Opinión

¿Sobre qué se discute en la política costarricense?

Actualizado el 22 de junio de 2013 a las 12:01 am

¿Existe un debate público acerca de los temas más relevantes para nuestro país?

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La política trata de ideas y propuestas, pero también de intereses personales y sectarios de políticos y partidos. Es razonable esperar que lo primero sea lo preponderante en el enfrentamiento político, pero no siempre es así. ¿Qué sucede hoy en día en Costa Rica? ¿Existe un debate público acerca de los temas más relevantes para nuestro país?

Hay, por supuesto, temas importantes: la seguridad social, las pensiones, la educación pública, los derechos de las minorías, el déficit fiscal, la reforma tributaria, las concesiones de obras y servicios públicos, el ordenamiento territorial, la energía, las telecomunicaciones, la tutela y conservación ambiental, etc. Temas que pueden enmarcarse en discusiones más amplias sobre el estilo de desarrollo y la tutela del ambiente, o el crecimiento económico y el Estado social de derecho, o este último y la reforma del Estado.

No pareciera que estos temas animen las discusiones políticas, por lo menos no en la forma en que puedan dar lugar a un verdadero debate de ideas. Hay enfrentamientos que asumen la forma de denuncias y descalificaciones a partir de posiciones dogmáticas, pero que no permiten clarificar posiciones a partir de propuestas concretas.

Si tomamos un caso puntual como el de las pensiones, es difícil saber cuál es la posición de los partidos políticos, no digamos la de los candidatos y aspirantes a candidatos, y mucho menos cuáles son las propuestas concretas que tienen para salvar al régimen de pensiones de la Caja. Más aún, no sabemos si consideran que dicho régimen peligre y que haya que salvarlo.

Otro tanto sucede con la reforma tributaria. Aparte de la oposición dogmática que un partido político ha mantenido respecto de cualquier aumento de impuestos, los partidos políticos y sus dirigentes no se distinguen por la claridad de sus planteamientos en este tema ni sobre ningún otro de los señalados o que podrían traerse a colación.

En realidad, los partidos políticos y los políticos no van más allá de planteamientos generales sin precisar propuestas concretas.

Todos dicen estar a favor de la tutela del ambiente y, en principio, todos buscan preservar el estado de bienestar. Sin embargo, no sabemos qué entienden por lo uno o lo otro simplemente porque no discuten públicamente propuestas específicas que permitan a los ciudadanos distinguir entre diversas posiciones.

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Entonces, ¿de qué trata la política costarricense hoy en día? Parece que exclusivamente de intereses sectarios y personalistas. Los partidos y sus dirigentes se dedican a dirimir disputas fraccionales en un enfrentamiento por cuotas de poder, si no es que están dedicados a salir de algún atolladero provocado por denuncias sobre mal manejo de fondos públicos.

Pero no hay que llamarse a engaño y suponer que el problema reside en que no entienden la importancia de los temas que podrían tenerse como relevantes. En buena parte, la ausencia de debate público es producto de un silencio deliberado por parte de los políticos. Parten de la presunción de que, si se definen sobre algunos temas, se arriesgan a perder votos o apoyos importantes ante una campaña que se presenta difícil desde el punto de vista financiero. Electoralmente resulta más conveniente dar una imagen anodina, que no incomode a nadie o que incomode a la menor cantidad posible de personas.

El efecto inmediato más grave es una falta de transparencia en la política costarricense. Y, cuando falta transparencia, se dificulta, por decir lo menos, la rendición de cuentas. Con ello perdemos una de las grandes ventajas de la democracia como sistema en el cual periódicamente se renuevan los cargos públicos sujetos a elección popular: la posibilidad de confrontar las propuestas concretas formuladas en campaña con lo que se hace en el Gobierno para decidir si se cambia de partido y de gobernantes.

Pero a mediano y largo plazo hay otro efecto talvez más grave. Con esa renuncia a asumir posiciones claras y definidas sobre los temas más acuciantes para nuestro país, los partidos, sus dirigentes, candidatos y aspirantes a tales, han renunciado a cumplir un papel importante en una democracia: la de forjadores de corrientes de opinión con el objetivo de constituir mayorías que permitan gobernar con arreglo a un conjunto de propuestas acerca de los temas que definirán el presente y futuro de nuestro país.

La tan traída y llevada ingobernabilidad ¿no tendrá que ver en algo con esto?

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