Opinión

El déficit fiscal

Actualizado el 14 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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Según las proyecciones del Banco Central de Costa Rica, incluidas en la revisión del Programa Macroeconómico publicado recientemente por el ente emisor, el difícil del Gobierno Central será de un 5.0% y 5.8% del PIB en los años 2013 y 2014, respectivamente.

En términos absolutos, esos porcentajes equivalen a ¢1.24 y ¢1.56 billones, respectivamente. Eso, sin incluir las pérdidas del Banco Central, que representan casi el 1% del PIB y evolucionan de manera creciente.

Esas cifras constituyen montos muy significativos para una economía que no alcanza los cinco millones de habitantes. Lo preocupante no es solo el monto absoluto del déficit fiscal proyectado, sino también su tendencia, la cual crece a paso firme.

Curiosamente, desde hace algún tiempo se dejó de llamar la atención sobre las consecuencias a mediano y largo plazo de este fenómeno. Pareciera que el problema dejó de existir.

Si bien el Ministerio de Hacienda ha indicado que presentará una propuesta de reforma fiscal antes de que termine este Gobierno, lo cierto es que estamos en un año preelectoral y el ordenamiento de las finanzas públicas no parece ser una prioridad de la presente Administración.

Sin reforma fiscal. Como país, Costa Rica sigue siendo una economía que atrae cantidades significativas de capitales del exterior. Estos capitales han estado ingresando en formas diversas, tales como inversión extranjera directa, capitales especulativos y endeudamiento, tanto público como privado. Todo esto le ha permitido al Gobierno administrar las finanzas públicas sin tener que recurrir a una reforma fiscal profunda, como se había planteado al inicio de la gestión.

Pareciera que la presente Administración logró esquivar la marea fiscal, favorecida por las bajas tasas de interés y apoyándose en el endeudamiento y el ingreso de capitales del exterior.

Sin embargo, el problema de fondo está ahí y no se visualizan acciones para su corrección. Tampoco se vislumbra un crecimiento sostenido de la producción nacional en los próximos años, que sería el principal ingrediente para abordar el desequilibrio de las finanzas públicas. Más bien, las proyecciones de crecimiento económico son muy reservadas.

Desequilibrio. En el momento en que este flujo financiero se revierta, cuando las tasas de interés vuelvan a crecer y cuando el endeudamiento público alcance un techo, el desequilibrio en las finanzas públicas de acentuará y la estabilidad macroeconómica se hará insostenible.

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Por lo anterior se hace urgente promover una discusión profunda y abierta sobre el estado de las finanzas públicas del país y la forma de afrontar esta situación en los años venideros.

No es una discusión sencilla, debido a que el tema fiscal tiene muchas facetas y cualesquiera que sean las propuestas, tendrán opositores. Pero se requiere alcanzar un acuerdo nacional.

Por eso, el análisis y la discusión de la situación de las finanzas públicas del país se debe iniciar cuanto antes y caminar despacio, pero a paso firme, porque la situación se hace cada vez más compleja.

Oportunidad de oro. Aquí, los candidatos presidenciales de los distintos partidos políticos tienen una oportunidad de oro para plantearle al país sus propuestas de cómo abordar el tema de las finanzas públicas, en caso de ser elegidos para ocupar la presidencia de la República a partir de mayo del próximo año.

De todas las maneras, lo cierto es que la próxima Administración deberá afrontar el tema de las finanzas públicas como una prioridad.

Así que lo mejor es empezar a trabajar cuanto antes.

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