Opinión

El dilema de Putin

Actualizado el 22 de agosto de 2014 a las 12:00 am

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El dilema de Putin

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PARÍS – Muchos críticos sostienen que las sanciones impuestas a Rusia por sus acciones en Ucrania no son efectivas, por ser demasiado limitadas en escala y alcance. Es más, se cree que las sanciones le permiten al presidente Vladimir Putin culpar a Occidente por los problemas internos de Rusia. De hecho, algunos de los seguidores de Putin dentro de Rusia reciben con beneplácito las sanciones por considerarlas un medio para forzar la autarquía rusa y, así, la independencia estratégica de Occidente.

Estos argumentos son erróneos. Si bien las sanciones no están respaldadas por China, ya están teniendo un efecto poderoso, y la expectativa de que se ajusten aún más es una gran preocupación para los inversores y el Gobierno ruso. Una autarquía plena, mientras tanto, implicaría una caída drástica de los niveles de vida rusos, los cimientos del respaldo interno de Putin.

Las últimas sanciones no tienen precedentes. La Unión Europea (UE) fue aún más allá que Estados Unidos. La exposición a los mercados rusos varía marcadamente entre los países de la UE, y entre la UE y Estados Unidos. Pero, después del derribo del vuelo 17 de Malaysia Airlines, Rusia ya no puede defender una estrategia de “divide y reinarás” que apalanque esas diferencias.

Tanto la UE como Estados Unidos han sancionado a las máximas autoridades de Rusia y a los principales bancos y compañías del país. La lista de la UE incluye a todos los principales bancos estatales (los más grandes del país). Más importante aún, la UE agregó a Sberbank, un pilar del sistema financiero de Rusia, con activos que totalizan casi el 30% del PIB ruso y aproximadamente la mitad de todos los depósitos minoristas rusos.

En la actualidad, las sanciones solo limitan el acceso de Sberbank a los mercados de capital europeos. En el futuro inmediato, Sberbank y otros bancos sancionados podrán reemplazar fondos europeos con liquidez proporcionada por el Banco Central de Rusia (BCR) o fuentes asiáticas. Pero el hecho de que Sberbank esté en la lista ha creado una enorme ansiedad para todos los inversores extranjeros en Rusia.

Tienen razón de estar preocupados. El sistema financiero de Rusia es sumamente vulnerable. La deuda externa total del sector bancario es de $214.000 millones, de los cuales $107.000 millones tienen vencimiento de aquí a un año (y $129.000 millones, en el lapso de dos años). La deuda externa de compañías no financieras totaliza $432.000 millones, de los cuales $128.000 millones vencen en el lapso de un año (y $175.000 millones, en dos). Estos son números importantes inclusive para Rusia, con sus reservas de moneda extranjera de $480.000 millones.

De la misma manera, si bien la prohibición que pesa sobre las exportaciones a Rusia de tecnología para el sector del petróleo y del gas no tiene implicaciones inmediatas para la economía rusa, en el curso de los próximos años, Rusia deberá utilizar tecnología occidental para desarrollar nuevos campos petroleros. De lo contrario, su producción petrolera se estancará o inclusive decaerá, afectando considerablemente al rublo y a los niveles de vida.

Los mercados financieros y el Gobierno de Rusia entienden la gravedad de los riesgos a medio plazo. Para evitar la depreciación del rublo y la presión inflacionaria, el BCR aumentó su tasa de interés de referencia a 8% (comparado con 5,5% antes de la crisis de Crimea). Pero tal vez esto no sea suficiente, considerando que las “contrasanciones” introducidas recientemente por Rusia –un embargo de las importaciones de alimentos de la UE y de Estados Unidos– contribuirá significativamente al aumento de precios.

