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Todo se devuelve

Actualizado el 08 de octubre de 2015 a las 12:00 am

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Pensar en la muerte es producto de la autoconsciencia humana. Otras especies animales no se cuestionan el sentido de su existencia, ni experimentan períodos de vacío y confusión; de alguna manera, están atadas al hoy porque es todo lo que pueden percibir.

Nuestras mentes, en cambio, son capaces de trazar una línea temporal donde es posible rememorar el ayer y especular con el mañana. ¿Eso nos hace más felices? Capciosa pregunta con una respuesta variable.

El dilema aparente. En realidad no hay dilema, si lo que llamamos vida termina con la muerte física y no hay continuidad del ser, entonces no hay motivo de preocupación, será como antes de nacer, no existirá nada.

Si por el contrario, la premisa con que operamos los creyentes y la mayoría de las religiones se cumple, es decir que de alguna manera existe otra forma de vida después de lo que llamamos muerte, entonces se trata de una buena noticia.

En consecuencia, la muerte como tal no es un problema que deba generar angustia. En cambio, la vida sí produce ansiedad, fatiga y constantes preocupaciones cotidianas.

Realidad constatable. Sin considerar las implicaciones religiosas del karma en el sentido hinduista, ni budista, en alguna medida la existencia es un espejo, vemos lo que proyectamos. Aunque se dice que la vida no es justa, es cierto que en mucho se colecta lo que previamente se ha plantado.

Colóquese un día frente a una pared y lance una bola de hule, es previsible saber que va a rebotar. Nuestros pensamientos, acciones y omisiones provocan una reacción en los demás y de alguna manera se activa una especie de ley de causa y efecto.

Todo efecto tiene su causa, y cada causa su efecto. Las maldades perpetradas y los actos de bondad regresan como un efecto bumerán, pero vienen cargadas de intereses para bien o para mal. No se puede escapar de la factura cósmica, aquí mismo se paga o se cobra, pero en realidad todo tiene consecuencias, nada es inocuo.

En principio, existe libertad de elección acerca de cómo reaccionar ante las circunstancias, aunque no siempre se puedan elegir estas. De alguna manera lo decidido se traduce en actos, los cuales ponen en funcionamiento una suerte de efecto dominó discontinuo, pero el origen del movimiento es siempre una decisión ética.

Desmitificando el karma de su efecto esotérico, lo cierto es que la energía es una fuerza física empíricamente constatable y dado que nunca se destruye (primera ley de la termodinámica) es lógico que siempre discurra en la realidad.

El misterio es saber cómo regresa con un carácter casi jurisdiccional y certero a cada cual y en la medida que le corresponde.

La próxima vez que quiera devolver un golpe, mejor espere, no lo haga usted, no lance ese puñetazo, porque al fin y al cabo… todo se devuelve.

Jaime Robleto es abogado.

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