Opinión

El dilema del ICE: la energía solar distribuida

Actualizado el 13 de abril de 2015 a las 12:00 am

Opinión

El dilema del ICE: la energía solar distribuida

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

En el 2010, el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) inició un plan piloto que permitiría la inyección a la red de hasta 10 megawatts de energía solar generada, por lo que a la postre habría 366 generadores fotovoltaicos. El 6 de febrero pasado venció, en tiempo y en cantidad de energía de entrega, este plan piloto.

Una compleja legislación, en la que aparecen actores de otras instituciones relacionadas, pone cuesta arriba la continuación de este programa. Los personeros del ICE aseguran que el plan piloto fue un éxito total. Por otro lado, por increíble que parezca, las instituciones encargadas de regular tarifas y la propia generación estaban pretendiendo que un pequeño generador fotovoltaico tuviera que hacer los trámites para obtener una concesión de generación, con los mismos requisitos de un proyecto hidroeléctrico o eólico de gran calibre.

No es razonable que un vecino cualquiera deba realizar una tramitología tan compleja para generar unos cuantos kilowatts en el techo de su casa. Sin duda, esto deberá enmendarse a la brevedad, y así esperaríamos que reaccionen nuestras instituciones.

La generación fotovoltaica resulta ser de gran beneficio en un país como Costa Rica, que se encuentra aproximadamente a 10° al norte de la línea ecuatorial, por lo que la radiación solar que recibe es casi uniforme durante todos los meses del año, en casi todo su territorio.

Esta incidencia solar se suma a dos efectos del mercado de la energía: por un lado, la factura que recibimos por la electricidad en nuestros hogares o empresas se ha multiplicado en los últimos años de 6,9 en el 2002 a 20,07 en el 2015 (centavos de dólar por cada kilowatt hora), para el caso de los hogares.

Por otro lado, la masificación de la fabricación de celdas fotovoltaicas por las empresas chinas ha bajado considerablemente el monto de la inversión en los sistemas de generación. Hace una década, con la electricidad más barata y con la producción de celdas casi solo en Europa y Estados Unidos, la inversión era poco atractiva. Sin embargo, hoy el panorama es totalmente diferente, y pareciera que en el futuro la situación se inclinará todavía más hacia este tipo de generación, toda vez que no tenemos visos de que la electricidad se abarate de manera sensible, y cada vez las celdas son más baratas y más eficientes. En los últimos meses, se ha desarrollado una nueva tecnología que tiene a prueba una celda fotovoltaica transparente; es decir, podríamos convertir cualquier ventana o fachadas completas de edificios en generadores de energía.

Así las cosas, todos esperaríamos que el plan piloto se amplíe y que las instituciones permitan no solo la generación para autoconsumo, sino también la venta de excedentes a la red de los generadores privados, físicos y jurídicos.

Pero aquí viene el dilema para el ICE: si la generación fotovoltaica creciera a ritmos exponenciales, como uno lo esperaría por el ahorro que significa para cada hogar o empresa, los ingresos del ICE se verían mermados de manera sensible, porque estaría vendiendo menos energía a los cada vez más autosuficientes usuarios. No obstante, el ICE deberá obligatoriamente mantener la capacidad instalada, porque no puede permitir el riesgo de que el país se paralice en un día poco soleado, o a causa de las oscilaciones que tendría el sistema por la merma de generación y reingreso de forma casi aleatoria de miles de microproductores de energía, de los cuales el ICE no tendría ningún control. Además, el ICE deberá seguir cubriendo la demanda del país durante la noche.

Esto significaría mantener el mismo costo de operación y los mismos costos financieros por los proyectos que están financiados a largo plazo, pero con menos ingresos, lo que eventualmente pondría al ICE en serios problemas. A pesar de esto, el ICE no podría negar a los ciudadanos y empresas la posibilidad de generar su propia energía, al menos durante el día.

Creo que el ICE deberá convertirse en una empresa altamente eficiente en todo sentido. Deberá disminuir su costo administrativo, su costo operativo y también el costo de la inversión de cada megawatt en los próximos proyectos, que deberán estar más cerca del estándar mundial, y no por encima, como lo ha sido en los últimos proyectos.

Significa entonces que la generación fotovoltaica es una gran solución al costo de la energía para los hogares y para la producción de las empresas nacionales, con el consecuente impacto en los niveles de competitividad del país, pero al mismo tiempo una gran amenaza para la estabilidad financiera del ICE, de la Compañía Nacional de Fuerza y Luz y de las cooperativas del ramo.

El autor es físico.

  • Comparta este artículo
Opinión

El dilema del ICE: la energía solar distribuida

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota