Opinión

Que el deporte sea vivido en paz

Actualizado el 07 de marzo de 2014 a las 12:00 am

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Los acontecimientos del famoso partido de fútbol entre la Liga Deportiva Alajuelense y el Club Sport Cartaginés, demuestran la cara más vergonzosa del deporte costarricense, y el descuido social y educativo en el que le hemos caído. Es inaceptable pensar que las barras lleguen el punto de agredir a aficionados indefensos que van al estadio con su familia.

Es chocante ver cómo niños y mujeres salen llorando, maltratados y posiblemente traumatizados por culpa de quienes se comportan como salvajes. Sin embargo, lo más grave es que esto viene sucediendo hace años y hasta ahora estalla verdaderamente el tema.

Desde niños, en Costa Rica crecemos rodeados por el fútbol. Nunca nadie se ha escapado de la pregunta: “¿qué es usted, manudo o morado?”. El deporte es una profesión, una fuente de trabajo, es una esperanza para cualquier niño o joven deportista que quiere asumir retos. Es, además, una manera de unir familias frente al “tele” o en un estadio; de permitir tardes en el parque “mejengueando”; y discusiones tácticas en las redes sociales.

El deporte no debe tomarse a la ligera: es una fuente de diversión, de desarrollo, de salud y de inclusión social para el país. Sobre todo, viviendo con tanta intensidad un deporte como el fútbol en nuestro país, es inaudito que el Gobierno, la Unafut, incluso los medios de comunicación hayan ignorado reiteradamente acontecimientos tan graves como los del domingo.

Prevención. Es decir, no se trata solo de dictar leyes y reglamentos para poder castigar a los culpables. Es importante que el Inder empiece a llevar a cabo fuertes campañas de educación recreacional para aquellos que deseen disfrutar de actividades deportivas.

En Costa Rica existen organizaciones no gubernamentales, como Fútbol por la Vida, que tiene como misión “contribuir al fortalecimiento de capacidades y habilidades sociales de niñas, niños y jóvenes mediante procesos recreativos y educativos para la formación de proyectos de vida”.

El Gobierno tiene que ayudar a estas organizaciones a crecer. Los medios deben hacer campañas para que estas iniciativas no pasen desapercibidas, que la gente se entere y sienta ganas de participar y colaborar con la mejora de la sociedad. Hay que recordar que el deporte es un instrumento para una mejor salud, y es vital para ayudar a jóvenes a desarrollar aptitudes como la disciplina, el trabajo en equipo, a evitar las drogas; incluso a encontrar profesiones honrosas y con buena paga.

Segundo, el Ministerio de Seguridad y la Unafut deben exigir a los equipos a tener seguridad efectiva y castigarlos si incumplen las medidas. Por ejemplo, en Italia, las barras son castigadas con partidos de sanción debido a coros despreciativos hacia jugadores u otros aficionados. Barras de clubes han sido castigadas con tres partidos sin poder ir al estadio, o los equipos han jugado a puerta cerrada.

Tomar medidas como estas parece utópico, pues muchos se preguntarán, ¿cómo reconocer quién es quién? No es tan difícil. En estos países europeos, para poder acceder a los asientos adonde se encuentran las barras, se requiere un carné especial que dura para toda la temporada.

No se juega. El aficionado va a la boletería, presenta su cédula y paga la cuota, se le entrega el carné con su nombre y foto y, cada vez que desea comprar una entrada para esa zona del estadio, debe presentar su carné y se le venderá una entrada con su nombre impreso. Así se sabe quiénes son los afiliados a las barras y quiénes fueron los que entraron en cada evento a esa zona del estadio pues, sin carné y tiquete en la entrada, no podrá ingresar.

¿Que es muy caro? ¿Que es muy difícil? No sigamos haciendo que los niños presencien esos comportamientos cavernícolas y violentos, que después llevarán a las calles. No.

Hay que tomar medidas integrales y efectivas, aunque cuesten. Es el precio de vivir en paz con el deporte y de que el deporte sea vivido en paz.

La realidad es que en Costa Rica la importancia del deporte es menospreciada. Ahora que, finalmente, nos damos cuenta de lo descuidado que está, y el monstruo que se ha ido creando en torno a las canchas, es hora de actuar con sensatez, para erradicar la violencia y el deterioro, y para limpiarlo, sanarlo y relanzarlo como un proyecto que encamine a la gente y al país.

Si no se toman estas medidas, dejará de ser algo que se comparte y une a la sociedad, y se convertirá en algo que destruye y mina los vínculos entre los costarricenses. No solo con Costa Rica: con el deporte tampoco se juega.

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