Opinión

La dignidad tiene nombre: Paraguay

Actualizado el 13 de agosto de 2013 a las 12:01 am

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El diario O Estado de Sao Paulo, líder brasileño de Prensa, tituló en pasados días un comentario propio: “La chanchada del Mercosur”. Explica que Brasil y Argentina, en nombre de la defensa de la democracia, patrocinaron un ataque contra las instituciones del bloque regional para favorecer al régimen autoritario de Venezuela.

El senado paraguayo vetó reiteradamente el ingreso de Hugo Chaves al Mercosur. Y sin unanimidad de los asociados (Uruguay, Paraguay, Brasil y Argentina) no se admiten nuevos componentes. Bastó un gesto, legítimo y democrático, de los parlamentarios guaraníes, defenestrando al libertino ex obispo, Fernando Lugo, alejado constitucionalmente de la Presidencia de la República, para que emergieran las intrigas de Caracas, respaldadas por la Casa Rosada, que muchos favores, en dólares, le debían los Kirchner, para expulsar a Asunción del afamado club económico sudamericano.

“Mientras los paraguayos fueron suspendidos, Brasil, Argentina y Uruguay abrieron las puertas del Mercosur a Venezuela, una decisión cuya legalidad es obviamente discutible”, opina el matutino paulista al tiempo que explica la “chanchada”, léxico popular canarinha , calificando a Dilma, Cristina y Mújica de lacayos de una ideología, manipuladores con base en el caradurismo y protectores de una historia falsa.

Para mayor hipocresía, Nicolás Maduro pasó a presidir el Mercosur y, en su primer acto de regente, invitó al presidente electo de Paraguay -elecciones que observó, oficialmente, el Premio Nobel Oscar Arias- a reintegrarse a la familia mercosurista. Horacio Cartes no aceptó. “Porque los paraguayos, tercos, se niegan a participar en la bufonada”, resalta el diario brasileño.

Un tercio de los cien días que cumple en su cuestionado poder, los ha dedicado Maduro a viajar a bordo de aviones cubanos, que alquila, para favorecer la protección dolarizada de Venezuela a Cuba.

Imagen internacional. Imagen internacional para limpiar historias de burla electoral, es la preocupación privilegiada del régimen bolivariano. Mientras, Venezuela continúa descendiendo en el tobogán de los despropósitos. El país que “preside” Nicolás Maduro registra 42 asesinatos por día. La devaluación alcanza un 172% y la inflación el 25%. La superior potencia petrolera está en bancarrota.

El heredero de Chaves, a dedo, es incapaz de armonizar una reposada entrevista periodística. Se defiende a gritos, acusando por doquier con lenguaje soez y bruto. Amanece cotidianamente inventando fantasmas de golpes de estado, repitiendo su frase preferida: la facistoide burguesía opositora que pretende relevarlo. Y acusa a distintos gobernantes de apoyar a supuestos, imaginados, rebeldes venezolanos.

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Su diálogo con los pajaritos es una de las piezas más extrañas y patéticas del inmaduro Nicolás Maduro, sin olvidar la invención de la flotilla de cazas aéreos importados por la oposición criolla para derribarlo.

Argentina, Uruguay y Brasil miran hacia otro lado y sonríen a Maduro sin estudiar la estalinista deriva de Venezuela, copia al carbón del fracasado rumbo cubano. Cuba ha penetrado las entrañas bolivarianas hasta la médula, dominando estructuras y pensamiento. Y, por añadidura, Caracas paga por los “servicios”.

Pepe Marín Cañas dejó la impronta del espíritu guaraní en su novela Infierno Verde. Pueblo aguerrido, ejemplar y digno: Paraguay. Moldeado por los soldados de San Ignacio de Loyola que hallaron en el corazón de Suramérica la sangre bravía de la raza guaraní. El espíritu jesuita apuntaló los rasgos preeminentes del honrado orgullo paraguayo.

Asunción no entra al juego bolivariano. La decencia es emblema de su honorabilidad. Por decoro, no al actual Mercosur, retrato de vicios de convivencia y juego de irrespetos democráticos. ¡Ay!, la historia respalda la grandeza de Paraguay.

Vibra en las venas de los guaranís el recuerdo de la Triple Alianza, la guerra grande (1864-1870), cuando se produjo el genocidio, holocausto del pueblo paraguayo. El Imperio de Brasil fue directamente responsable en un 70%. Brasil envió a un miserable ejército: esclavos y convictos de la peor naturaleza, para asesinar, degollar, mutilar, saquear, violar, secuestrar, destruir a los hombres, mujeres, jóvenes y niños. Error histórico que actualmente se reconoce.

Hoy, Asunción y Brasilia comparten Itaipú, la faraónica represa sobre el río Paraná, en territorio de Paraguay. Amigos, sí, colaboradores, también, incluso el guaraní acepta y respeta a los infiltrados “brasiguayos” pero, el hondo tema de la honra y tradición es patrimonio del alma. Del alma paraguaya.

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