23 junio

Las declaraciones del director del Conesup, Mario Sanabria, publicadas en la edición digital de La Nación ( nacion.com ) el 17 de junio, comienzan en su título bien destacado con un insulto gratuito a la universidad: “Universidades privadas hacen lo que les da la gana”.

Esta universidad nació antes de que fuera creado por ley el Conesup. La Universidad Autónoma de Centro América (UACA) fue autorizada mediante un decreto ejecutivo que autorizó su estatuto y reglas de inspección. Diversas normas para el adecuado funcionamiento de la vida académica y administrativa de la universidad continuaron emitiéndose por algunos años, y se contó siempre con un representante personal del ministro de Educación en sus órganos colegiados para ejercer inspección directa en lo que la universidad regulaba y hacía; reglas siempre cabales y ajustadas a derecho.

Unos años después se creó, mediante ley, el Conesup y, tiempo después, este emitió su propio reglamento. A él, por transitorio de esa ley, debió la UACA ajustar toda su normativa como si fuese una nueva universidad.

Nunca ha pretendido ni pretende esta universidad hacer “lo que le da la gana”. Tal modo de actuar no va con la seriedad de sus 18 fundadores, quienes actuamos siempre convencidos de hacerlo “con respeto y sujeción a la ley”, como reza su estatuto orgánico.

Como, naturalmente, entre inspeccionados e inspectores suele haber diferencias, también la UACA las ha tenido y, probablemente, seguirá teniendo algunas diferencias con analistas y, de rebote, con miembros del senado del Conesup; pero siempre como corresponde: alegando, dando razones; explicando lo que necesitaba explicación y rechazando con argumentos algunas disposiciones que en algún caso iban más allá del debido respeto a las normas establecidas o a la libertad de enseñanza, precepto constitucional que ha debido defender la UACA a capa y espada ante la multitud de liberticidas a quienes fue necesario enfrentar incluso antes de nacer esta universidad.

Por ello, la UACA, por mi medio, protesta y espera que las relaciones entre el Conesup y este centro de estudios superiores se puedan conducir por las vías de respeto y reconocimiento que cada entidad merece.

Haber acreditado Medicina, Derecho y Educación Física ha significado un enorme esfuerzo, porque las reglas del manual de acreditación que sigue el Sinaes son muy exigentes y excesivamente pormenorizadas. No es tarea fácil, como tampoco la consiguiente reacreditación. Todo ello significa trabajo muy serio, difícil, costoso y operoso: ¡Nada de hacer “lo que le dé la gana” a la Universidad!

Por todo ello, es necesario que haya respeto entre las entidades que tienen a cargo una tarea común: la UACA haciendo su obra de enseñar, publicar, investigar, efectuar proyección social, acreditar carreras, adquirir terrenos, construir edificios y darles mantenimiento, adquirir y mantener en buen funcionamiento los equipos tecnológicos, pagar impuestos. Y el Conesup en su función inspectora, conforme a su ley, sobre el quehacer de la universidad.

Una expresión tan desafortunada como la del título manifestada por el director ejecutivo del Conesup viene a ser como una bofetada inesperada y gratuita, que la UACA serenamente rechaza.

En la UACA me aceptaron desde hace mucho un lema: “Hay que defender la libertad de enseñanza y con frecuencia sufrir mucho por ella”. Y los años muestran –desde 1975– que, efectivamente, hay que “sufrir por ella”, como lo demuestra lo que vengo indicando en esta nota.

Guillermo Malavassi Vargas

Rector de la UACA

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