La democracia es noble y, como tal, puede ser mal usada hasta para destruirla

 12 septiembre

Afrontémoslo: casi en ningún lugar del mundo la democracia republicana parlamentaria está funcionando como debe ser. Ciertamente, hoy existe mucha más rendición de cuentas y se sientan responsabilidades más que antaño. Gobernantes y otros funcionarios corruptos son juzgados y van a prisión, si son condenados.

La democracia es noble y, como tal, puede ser mal usada hasta para destruirla, como lo hizo Hitler y varios más todavía en estos tiempos. Tiene que ser para el Estado que la práctica, el mejor vehículo para el desarrollo personal y social, para que la ciudadanía no le pierda la fe.

Erróneamente, pero por razones comprensibles, se condena la política y a los que la practican, sin entender que todos somos políticos; hacemos política hasta con nosotros mismos.

La política es una noble actividad: la de ponerse de acuerdo quienes representan y tienen diferentes criterios para promover el progreso y bienestar social. El problema está en quienes ejercen la política, con desmedida ambición personal y poca formación, que ni leen siquiera la Ley General de la Administración Pública, que define la forma de fraguar la política de Estado y la responsabilidad que se asume en un cargo público. Denotan ética y moral insuficientes; son los que denigran la política y los necesarios partidos políticos.

Mala preparación. No estamos como sociedad preparando verdaderos ciudadanos, como seres humanos que son, con la conciencia necesaria para elevarse, ser cada vez más racionales y espirituales, oportunidad que tenemos por gracia providencial dirían unos; otros, por la evolución. Ser ciudadano implica conocer los deberes y derechos individuales y colectivos, la consecuencia de ejercerlos o no.

La democracia naufraga, involuciona en lugar de evolucionar hacia una funcionalidad superior, sin verdaderos ciudadanos, lo que implica desarrollar altos niveles éticos y morales; en el caso de un país como Costa Rica, derivados de la filosofía judeo-cristiana; es una cuestión no de fe espiritual; es más bien de modelo de sociedad, ojalá enriquecida por un alto contenido de la “ética del trabajo”, desgraciadamente no tan presente como sería ideal; carencia que contribuye a que muchos pretendan hacer fortuna individual, a cualquier costo y con el menor esfuerzo laboral posible, sin sentido social alguno, incluso.

Si las sociedades eligieran bien y si los ciudadanos que se eligen fueran siempre probos, no habría necesidad de andar juzgando o destituyendo a tanto funcionario.

Asimismo, tiene que haber capacidad y espíritu de estadista en los que en democracia toman decisiones, para que la práctica democrática sea funcional. La nuestra no lo está siendo como debería por su trayectoria, en ninguna de las instancias del Estado.

Sistemas educativos. Evidentemente, hay un problema en la educación formal e informal, en el aula, la casa y el entorno, que no forma ciudadanos, en el sentido pleno de la palabra. En general, los sistemas educativos en el mundo tienden a capacitar más que a educar para formar seres productivos económicamente y para aceptar, por la vía de un mal aplicado mercadeo, ser parte de la legión consumista casi que de lo que sea, pero, más que todo, de lo que dé prestigio social, como si “el hábito hiciera al monje”.

Esto tiene que cambiar y es posible hacerlo, educando para pensar en abstracto desde la cuna hasta la vejez. Falta más formación integral, la cívica incluida, desde los primeros años e incluso, en secundaria; formación constitucional, así como en economía fundamental y mercadeo, para actuar y consumir conscientemente, para ser estudiantes que estudien y reflexionen, ojalá toda la vida.

Viene un período electoral y, como tal, vital para la democracia de la que con justa razón todavía podemos preciarnos en Costa Rica. Lamentablemente, no creo que estemos idealmente preparados para aprovecharla plenamente, pero deberíamos hacer un esfuerzo para poner a la ciudadanía a pensar en lo esencial y no en lo superficial que el errado mercadeo político plantea, que la gente acepta porque no maneja bien las implicaciones de la escogencia que cada cuatro años hacemos y que ojalá fueran seis sin posibilidad de reelección: tema para una constituyente que entiendo podría darse pronto.

Los mínimos factores del desarrollo que deberían alimentar la decisión son: acumulación económica, inversión y gestión pública y privada, distribución de la riqueza generada y sostenibilidad integral, de la que la democracia es parte intrínseca.

Podemos divergir en los planteamientos ideológicos. Lo que no se vale es destruir desde adentro la democracia y sus valores, ya sea adrede o por descuido, como podría ser, este último, el caso en Costa Rica.

El autor es exviceministro-subdirector de Planificación Nacional y Política Económica.