8 enero, 2015

En su columna Entre líneas intitulada “Falsa dicotomía” (21/12/2014), don Armando González señala, con precisión quirúrgica, los fines demagógicos de muchos políticos, quienes tergiversan la realidad para generar confusión, desconfianza y oportunismo entre grupos radicales orientados, por lo general, a procurarse ganancias a cualquier precio y sin mirar las consecuencias sociales para quienes demandan un mejor futuro.

Apunta el columnista, además, la posición de los sindicatos médicos y los obvios efectos de sus fines personales para la población asegurada, ávida, cada día más, de buenos y puntuales servicios.

Injusticia. Una parte de esta posición discriminatoria tiene, para el suscrito, origen en los años 40 y 50 del siglo pasado, cuando el entonces rector de la Universidad de Costa Rica (UCR), licenciado Rodrigo Facio Brenes, nos reunió a los fundadores de la naciente casa de estudios y nos conmino enfáticamente a aceptar diferencias salariales para quienes fueran nombrados profesores de la nueva Escuela de Medicina.

Después de oír nuestra posición negativa a tal injusticia, el recordado rector, un avezado político, sencillamente nos manifestó, con sutil intención: “Si ustedes no aceptan, no habrá Escuela de Medicina”.

Que recuerde, asistimos a la deprimente reunión y rechazamos la petición, por considerarla discriminatoria, el reconocido doctor e investigador Rodrigo Zeledón; el doctor Rafael L. Rodríguez, fundador de la Facultad de Ciencias y de la Escuela de Biología, fallecido en 1981; el doctor Luis Fournier O. (q.e.p.d.); y otros cuyos nombres escapan de mi memoria.

En conjunto, le reiteramos al rector que nuestra presencia en la Universidad se fundamentaba en el sincero deseo de servir, desinteresadamente, al país y en el proceso educativo más revolucionario de su historia, no obstante haber significado para muchos de nosotros un importante sacrificio económico y familiar.

Algunos dejamos en la empresa privada posiciones consolidadas y mejor remuneradas en comparación con lo ofrecido por la nueva universidad, donde, paralelamente, nos hicieron firmar un contrato con obligada dedicación exclusiva a tiempo completo, que implicó el cumplimiento de extensos horarios de trabajo diario, incluidos los fines de semana.

Para mí, significó dejar una solidada posición profesional y una empresa de representaciones que ya rendía frutos.

Contraste. Las actuales “dedicaciones exclusivas” no lo son, y en varias instituciones se otorgan con horarios “flexibles”, sin ningún control de horarios, lo cual permite ejercer la medicina, de manera simultánea, pública y privadamente, con lo cual se obtienen jugosas entradas económicas.

A los fundadores de la UCR se nos exigía (en las facultades de Ciencias y Letras) la presentación semestral o anual de un informe de labores . Para cumplir – al menos el suscrito– llevaba una bitácora diaria detallada. Hoy, en cambio, no se demanda nada parecido.

La Universidad se fundó sobre la base de un personal caracterizado por su actitud moral y patriótico sacrificio; fue erigida pensando en el futuro de la sociedad costarricense como un todo, no para beneficios personales o gremiales.

En la columna citada, encontré, por tanto, una clara exposición de la diferencia en el actuar de muchos privilegiados de hoy, a quienes el pueblo de Costa Rica les permitió, con fondos públicos y el sacrificio de otros, estudiar y prepararse para servir, no para servirse.

José Alberto Sáenz Renauld , exdecano de la Facultad de Ciencias de la UCR, expresidente del Consejo Universitario de la UCR y expresidente del Colegio de Biólogos.

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