Hagan o noel nuevo paseo peatonal, el barrio chino ya existe

 18 marzo, 2012

Conocido como es mi interés en la preservación de la memoria social de Costa Rica en general y de la ciudad de San José en particular, deseo compartir con el público algunas apreciaciones sobre el proyecto del barrio Chino impulsado actualmente por la Municipalidad de San José. Para ello, expresaré mi criterio desde tres distintos pero confluyentes puntos de vista, a saber, los que he decidido llamar lo urbanístico, lo ciudadano y lo vivencial.

Lo urbanístico. Históricamente, proyectos como el de marras suelen darse orgánicamente cuando el hecho urbano ya está presente en un sector de la ciudad.

Así, por haberse asentado en ciertos sectores de urbes como Nueva York, San Francisco o La Habana inmigrantes chinos o de tal origen, es que existen en ellas los llamados barrios chinos con sus claros distintivos.

Aquí en la ciudad de San José, en el paseo de los Estudiantes y sus paralelas y transversales cercanías, el establecimiento de inmigrantes chinos y sus negocios de todo tipo, es ciertamente una tendencia clara desde hace al menos 25 años, si bien es en los últimos diez años cuando el fenómeno se ha acentuado, hasta alcanzar al menos la mitad del comercio presente en el sector, donde además viven muchos de sus dueños.

Una idea de antes. En ese sentido, la iniciativa de peatonalizar ese “paseo” –que dejó de ser tal hace años sin que nadie protestara– es solo una idea que viene de antes, a la que viene a sumarse ahora el deseo de convertirlo en el eje longitudinal de un barrio que, orgánicamente, ya existe. Con el proyecto municipal, entonces, se trata de consolidar un hecho urbano, como decía antes, y no de imponer una arbitraria ocurrencia de la Alcaldía, como quieren los que protestan por ello.

Además, como el “paseo” en cuestión es hoy de los autobuses, de los taxis y de los particulares que con sus automotores quieran agredir y agreden a los que andamos a pie –y que somos mayoría en San José–, los estudiantes del Liceo de Costa Rica usan más la calle 7 en sentido norte, que los lleva directo de ese centro educativo a la plaza de las Garantías Sociales, lugar de su reunión con las chicas del Colegio Superior de Señoritas. Por eso es casi seguro que con su peatonalización, unas y otros volverán a usar la calle 9 para pasear de verdad, junto a muchos ciudadanos más, sea como “barrio chino” o no.

Lo ciudadano. Habría que preguntarse si los de la irritada protesta tienen alguna propuesta alterna a la municipal para reactivar ese sector urbano hasta hace poco en decadencia' sin el capital de origen chino que tiene años de estarse invirtiendo ahí, claro. Lo más probable es que no, porque a esa gente poco le importa proponer: el asunto –para decirlo en tico– es joder, sin que por eso deje de haber en ellos un deseo electorero no confeso, deseo por demás ciudadano, aunque por inconfesado, amañado de antemano y nada constructivo' aunque quiera servir para construir plataformas electorales.

El proyecto municipal, desde que se inscribe en el programa de regeneración a largo plazo a que viene siendo sometida la ciudad capital desde hace 20 años, es de interés ciudadano, puesto que a todos nos importa que zonas históricas enteras no caigan en decadencia urbana y degradación humana, lo cual no le conviene a nadie. De modo que cuestionarlo por razones (tras)vestidas de interés histórico o defensa de lo patrimonial construido, no es honrado si otros son los intereses en juego: quienes los tienen, deberían hacerlos públicos de una vez pues nada tienen de malo, pero que dejen a la actual administración municipal hacer su trabajo.

Lo vivencial. Por otro lado, a diferencia de la mayoría si no de todos los que protestan, tengo años de vivir –como lo llamo no sin sorna– en el criollo China-Town. Por eso puedo dar fe, de primera mano, de que mis vecinos son en buena medida chinos desde hace tiempo, de que no se meten con nadie y que le dan al ambiente urbano una nota cosmopolita que incluso resulta divertida, con esa manera suya de hablar como si se estuvieran regañando, hoy típica en el barrio, como típica es su vida de trabajo y de respeto por sus ancestros.

Negocios chinos, solo en la manzana donde vivo, hay 6, tengo “un chino” al frente que incluso me fía (¡'!), chino es quien alquila el local debajo de mi apartamento y chinos quienes compraron recién casi un cuarto de cuadra para construir detrás de mi casa sus bodegas y almacén, que estaría junto a la peluquería, china también, por supuesto.

De modo que hagan o no el nuevo paseo peatonal en el viejo paseo de los Estudiantes –que no perdería su nombre y recuperaría su función–, yo vivo citadino en un barrio chino donde como, compro y tengo amigos (don “Anselmo” –q.d.D.g.–, doña “Nancy”, “Mario”, etc.): los chinos, mis josefinos vecinos del China-Town.

Etiquetado como: