Opinión

“Mucho con demasiado”

Actualizado el 30 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Este gobiernonació muerto desde que se convirtió en un club de amigos

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“Mucho con demasiado”

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¿Qué piensa de este gobierno? Interrogué al pregonero una mañana de estas al recibirle el periódico. “Mucho con demasiado”, me dijo. Y así, a su modo, con un criollismo que entendemos todos, resumió la crisis.

Laura inauguró su mandato apadrinando el autoaumentazo salarial de los diputados. Después, hecha la torta, se quitó y los dejó solos. Siguió confirmándose en la improvisación al atropellar los resguardos procedimentales mínimos, quemando torpemente su proyecto de ley estrella: el plan fiscal.

La Sala le enmendó la plana solo para que ella, más adelante, devolviera la cortesía destituyendo por interpósita mano, a un magistrado. Con ese imprudente desquite, sentó un magro precedente de inconstitucionalidad que solo defendieron unos pocos asalariados del PLN.

Pero sin duda, el pecado original de la presidenta –la minúscula no es casual– fue refundar el Poder Ejecutivo como un club de amigos. Ella nunca se preocupó por nombrar a los mejores, como sí, de colocar a sus amigos.

José Tijerino portaba, como “gran” mérito de campaña, elaborar una querella contra Otto Guevara a pedido de Laura, cuando apenas era candidata. Su manejo de la invasión a isla Calero dijo todo sobre su habilidad como ministro y aún más sobre el tino de la presidenta para escoger a sus miembros de gabinete. Summasummarum, lo premió con una cómoda embajada.

Fernando Herrero y Florisabel Rodríguez, matrimonio amiguísimo de Laura Chinchilla según su propio decir, ostentó también lindos cargos antes de “ser renunciados” por el escándalo en torno al plan fiscal y sus declaraciones –entiéndase: no declaraciones– de impuestos, sin olvidar una licitación de Recope que, con errores inusuales de trámite, terminó adjudicando servicios a las empresas de Florisabel, y sin descontar otra del MEP que le adjudicara su también amigo declarado y exsocio Leonardo Garnier, ministro sobreviviente de toda esta debacle liberacionista.

Después se embarcó en la construcción de una trocha sin previsiones ambientales ni resguardos de integridad. Así respondió la presidenta ante tan sensible crisis de soberanía territorial y seguridad nacional. Con improvisación. Señalando eso sí con el índice levantado, a los “filibusteros y traidores a la patria”, a los “malos costarricenses” que osáramos criticar, pues con ello, según su lógica invertida, le dábamos armas al enemigo. ¡Por Dios! Las armas se las dio ella con tanta chanfaina. En todo caso, con semejante club de amigos no hacen falta armas para enfrentarla.

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El ministro de transportes, Francisco Jiménez, también “fue renunciado” por no adoptar los resguardos mínimos y no prever el festín que ante la discrecionalidad excesiva y falta de controles, sobrevendría en semejante baile de millones.

De emergente, surgió de la chistera presidencial el inmutable Pedro Castro, quien pese a prestar recientemente servicios a la “nueva” concesionaria de la ruta a San Ramón (OAS), se metió por media calle, ya como ministro eso sí, a impulsar el proyecto, solo para quemarlo todo: al proyecto y a sí mismo.

Y Francisco Chacón, amigo personalísimo de la presidenta, quien entre la superficialidad y el bateo asumió uno de los cargos más complejos de cualquier gobierno: la comunicación, también “es renunciado”. Con él y su esposa estudió Chinchilla en Estados Unidos. Posiblemente esa experiencia germinal, abonada con los años, la inspiró para confiarle una silla tan movediza. No sin antes, eso sí, haberlo puesto entre la lista de los diputados nacionales para que probara las mieles legislativas.

“Al renunciarlo”, no pesó en el ánimo de la presidenta otra cosa que salvar lo poco de legitimidad que le resta, un saldo que está a punto de dejar de ser crítico para convertirse en caótico.

Constitución majadera. A la presidenta tampoco le importó violar la Constitución al dejar el país sin informar siquiera a la Asamblea Legislativa, conforme al artículo 139. “Eso es una majadería”, es lo que se lee entre las líneas declaradas por el Gobierno. Lo importante para ella era estar a tiempo en la linda boda, no esas tonteras de constitucionalidad y ética que todavía nos preocupan a unos cuantos.

La Constitución que juró defender al recibir la banda presidencial de su mentor, le importa poco o nada a estas alturas, según “dicen” sus actos. ¿Y la Ley contra la Corrupción que ella promovió y aprobó como diputada? Bien gracias.

Es más, por mucho menos, muchísimo menos a decir verdad, se dio el tupé de destituir a un contralor general de la República que ella misma, por cierto, había impulsado.

Montó en el avión a otras dos de sus mejores amigas. Irene Pacheco, a quien ha tenido de asistente personal, y a Anabelle González, ministra y esposa del “renunciado” Chacón. La primera, demasiado irrelevante para considerarla aquí, “ya renunciada”, además.

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No así la segunda, a quien por decreto ejecutivo emitido por Laura, el Gobierno le sufragó su campaña privada para la OMC. ¿Por qué teníamos los ciudadanos que pagarle tiquetes, hoteles, viáticos –bien caros además, como es de suponer–, a una funcionaria pública que aspiraba a un puesto para sí? ¿Solo por ser amiga de la presidenta? ¿Cuál es la norma habilitante en todo caso?

Sorprende que la oposición y la prensa seria, que suele hacer un mejor control político que los propios diputados e investigaciones más oportunas que la contraloría y la fiscalía, no se hayan ocupado seriamente de este antecedente que, por donde se le mire, es mucho más caro que un viaje en jet privado, aunque tal vez no tan peligroso, eso sí.

Dejamos por fuera a Justo Orozco en la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos, a Fernando Sánchez (coautor del “memorándum del miedo”) de embajador ante el Vaticano, las barricadas del 11 de abril último, el despropósito de la “Ley mordaza”, las estructuras paralelas en Cinchona, el hacinamiento penitenciario y otras flores que hacen pensar que este gobierno se acabó antes de empezar. Es decir, nació muerto desde que se convirtió en un club de amigos.

¡Que viva esta Suiza! ¡Que viva la paloma de la paz! ¡Que viva Liberación Nacional! Y lo más importante: ¡Que vivan Laura (la firme y honesta) y sus amigos! Ojalá en las urnas, el próximo año, alguien más se acuerde de todo esto, pues si no es ahí: ¿entonces dónde? ¿entonces cuándo?

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