Es de mal gusto utilizar un argumento irracional para explicar algo serio como las inundaciones

 6 noviembre, 2015

La alcaldesa de San José atribuye las recientes inundaciones a un castigo de la naturaleza.

Tan solo el hecho de achacarle una característica humana a un sistema no humano, nos ubica en un contexto donde la racionalidad no será el hilo conductor de lo que se exprese.

Es de muy mal gusto utilizar un argumento carente de racionalidad para explicar algo tan serio como las pasadas inundaciones. Si el diagnóstico de la situación es irracional, irracional serán también las soluciones que se planteen.

Entre las causas que logro visualizar están dos: pésimo diseño de obras y enormes cantidades de desechos sólidos en las alcantarillas.

Esto último debido, sobre todo, a que la gran mayoría de las municipalidades y a que el Ministerio de Salud, a lo largo de 66 años, sencillamente no han querido aplicar la ley, y eluden con facilidad y desparpajo sus responsabilidades.

Hace 25 años, propuse que para atender la emergencia por el colapso económico y ecológico de río Azul, debía ejecutarse lo establecido en la Ley 177, de 1949 (producir abono orgánico con los desechos biodegradables) y la ley General de Salud, de 1973 (clasificar y recolectar separadamente los desechos).

Estas medidas habrían prolongado la vida útil de río Azul a 400 años y generado más de 200 puestos de trabajo directos, evitado, a la vez, la producción de millones de toneladas de gas metano y evitando la contaminación de los mantos acuíferos.

Mismo camino. Ejecutivos, regidores municipales y ministros, así como el presidente de la República y el del IFAM, de aquella época, apostaron por seguir el paradigma de la producción lineal: de la cuna a la tumba, y no de la cuna a la cuna, tal como funciona la naturaleza.

Consideraban que el nuevo paradigma del reciclaje no iba a resolver el problema porque el proceso educativo es muy lento.

Su propuesta fue no cambiar de paradigma y abrir más rellenos sanitarios, pero con una nueva variable: que fueran privados. Era la solución mágica. Tuvieron la desfachatez de, eufemísticamente, llamar a uno de los nuevos rellenos sanitarios: parque de tecnología ambiental.

La magia nunca apareció. Pero sí los millones, pero millones de colones, que las municipalidades (léase los ciudadanos) hemos tenido que desembolsar para pagar por enterrar desechos, contaminando aire y mantos acuíferos. Un absurdo “esférico”. Desde cualquier ángulo que se mire, va contra las leyes de la ecología y la economía.

Nuevo actor. El problema persiste y se ha agravado. No solo por la magnitud sino también por la nueva propuesta de la Federación Metropolitana de Municipalidades de San José (Femetrón) y de la asociación (no municipal) de algunos alcaldes agrupados en la Asociación Nacional de Alcaldías e Intendencias (ANAI): incineración.

¿En qué consiste la magia? Pasar de 4.000 toneladas de desechos sólidos no peligrosos a aproximadamente 600 toneladas diarias de escorias y cenizas en estado sólido, con cantidades de metales pesados de alta toxicidad, más aproximadamente 3.400 toneladas diarias de dióxido de carbono, lo que agudizará, aún más, el efecto invernadero.

A esto hay que adicionar cientos de kilogramos diarios de dioxinas y furanos (compuestos con altísimo poder cancerígeno) y otros compuestos orgánicos de conocido poder tóxico. Además, habrá producción de energía de muy alto costo que el ICE, en apariencia, no está requiriendo. ¿Dónde está la magia? En los miles de millones de colones en ganancias que obtendrán quienes comercialicen las plantas. En los millones de colones que el país tendrá que invertir en construir laboratorios y capacitar profesionales capaces para que se dediquen a tratar de lograr algo que ni los alemanes, con toda su tradición en química analítica, han conseguido: fiscalizar eficientemente que por las chimeneas, los ductos de agua y camiones de transporte no salgan más compuestos tóxicos de lo establecido en la ley.

¿Tarea para una entidad como el Ministerio de Salud, que ni siquiera ha podido obligar a que los operadores de “rellenos sanitarios” cumplan normas facilísimas de fiscalizar?

Una eficiente fiscalización por parte del Ministerio de Salud será un gran reto de magia, digna de Harry Potter.

Abolición. Dejémonos de magia. Practiquemos la Ley 8.839; evitemos la producción de desechos; clasifiquemos y reciclemos los inevitables, eliminando el uso de la incineración de desechos ordinarios en Costa Rica.

Costa Rica es modelo, entre otras cosas, por haber abolido la pena de muerte y el ejército. Pongamos un diamante más a nuestra corona al abolir también la incineración de desechos ordinarios.

El autor es profesor en la Escuela de Química de la Universidad de Costa Rica.