Opinión

El deterioro institucional

Actualizado el 04 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

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Francis Fukuyama, el famoso profesor de Política Pública de la Universidad George Mason y científico social de la Rand Corporation, en todas sus obras muestra gran preocupación por el funcionamiento de las Instituciones en los Estados modernos, y hace quince años resumió su pensamiento en el libro La gran disrupción . Sus ideas en el campo de Ciencias Sociales son parecidas a las de Thomas Kuhn en el de las Ciencias Naturales. Fukuyama dice que avanzamos alternando disrupciones con recomposiciones, y Kuhn creó el concepto de paradigmas que progresan al destruir el anterior. Lo importante es darse cuenta de que ha comenzado una fase de agotamiento del modelo establecido y proceder a preparar la reconstitución en el menor plazo posible.

Uno de los signos que deben ponernos en guardia es la inconformidad de la población con el deterioro de las instituciones, pues ellas son fundamentales para el buen funcionamiento de la sociedad y del Estado democrático.

Es bien sabido que, entre otras cosas, las instituciones eficientes son esenciales para que se desarrollen la confianza transparente, la prosperidad compartida y la estabilidad política.

En la Costa Rica de hoy tenemos múltiples manifestaciones de instituciones disfuncionales y, en parte, el malestar de la población es consecuencia de ello. Si a esto le agregamos casos graves de corrupción, tenemos, desde el punto de vista social, dos grandes detonadores de explosiones.

Sin querer ser exhaustivo, entre las disfuncionales están Javdeva, Recope, el Ministerio de Obras Públicas, la Caja Costarricense de Seguro Social, el Ministerio de Vivienda y el INVU, el IMAS, Asignaciones Familiares, Ministerio de Trabajo, Ministerio de Ciencia y Tecnología, la Asamblea Legislativa, el Consejo Nacional de Producción y otros más.

Solo he querido mencionar algunos ejemplos elocuentes de lo que nos está pasando, porque después de bastantes años seguimos sin reaccionar, es decir, sin definir e implementar el conjunto de cambios que deben hacerse antes de que sea demasiado tarde y lamentemos el caos que sobrevendría.

La tarea es tan urgente y compleja que solo un próximo Gobierno serio, con los mejores hombres y mujeres que nuestro país tiene, puede evitar que caigamos en el abismo. Además, ese Gobierno debe ser de unidad nacional y comenzar a producir leyes, directrices y normas, desde el primer día de su gestión, o sea, nadie puede llegar a aprender, todos deben tener suficiente experiencia, probidad, responsabilidad y compromiso con Costa Rica.

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Los meses de febrero a abril del 2014 deben servir para preparar las acciones incisivas y coherentes que entrarán a regir a partir del 8 de mayo.

En apoyo de lo anterior quiero decir que Niall Ferguson, el reconocido profesor de Historia de la Universidad de Harvard, en su reciente obra La gran degeneración , nos dice que vemos signos de decadencia alrededor de nosotros y especulamos acerca de cuáles pueden ser las causas, sin reparar en que una de las mayores causas es, precisamente, el deterioro de las instituciones que hace un tiempo funcionaron bien, pero que en la actualidad son ineficientes y, en lugar de progreso, son causa de retroceso. Y agrega que, como consecuencia de ello, quedamos atrapados en una viscosa telaraña de leyes y regulaciones que frenan toda iniciativa inteligente, e impide que salgamos del letargo que sufrimos.

Estamos viviendo un momento histórico de “aperezamiento” de la sociedad civil, que exige demasiado de un Estado poco funcional e incapaz de satisfacerla, acompañado de negligencia, complacencia y un populismo arrogante.

Afortunadamente, Eric Topol nos devuelve la esperanza con su concepto de “destrucción creativa”, al explicar cómo la revolución digital transformará la medicina.

Algunas personas se preguntan, alucinadas, cómo es posible que China haya pasado del comunismo primitivo a un agresivo capitalismo de Estado en unos cuantos años, y nosotros llevamos 25 años de querer modificar el reglamento de la Asamblea Legislativa y no se ha podido.

“No se puede” es una expresión que no debemos aceptar más. Sin duda alguna, llegó la hora de emprender las profundas reformas que requieren nuestras instituciones.

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