Desde enero, las acciones rusas han perdido 16% de su valor en el índice MSCI, después de que ya se comercializaban con un descuento del 50% en el 2013, mientras que las acciones brasileñas y turcas crecieron un 13% y un 27%, respectivamente. Ahora que el MSCI está en condiciones de ofrecer a los inversores índices de mercados emergentes que excluyen a Rusia, una venta masiva de acciones rusas por parte de los fondos índices hará bajar aún más los precios. Por cierto, se espera que la salida de capital neto crezca de $60.000 millones en el 2013 a, por lo menos, $100.000 millones este año, aunque también existen estimaciones que llegan a los $200.000 millones.

Una consecuencia de todo esto es que el Gobierno ya no puede hacer cuadrar las cuentas y ha empezado a discutir recortes del gasto y nuevos impuestos, en especial un impuesto a las ventas. En los últimos diez años prevaleció el interrogante sobre si mantener el impuesto al valor agregado del 18% que existe actualmente o reemplazarlo por un impuesto a las ventas. Ahora, el debate es si no sería necesario introducir un impuesto a las ventas, además del IVA, o aumentar la tasa del IVA.

Por otra parte, el ministro de Finanzas, Anton Siluanov, ha dicho que el Gobierno debe usar los aportes de pensiones de este año para proyectos en Crimea, mientras que algunas obras de construcción de autopistas se han pospuesto indefinidamente. El Gobierno ahora dice que expropiará también los aportes de pensiones del año próximo (el viceministro de Desarrollo Económico, Sergei Belyakov, fue despedido después de disculparse públicamente por la medida). En una carta que se filtró a la prensa, el viceprimer ministro, Arkady Dvorkovich, explícitamente reconoció ante el primer ministro, Dmitri Medvedev, la imposibilidad de cumplir las promesas de gasto de Putin, y propuso una revisión radical de los planes fiscales actuales.

Aparentemente, el miedo de que surjan problemas económicos aún más serios –por ejemplo, una mayor fuga de capital cuando se aumenten los impuestos– ha descartado una invasión abierta del este de Ucrania. Los líderes rusos parecen entender que, a pesar del creciente respaldo a la “autosuficiencia”, la autarquía nunca le dio buenos resultados a Rusia. Inclusive en la era de Stalin –cuando la economía era mucho más cerrada que en los tiempos zaristas–, la industrialización requirió la importación de capital y conocimiento occidental.

Más importante aún: la popularidad de Putin descansa en niveles de vida históricamente altos. El consumo anual de los hogares hoy es el doble del nivel alcanzado en los últimos días de la Unión Soviética. El crecimiento del consumo ha sido impulsado en gran medida por la integración de Rusia a la economía global, y no puede sostenerse sin ella.

La última generación de líderes soviéticos entendió bien la importancia de mantener los niveles de vida, razón por la cual utilizaron los ingresos de las exportaciones de petróleo y gas para importar bienes de consumo. Cuando los precios del petróleo colapsaron a mediados de los años 1980, el consumo de los hogares se derrumbó; poco después, también lo hizo la Unión Soviética.

En la actualidad, aunque los precios del petróleo se mantienen altos, el presupuesto y el sistema financiero de Rusia enfrentan graves problemas en los próximos 2-3 años. Si Occidente introduce sanciones a gran escala contra los bancos rusos más grandes, como lo hizo Estados Unidos contra bancos relativamente pequeños, esos problemas pueden tornarse infranqueables.

¿Cómo responderá el Gobierno de Rusia? Putin no puede permitirse un retorno al statu quo previo a Crimea, algo que sería visto internamente como una importante derrota política. Esto implica que las sanciones seguirán en pie. Pero, al ya haber apelado a la represión política, a la censura y a la propaganda, las herramientas de Putin para mantener el control mientras decaen los niveles de vida de los rusos serán limitadas. La naturaleza de ese dilema hace imposible predecir qué es lo que hará a continuación.

Sergei Guriev, profesor visitante de Economía en Sciences Po, es profesor de Economía y exrector de la New Economic School en Moscú. © Project Syndicate.

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