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“La diplomacia del avestruz”

Actualizado el 11 de agosto de 2013 a las 12:00 am

El castrochavismode Maduro protegidopor “la diplomaciadel avestruz”

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“La diplomacia del avestruz”

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La rabieta de Nicolás Maduro cuando el presidente de Colombia recibió a Henrique Capriles originó una actitud latinoamericana que el Economist retrató como “La diplomacia del avestruz” frente a la dictadura venezolana. El artículo decía que en una semana de junio se había programado la visita del líder opositor al Perú, “pero fue tal el pánico que la decisión (de recibirlo) produjo en el gobierno de Humala que el viaje fue postergado. Perú preside actualmente Unasur... (que) tuvo una reunión de emergencia en la víspera de la inauguración de Maduro para insistir en la auditoría del resultado de la elección. Pero, aunque la oposición insista en sostener que la auditoría parcial en curso es insuficiente, Unasur ha fallado en el seguimiento del caso”. (“Ostrich diplomacy”, 8-6-2013).

Pero no obstante su respetuoso aviso previo, su encuentro con Piñera, y el pedido de importantes líderes políticos, no pudo ver al presidente Humala ni a nadie que lo representara. “La diplomacia del avestruz” llevó a todo nuestro gabinete a Puno. Y cuando supieron que el venezolano decidió prolongar su estadía para poder hablar con el presidente de Unasur, se trasladaron a Arequipa. Muy gentil, nuestra Canciller lamentó no haber sabido (?) de la llegada del incómodo candidato, pero no atinó a invitarlo para que pudiera conocer al presidente y hablarle en nombre de más de la mitad de los venezolanos que votaron por él. Yo no conocía a Henrique Capriles. Me impresionó por la radiante transparencia, el coraje y la clase que demostró en su agotadora agenda limeña, especialmente con la prensa. Evidenció calidad en muchas entrevistas. Solo dudó por un momento frente a dos invitados de Raúl Vargas en RPP, cuando lo contradijeron sobre el alcance del seguimiento de Unasur a la decisión venezolana “de implementar una metodología que permita la auditoría del total de las mesas electorales”. No recordaron tampoco que en el punto 5 de la Declaración de Lima (se) “Acuerda la designación de una Comisión de Unasur para acompañar la investigación de los hechos violentos del 15 de abril de 2013”.

Sin supervisión internacional. ¿Alguien conoce los resultados del trabajo de esa comisión? ¿Ha sido siquiera constituida? No lo sabemos ni queremos saberlo. Como si aún estuviera en el Gobierno –y olvidando totalmente el caso ominoso de Paraguay–, el señor Roncagliolo explicó “la diplomacia del avestruz” a la corresponsal de El País (“Perú es el país más conservador de América Latina”, 28-7-2013): “Lo de Capriles me parece un tema secundario. Los países tenemos que sujetarnos a lo que digan los organismos electorales de cada país y Unasur hizo un llamado al diálogo y la tolerancia (...) ¿Hasta dónde puede llegar la comunidad internacional?, se preguntó. Y se contestó: Hasta donde los actores nacionales lo piden. ¿Lo piden o lo permiten?, le preguntaron. Lo piden. Lo piden. La comunidad internacional no puede imponerse. En este momento, por parte de Venezuela no hay interés en que haya un tipo de supervisión internacional. (...) Recibir a Capriles podría haber parecido que pertenecemos a un bloque al que no pertenecemos”. El castrochavismo de Maduro ha estado bien protegido por “la diplomacia del avestruz”, que es imperativo rectificar antes de entregar la presidencia de Unasur, y después de lo ocurrido con la excongresista nacionalista Nancy Obregón, formalmente procesada por narcoterrorismo. ¿O tampoco queremos recordar la intervención y el caudaloso apoyo de Hugo Chávez y las Casas de ALBA a las huestes cocaleras lideradas por Obregón y Malpartida?

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