4 julio, 2014

WASHINGTON, DC – Con frecuencia, el debate sobre el acceso a medicamentos asequibles en los países emergentes y en desarrollo pasa por alto un tema crítico: los Gobiernos de estos países rutinariamente endilgan aranceles y otros impuestos a medicamentos que son de vital importancia. Si bien estas medidas tienden a ser generadoras de ingresos modestos, hacen que los medicamentos afectados se encarezcan, lo cual puede ponerlos fuera del alcance de muchas de las personas que más los necesitan.

Al igual que los países desarrollados, los países emergentes y en desarrollo importan algunos –o prácticamente todos– sus medicamentos, cuyo costo es cubierto principalmente por los propios pacientes, debido a la falta de seguro de salud en dichos países. Los ciudadanos de la India, por ejemplo, pagan de su propio bolsillo el 70% de sus gastos de atención médica. Habida cuenta de que los aranceles y otros impuestos aumentan los costos de los medicamentos hasta en dos tercios en algunas zonas, aun los medicamentos genéricos más básicos se tornan inasequibles para los más pobres. Tal como se determina en un informe de investigación, dichos gravámenes son esencialmente un “impuesto que deben pagar los enfermos”, y que los Gobiernos podrían eliminar fácilmente.

La historia es similar en muchos mercados emergentes. Según un estudio realizado en el año 2012 por la Organización Mundial del Comercio, Argentina, Brasil, India y Rusia imponen aranceles de alrededor del 10% a los medicamentos importados, mientras que Argelia y Ruanda, por ejemplo, mantienen una tasa del 15%. El arancel en Yibuti es del 26%. Como señaló el informe, es difícil entender por qué los países pequeños mantienen aranceles altos para los productos de salud, una medida que solo sirve para hacer subir los precios internos.

Pero los aranceles son solo una parte del problema. Muchos países también imponen fuertes impuestos a la venta. Brasil impone una tasa del 28% a los medicamentos de venta con receta, mientras que, en la India, dichos medicamentos están sujetos a un 5% del impuesto al valor agregado y a un impuesto de educación del 3%, de manera adicional a los impuestos estatales que se encuentran dentro de un rango del 5% al 16%.

Los países en desarrollo justifican estos impuestos alegando que financian el gasto social. Sin embargo, en el año 2011, la India recolectó más en impuestos a los medicamentos de lo que el Gobierno gastó en medicinas para el público. La crisis de los servicios de salud de la India podría aliviarse, si el Gobierno dejara de elevar artificialmente los precios de los medicamentos que las personas necesitan.

Es más: a pesar de las presiones fiscales, parece altamente retrógrado, por no decir perverso, imponer la mayor carga financiera a aquellos con estados de salud más deficientes (y quienes, se presume, constituyen el grupo objetivo al que se dirigen dichos programas sociales). También es económicamente contraproducente. Aumentar los precios de medicamentos reduce el uso, lo cual lleva a más enfermedades, menor productividad y un menor crecimiento del PIB.

Hay una mejor manera. Varios países, entre ellos Colombia, Etiopía, Malasia, Nicaragua, Pakistán, Tanzania y Uganda, han reducido sustancialmente o han eliminado los aranceles e impuestos a los medicamentos. Los resultados han sido espectaculares. Después de que Kenia eliminó los aranceles e impuestos a los productos contra la malaria, se informó de una disminución del 44% en la mortalidad infantil y en la enfermedad entre los años 2002 y 2009.

India y China, en su calidad de principales exportadores farmacéuticos, son países que están claramente interesados en que los aranceles a los medicamentos sean más bajos a nivel mundial. India, país que es aclamado como “la farmacia del mundo en desarrollo”, es uno de los mayores exportadores de medicamentos terminados, mientras que China produce entre el 70% y el 80% de los ingredientes activos de estos fármacos.

La abolición de los aranceles farmacéuticos seguiría el ejemplo establecido por los países desarrollados cuando ellos crearon la Organización Mundial del Comercio (OMC) hace dos décadas. Tal como declaró la Organización Mundial de la Salud (OMS), “Los Gobiernos deberían gravar las cosas que enferman a las personas, no las cosas que las sanan”.

La verdad es que los recortes de impuestos no abordan todos los muchos desafíos que rodean el acceso a la atención médica en los países emergentes y en desarrollo, como son la falta de hospitales, clínicas, médicos, y de seguros públicos y privados. No obstante, la eliminación de los aranceles es algo que se podría implementar de forma rápida y que beneficiaría inmediatamente a las personas más necesitadas.

Como hogar de los principales productores de medicamentos –y de muchos de los más afectados por estos impuestos–, India y China deberían liderar un esfuerzo internacional que lleve a la liberalización. La Cumbre de los BRICS, que se celebrará del 15 al 17 de julio en Fortaleza, Brasil, podría ser un buen lugar para iniciar dichos esfuerzos.

Estos países, sin duda, han demostrado una capacidad de actuar en forma conjunta. A principios de este año, China se unió a otros 13 miembros de la OMC haciendo un llamamiento para lograr la eliminación de los aranceles a los bienes ambientales. China, India y los otros países BRICS deben formar una coalición similar para presionar a favor de la eliminación de aranceles farmacéuticos, ampliando así el acceso a la atención médica en todo el mundo en desarrollo. Los enfermos y vulnerables del mundo no deberían tener que sufrir innecesariamente.

Rod Hunter, quien fue director sénior de Economía Internacional en el Consejo de Seguridad Nacional del presidente George W. Bush, es vicepresidente en Investigadores y Productores Farmacéuticos de América. © Project Syndicate.

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