Opinión

En defensa de un ciudadano entrañable

Actualizado el 17 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Alfonso Jiménez fue un importante protector de la arqueología costarricense

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Después de leer el artículo publicado en LaNación del miércoles 19 de setiembre recién pasado, considero un deber de conciencia aclarar varias injustas acusaciones de las que no culpo a la periodista de ese diario, sino a quienes proporcionaron infamias que lastiman la imagen de un ciudadano ejemplar, fallecido hace más de diez años.

Lo único agradable de la publicación es que se incluyó en una página de cultura y no en la sección de sucesos, como le ocurrió a otras personas.

Alfonso Jiménez Alvarado, desde la década de 1960, participó y colaboró con quienes se preocuparon por dar a conocer la arqueología costarricense. Para nombrar a algunas: Doris Stone, Luis Ferrero y Carlos Balser, este último dirigió la Asociación de Amigos del Museo, en la que siempre colaboró Alfonso.

La actividad de los miembros de la Asociación de Amigos del Museo fue invaluable en unaépoca en que el Museo no se había consolidado suficientemente, después de su traslado al local actual en el antiguo Cuartel Bellavista. Más adelante, se creó la “Comisión de Exposiciones Arqueológicas en el Exterior”, en la cual participé como representante del Instituto Costarricense de Turismo, y Alfonso, a solicitud de los coleccionistas privados, los representó.

Durante la existencia de esta comisión, se realizaron exposiciones que dieron imagen a Costa Rica. Sería muy incómodo nombrar todas las exposiciones y actividades logradas por esa comisión que dieron a conocer los tesoros arqueológicos de Costa Rica, gracias al préstamo de muchas piezas de los coleccionistas privados. Alfonso siempre participó con las piezas de su colección y hasta colaboró realizando los contactos con los museos interesados en presentar la arqueología de nuestros ancestros.

A la muerte de Alfonso, mi primo, como albacea le solicité a la arqueóloga Marlin Calvo la lista de las piezas que integraban la colección reportada por Alfonso, y ella fue la que me la proporcionó, con información y fotografías de cada pieza. Luego me enteré de que la lista había sido hecha por ella con otra funcionaria del Departamento de Patrimonio, que visitaban a Alfonso en su casa para limpiar y conservar la colección y que le asesoraron en el tipo de estantes que debía comprar para exhibirla.

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Ahora quieren justificarse diciendo queAlfonso no “registró” su colección, pese a que el Departamento tenía toda la información necesaria y registros claros, como lo pudo comprobar el periodista Pablo Fonseca el 8 de setiembre de 2010, cuando se le hizo un operativo humillante a la familia Dada, digno de mejor causa. La lucha iniciada por las funcionarias del Museo fue incómoda y nunca se justificó, inclusive en una oportunidad, en presencia de la directora del Museo, ofrecimos donar la colección con la condición de que se diera crédito a quien la adquirió, pero no aceptaron. Más adelante, la decomisaron “para preservarla”, según dijeron.

Ahora alegan supuestos faltantes de piezas, sin mencionar que la colección de jade de Alfonso fue entregada, con autorización del Banco Central, para iniciarla creacióndel Museo de Jade José Fidel Tristán del Instituto Nacional de Seguros y el mismo Museo Nacional aceptó Ia donación de esferas de piedra de Alfonso y de varios coleccionistas más.

También deben considerar que algunaspiezas de lacolección fueron robadas, según Alfonsó informó y reportó de inmediato al Museo. Para completar la colección, Alfonso envió dos piezas de piedra al Museo para su reparación, las que no fueron restituidas. Con esas cosas que omiten las funcionarias, queda completa la colección de Alfonso Jiménez Alvarado; nunca hubo faltante.

En lo que respecta a los coleccionistas privados, quienes invirtieron sus capitales para preservar la riqueza artística de nuestros ancestros, que de otra forma se explotaba y se llevaba al extranjero, merecen nuestro reconocimiento.

El mismo Museo y el Estado se aprovechaban de ellos, pidiéndoles colaboración y hasta remitiendo turistas y expertos a ver las colecciones privadas, por más de 30 años, pero hoy solo se les critica injustamente y se les persigue como si fueran criminales, por sus esfuerzos en defensa del patrimonio de Costa Rica.

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