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¿Cuánto dinero necesita para ser feliz?

Actualizado el 02 de abril de 2013 a las 12:00 am

Nos hemos vuelto esclavos del trabajo y del consumo

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Hace varios meses se publicó un estudio titulado “Wealth Sentiment Survey” (Encuesta sobre el sentimiento de riqueza). Para el estudio realizaron una encuesta en 13 países. Ante la pregunta: ¿Cuánto es el ingreso anual neto que usted necesita ganar para ser realmente feliz?, los ciudadanos de Dubái indicaron que requerían $276.000 (más altos), mientras los alemanes $85.000 (más bajos). El monto promedio para los 13 países rondaba $161.000 anuales.

De la encuesta además se desprendía que la necesidad de ingresos y el monto para calificar la riqueza en países  latinoamericanos y  asiáticos era mayor que la de sus pares europeos. ¿Somos más consumistas los latinoamericanos y asiáticos? ¿tenemos más necesidades por satisfacer para ser realmente felices? ¿Cuánto es el ingreso anual neto que usted necesita ganar para ser realmente feliz?

No hay que ser un genio para afirmar que la riqueza no compra ni garantiza la felicidad, sin embargo automáticamente se le asocia con el concepto de felicidad.

Cada quien da un significado distinto al concepto de felicidad; sin embargo, la felicidad en general está asociada con el ocio y con la libertad.

La persona feliz es aquella que dispone de tiempo y libertad para disfrutar su vida haciendo lo que más le gusta. Marx, en su teoría del materialismo histórico, señala: “El hombre, antes de que pueda dedicarse a ser libre y vivir su propia vida, tiene que asegurar los medios para su subsistencia física”. Sin duda la subsistencia física se garantiza mediante algún tipo de trabajo, o bien, que el hombre disponga de recursos que le permitan subsistir sin trabajar.

Desafortunadamente, el hombre, en el proceso de generar recursos para subsistir y luego ser libre, se ha vuelto esclavo del trabajo y del consumo, dejando de lado el ocio y la libertad. Para Eric Fromm “el hombre al construir el nuevo mecanismo industrial, se absorbió de tal modo en la nueva tarea que ésta se convirtió en la meta suprema de su vida... Dejó de usar la producción como un medio para vivir mejor y, por el contrario, la hipostasió en un fin en si misma, fin al cual quedó subordinada la vida”.  La educación nos prepara para producir y subsistir de acuerdo con ese patrón; desafortunadamente, ha dejado de lado el impulsar valores claves como la familia y la solidaridad, que deberían ser fundamentales para la sociedad, y se ha puesto del lado del mercado y de los medios para impulsar otros “valores” como el consumismo, la idolatría y el materialismo.

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Producto de esto, la mayor parte de la población global estudia y trabaja en cosas que no le realizan como persona, cada quien vende su capacidad física o una parte ínfima de su capacidad intelectual para un patrono que solo le interesa ese pequeño aporte, esto genera que la persona no tenga mayor interés en su trabajo que el salario que le permite vivir y satisfacer sus necesidades de consumo.

Según Fromm, ese patrón de insatisfacción con el trabajo y con la vida diaria va degenerando en seres sin alma, en autómatas enajenados: “El peligro del pasado estaba en que los hombres se convirtieran en esclavos, el peligro del futuro es que se conviertan en robots... Los robots no pueden vivir y permanecer cuerdos, se convierten en Golems, destruirán su mundo y a sí mismos porque no pueden resistir el tedio de una vida sin sentido”.

Probablemente, el gran dilema del hombre contemporáneo está en seguir el camino hacia el robotismo o iniciar su emancipación y un giro de valores hacia una vida más libre, más humana y bajo un nuevo pacto social.

El papel del Estado, de la educación y de los medios es primordial en cualquiera de los caminos, pero el primer paso es en nuestra familia y en nosotros mismos. “Hace miles de años se le dijo a una pequeña tribu: puse ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y elegiste la vida. Esa es también nuestra elección”.

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