuestos y el país no cuenta con una visión común sobre lo que debe ser la preparación de los docentes, como ocurre en los sistemas educativos de mayor calidad en el mundo.

Al contrario, persiste una gran diversidad de carreras de educación con distintos contenidos, enfoques, tiempos de graduación, número de créditos, calidades muy distintas y poco control, tal como lo refleja el bajo número de ellas que están acreditadas.

Asimismo, muchas carreras muestran un descalce importante entre el perfil de los docentes que están formando y el que el MEP requiere. Este es un dilema que urge resolver en los próximos años.

Pese a lo anterior, la aplicación de los nuevos programas de estudio del Ministerio abre una ventana de oportunidad para resolver este problema. A partir de los perfiles docentes propuestos, el Consejo Superior de Educación (CSE) está ahora en condiciones de establecer un conjunto de lineamientos de política educativa a escala nacional que contribuya a orientar mejor la formación de los educadores en las universidades públicas y privadas.

De esta manera, se atendería una vieja queja planteada por las mismas universidades, acerca de la falta de claridad del ente rector sobre el tipo de docente que necesita contratar y el país podría avanzar también en la definición de estándares mínimos de la calidad que deberían cumplir los futuros educadores.

Comparación. En el caso de los educadores en servicio, el CSE puede instruir al MEP para que desarrolle procesos que permitan determinar, con instrumentos de medición objetivos, cuán lejos o cerca están los perfiles actuales con respecto a los perfiles deseados, lo que generaría información precisa que facilite hacer los ajustes necesarios, mediante procesos sostenidos de capacitación continua y mecanismos de acompañamiento a los docentes en las aulas.

La definición de políticas docentes en América Latina y el Caribe es una materia sobre la cual la Unesco ha estado insistiendo mediante una estrategia regional. El objetivo es que los países comprometidos con la calidad de la educación construyan una visión común de la docencia, los sistemas de formación y el desarrollo profesional docente que permita mejorar sus conocimientos, competencias y prácticas. Esto con el fin de que su importante quehacer sea cada vez más pertinente en términos de necesidades de aprendizaje que hoy tienen nuestros estudiantes.

Países desarrollados como Finlandia, Australia y Singapur han dado buenos ejemplos sobre cómo transitar en este tipo de rutas, especialmente mostrando que para lograrlo el Estado tiene un rol fundamental e indelegable que es, además, clave para el ordenamiento del sistema.

En el marco de aplicación de los nuevos programas del MEP tenemos una oportunidad que no podemos dejar pasar, ni darnos el lujo de esperar diez años para lamentarnos porque no hicimos nada. En un contexto en el que nos urge acelerar logros, está claro que las autopsias no nos sirven.

Isabel Román es coordinadora de investigación del Informe Estado de la Educación elaborado por el Conare-PEN.

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