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El derecho a la ciudad y la reconquista del espacio público

Actualizado el 16 de mayo de 2013 a las 12:00 am

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El derecho a la ciudad, como lo planteó el historiador francés Henri Lefèbvre, significa la posibilidad de que los ciudadanos participen en el uso y la producción del espacio urbano. Es el derecho a la apropiación de la ciudad por todos sus habitantes, de forma creativa y perpetua en la transformación de la ciudad. El espacio público tiene una importancia especial en este proceso.

América Latina es una de las regiones más urbanizadas del mundo, casi el 80% de su población vive actualmente en ciudades. Al mismo tiempo, en su conjunto, las ciudades latinoamericanas poseen los índices de desigualdad más grandes del planeta.

Vivimos en ciudades divididas, fragmentadas y segregadas, características que se expresan tanto espacial como socialmente. Y la desigualdad se traduce en violencia e inseguridad. El modelo que ha imperado en las últimas décadas ha promovido una creciente privatización del espacio público que se ha trasladado a los nuevos polos de desarrollo, como los megacentros comerciales. Estos pseudoespacios públicos diseñados para el consumo, han intentado inhibir el protagonismo y el valor que ha tenido tradicionalmente el espacio público en la ciudad.

Ciudad-cerrada. En San José, es ese modelo de “ciudad-cerrada” el que ha predominado. La reclusión en condominios exclusivos es el ideal urbano para las clases altas y medias. La proliferación de enclaves fortificados, ha promovido la privatización de la vida urbana con espacios cerrados, vigilados y seguros para la residencia, consumo, diversión, trabajo y educación, que han exacerbado la segregación urbana. Este patrón de asentamiento acrecienta las diferencias y desigualdades sociales y promueve la falsa ecuación de “rico-privado-seguro” versus “pobre-público-inseguro”, la ciudad pierde su función social y se concentra en aspectos económicos, excluyendo y dividiendo a una gran parte de su población.

Ciudad-abierta. Afortunadamente en San José, como en otras ciudades latinoamericanas, se ha creado una coyuntura favorable para recuperar el espacio público y promover una “ciudad-abierta”, que tenga un espacio público heterogéneo con una función social de integración e interacción entre diferentes grupos de personas.

Desde inicios de este milenio se han llevado a cabo sistemáticamente, actividades por parte del Estado, la Municipalidad y por grupos de ciudadanos organizados, orientadas en esa dirección. Por un lado, los programas promovidos por el Ministerio de Cultura y la Municipalidad de San José, como “Enamórate de tu ciudad”, “Transitarte”, “Art City Tour” y “Domingos familiares sin humo”, han cumplido una labor fundamental en darles a los ciudadanos la posibilidad de que se reapropien, redefinan y recuperen el espacio público de una manera democrática.

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Por otro lado, grupos como la Asociación Chepecletas, Pausa Urbana y más recientemente el colectivo 100en1día San Josédan cuenta de la preocupación de los ciudadanos por ser agentes activos del cambio. Estos grupos tienen el gran mérito de concientizar a la población y cambiar las percepciones negativas de la capital a través de la ocupación y uso del espacio público y zonas históricas. Su mensaje es claro: olvidemos los miedos y los prejuicios, pongamos a un lado el imaginario negativo que tenemos de San José y disfrutemos de todo lo que la ciudad nos puede ofrecer. Ocupémosla y redefinamos por medio de la apropiación del espacio, los usos y costumbres. Chepecletas, además, tienen un doble mérito: no solo invita al ciudadano a conocer su ciudad, su historia y valorar el patrimonio arquitectónico y urbano, ¡sino que también han promovido todo ello montados en bicicleta!

Ciudadanos en acción. Como señala David Harvey: “la cuestión de qué tipo de ciudad queremos no puede estar divorciada de la que plantea qué tipo de lazos sociales, de relaciones con la naturaleza, de estilos de vida, de tecnologías y de valores estéticos deseamos. El derecho a la ciudad es mucho más que la libertad individual de acceder a los recursos urbanos, se trata del derecho a cambiarnos a nosotros mismos cambiando la ciudad”. Este derecho es primero común antes que individual, porque la transformación depende inevitablemente del ejercicio de un poder colectivo para remodelar los procesos de urbanización para beneficiar a la mayoría de la población.

Está también en nuestras manos, como ciudadanos, mejorar el entorno urbano, los usos y costumbres, para redefinir de manera colectiva la ciudad, transformándola de manera creativa, tal como Lefèbvre lo había preconizado. Afortunadamente, las acciones comunales, municipales y estatales han comenzado a renovar y a reconquistar el espacio público en San José, dentro de la geografías urbanas injustas que prevalecen en nuestra ciudad.

Florencia Quesada Avendaño La autora es historiadora e investigadora en la Universidad de Helsinki, Finlandia

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