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La diplomacia y la botella de ron

Actualizado el 27 de enero de 2014 a las 12:00 am

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La diplomacia y la botella de ron

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Alguien por ahí sugirió que los problemas entre Costa Rica y Nicaragua se resuelven en una mesa con una botella de ron. No recuerdo bien que la historia bilateral registre acuerdos relevantes alcanzados por esa vía, pero igual puedo estar equivocado. Quizá algún lector, con infinito mayor conocimiento de causa de los pintorescos entretelones diplomáticos de vieja data, lo recuerde.

No obstante, hoy no me concierne si existe historia sobre esa práctica, me concierne la sugerencia de su uso futuro. Pensar que las complejas relaciones políticas y jurídicas de nuestros países se resuelven con esa, o con cualquier otra práctica coctelera, solo sugiere que quienes proponen esa estrategia desconocen no solo casi 200 años de arraigadas diferencias, sino que ignoran el 1.1 del libreto diplomático al que un país pequeño, sin ejército, y con sólidas instituciones jurídicas, como las que tiene Costa Rica, debe echar mano para protegerse de los embates a los que, con desafortunada frecuencia, se enfrenta hoy día.

La historia más reciente muestra que el genuino deseo de normalizar relaciones con Nicaragua ha hecho que sea Costa Rica la que siempre deba emprender el peregrinaje a Managua para abrir vías de diálogo y buscar soluciones sencillas a problemas complejos. No es que la peregrinación sea incorrecta –con límites–; incluso, opino que habrá que seguir haciéndolo tanto y como sea necesario para lograr un entendimiento duradero. El problema yace en convencerse de que hay fórmulas o soluciones sencillas a esos problemas. No las hay.

Pregunta indispensable. En las circunstancias presentes, Costa Rica debe seriamente examinar si los interlocutores actuales nicaragüenses están suficientemente legitimados por instituciones democráticas sólidas como para que exista garantía de que cualquier asunto negociado de buena fe, y vinculante bajo el derecho internacional, resistirá el paso del tiempo. Esa es una pregunta indispensable con ocasión de un país donde el conflicto es una forma efectiva de gobierno, y donde los rápidos y llamativos cambios institucionales que ocurren allí deben examinarse con cuidado extremo. Si se concluye que, hoy por hoy, hay garantía de legitimidad, entonces lo que sigue es la forma y la estrategia del abordaje.

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Para los fanáticos del ron, el abordaje parece ser una tarea más sencilla. Es más sencillo porque genuinamente queremos creer que nos sincerarnos alrededor de una botella, y permitir que fluya la buena química entre líderes hace más fácil que tome lugar el apretón de manos que resolverá todo el asunto. No soy quien para juzgar si Costa Rica tendrá un líder con esa habilidad. Quizá exista. Lo que no veo sencillo es que, con el apretón de manos, se resuelvan asuntos que atañen a la esencia misma de la soberanía, la integridad territorial, los espacios marítimos, el valor de los instrumentos jurídicos, y la interpretación y aceptación de los fallos judiciales internacionales.

En términos precisos. El abordaje con Nicaragua requiere, primero, el genuino interés de aquel país de llegar a soluciones finales y duraderas con Costa Rica. Eso hace que el establecimiento de un mecanismo de diálogo se realice mediante una propuesta oficial, por escrito, como las ha hecho Costa Rica, y no por medio de encendidos discursos de plaza pública. Formalizada así la manifestación de voluntad para un diálogo, deben precisarse los términos de la negociación, su procedimiento, sus tiempos y sus objetivos. Toda negociación, para ser exitosa, debe tener el propósito de ganar-ganar. Si una de las partes llega con el objetivo de que la otra pierda, no existe negociación posible, y su ejercicio es completamente estéril. El llamado al diálogo con un objeto vano no cumple ninguna otra función que “patear el balde”, o abatir al adversario mediante una muerte por mil cortes.

Si la negociación se realiza de buena fe y se logra un acuerdo, entonces lo que sigue es promover la debida conciencia nacional, en ambos países, de su importancia y legitimidad, pues ello debe plasmarse en un instrumento internacional que deberá contar con el respaldo jurídico y político de cada Estado. Un país no puede convenir derechos y obligaciones con otro, si su sistema político e institucional no está preparado para respetarlo y hacerlo cumplir. Un país serio no puede hacerse eco de aquel estribillo “¡firmar me harás; cumplir, jamás!”.

Así las cosas, ya se ve cómo unos tragos quizá no sean suficientes para abordar temas de tal complejidad e importancia. Tampoco puede el país permanecer estático y permitir el paso del tiempo sin atender, con la seriedad y la importancia que demandan, temas trascendentales sobre su soberanía, sus derechos territoriales y marítimos, y la garantía de observancia del régimen jurídico que gobierna sus relaciones de frontera, particularmente luego de los hechos más recientes y las noticias del decidido fortalecimiento militar de Nicaragua.

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Costa Rica ha hecho un concienzudo examen de las circunstancias actuales y futuras, y estas aconsejan actuar echando mano a los mecanismos judiciales internacionales. Ojalá que las condiciones de nuestras relaciones cambien, y que llegue el día en que las diferencias se puedan arreglar con simples apretones de mano. Pero, hasta tanto ese día no llegue, es indispensable comprender que los asuntos con Nicaragua requieren una preparación y una atención especializada y rigorosa, distinta a la diplomacia del ron .

Una anécdota. Para concluir este examen sobre Costa Rica y los retos de su seguridad, deseo compartir esta anécdota. Por casi cuatro años negociamos con un grupo de profesionales nicaragüenses un acuerdo para la delimitación marítima. En una de las reuniones, Nicaragua hizo una propuesta que Costa Rica consideró aceptable, pues fijaba una delimitación de unos espacios marítimos de forma equitativa. Nuestros interlocutores se vieron muy sorprendidos tras la aceptación, y pidieron con angustia y urgencia que rechazáramos su propuesta, pues, de no hacerlo, en Managua serían severamente sancionados: “Es que ustedes no saben, pero nosotros no podemos proponer algo a Costa Rica que sea aceptable para ustedes”.

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