Las nuevas autoridades deben sentirse gobernantes, con todas las responsabilidades que esto supone

 2 mayo, 2016

Este primero de mayo asumieron funciones las nuevas autoridades municipales, que habrán de servirnos por los próximos cuatro años. Me pareció apropiadó platearles lo que he denominado “el decálogo de los gobiernos locales”, como una forma de orientación de lo que debería ser su gestión. Una mejor municipalidad tendrá como resultado un mejor cantón, y si los 81 cantones mejoran, Costa Rica será un mejor país.

Gobernabilidad: en lo local, así como en lo nacional, existe diversidad de actores políticos y sociales; no hay una fuerza que por sí sola pueda asumir la dirección del cantón y, por eso, se impone mucho diálogo, responsabilidad y desprendimiento. El éxito de la gestión pasa por una buena relación entre el Concejo Municipal y la Alcaldía. Hay que dejar de lado las banderías, negociar en forma transparente los proyectos de beneficio cantonal y abrir espacios de participación ciudadana para que todos se sientan legitimados para proponer soluciones a los problemas que los perjudican.

Finanzas: nuestras municipalidades son las más pobres del continente, juntas no administran ni el 2% del gasto público, y la situación fiscal del Estado tampoco facilita que se les transfieran muchos recursos. Por eso, deben ser eficientes en el cobro de los impuestos, de las tasas y de los servicios que prestan. Deben actualizar los porcentajes sin pensar si es políticamente conveniente, lo único que debe tomarse en consideración es el costo real de la operación, que todos los servicios deben ser superavitarios y deben prestarse con calidad y eficiencia. Si no hay estabilidad fiscal en la municipalidad, tampoco habrá desarrollo cantonal.

TIC: las tecnologías de información y comunicación (TIC) representan la mejor forma de trabajo que una municipalidad puede tener, no solo interna sino también externamente. La eficiencia, la transparencia y la rendición de cuentas será mucho más fácil si consolidan las herramientas tecnológicas. Los recursos, así invertidos, son lo mejor que se puede hacer y deben comprenderlo.

 

Ordenamiento territorial: el territorio es el principal activo productivo de las municipalidades. Un territorio ordenado, debidamente planificado, con reglas claras, potenciando las fortalezas de cada cantón, es la mejor alternativa para lograr una gestión exitosa. Dentro de ese ordenamiento, deben ser muy objetivos en cuanto a las decisiones que tomarán, pensando en beneficiar a la colectividad y sustentándose en criterios técnicos de profesionales en la materia.

Espacio público: las ciudades deben ser principalmente para las personas. Debemos convertirlas en centros de reunión y repoblar nuestras ciudades, pero para lograrlo debemos hacerlas atractivas, con zonas verdes para recreación, áreas para el deporte y la cultura, como lo son las ciclovías, los bulevares, los anfiteatros, los polideportivos, etc., todo en función del ciudadano y de su calidad de vida.

Red vial: es un tema relevante, no solo porque más del 70% de la red vial es municipal, sino porque en el 2015 se aprobó, luego de 13 años, la primera ley de transferencia de recursos para una competencia municipal y mantenimiento y construcción de las redes cantonales. Cada vez que salimos de nuestras casas, camino al trabajo o a la escuela, transitamos por la red vial cantonal. Por ahí transitan nuestros productos de exportación y los turistas que nos visitan. Todos nos veremos beneficiados si los caminos cantonales mejoran, pero, además, es la oportunidad de oro para demostrar que pueden ser eficientes.

 

Desarrollo económico: la municipalidad debe procurar el desarrollo social de sus territorios, pero no lo logrará si no hay primero desarrollo económico. No pueden hacer todo, pero deben estar en todo, y promover la atracción de inversiones, facilitar los trámites para la instalación de actividades económicas y comerciales y velar por el cumplimiento de las leyes, pero sin imponer trámites en exceso. Las empresas mixtas pueden ser una excelente herramienta para la prestación de ciertos servicios.

 

Ambiente: es cierto que las municipalidades son fundamentales en la recolección, transporte y disposición final de los residuos, pero evidentemente hay muchas más responsabilidades. Las aguas residuales, la protección de las cuencas hidrográficas, subterráneas y superficiales, así como la calidad del aire, también pasa por los ayuntamientos. Exigir en todos los desarrollos las obras necesarias para mitigar su impacto, es lo menos que debemos esperar, pero sin dejar de lado la reforestación de cuencas, la arborización de parques y los procesos de ahorro energético, como alumbrado público con energía solar.

 

Seguridad: la seguridad no debe ser solo un tema policial. Ser estrictos en la construcción de aceras, la limpieza y el cerramiento de lotes baldíos, el alumbrado público en la mayor cantidad de zonas posibles, en la actividad comercial para que no se vendan licores, cigarrillos o se faciliten los juegos de azar a los menores de edad, son aspectos de lo que debe hacerse y que contribuirá con una mejor seguridad para la ciudadanía.

 

Desarrollo regional: la visión municipal está limitada al territorio cantonal y ese es un gran error. Lo que pase en el cantón en mucho depende de lo que pase en la región donde se ubica. Es imperativo que las municipalidades participen en las organizaciones regionales, como las federaciones, y las nacionales, como la ANAI y la UNGL. Como sector, serán mucho más fuertes en la medida en que estén unidas. La protección de cuencas, el mejoramiento de la red vial y hasta la concesión de obra pueden ser mucho mejor administrados desde una estructura asociativa a escala regional.

Espero que con estos consejos puntuales la gestión municipal de las nuevas autoridades esté a la altura de las circunstancias y que se sientan gobernantes, con todas las responsabilidades inherentes a su cargo.

El autor es expresidente del IFAM.