10 julio, 2014

He leído con mucho interés la valiente nota que me dedica César Castro, el pasado 4 de julio. Lo felicito por discrepar y ponderar sus ideas con buen estilo. Siempre argumentaba con mis alumnos que conviene leer, sobre todo, entre gente con la que uno no está de acuerdo: así se aprende, decía… y lo sigo haciendo.

Ahora bien, en ninguna parte he recomendado la monarquía como modelo para Costa Rica y dudaría fuertemente de hacerlo hasta en España y Bélgica, allí donde, sin ser yo politólogo, gente entendida me refuerza la idea: es un factor de cohesión. Que la receta es cara, sí, la democracia también, producto importado, por cierto. Ese factor de herencia a mí también me molesta, no crea, pero a nadie se le ocurra propugnar la vuelta de Moctezuma, por ejemplo.

Yo he puesto: “aldeas”, en plural, en mi texto. Ni remotamente he pensado en la dicotomía de “indios” versus “desarrollados”, como Castro y otros (hasta con violencia e insulto) me atribuyen. No adoptemos el lenguaje de acomplejados sintiéndose siempre aludidos, como chiquillos: el mundo es ancho y ajeno.

Nací en una aldea… pero creada por Julio César en el año 57 antes de Cristo (una historia un poco larga); estudié en una aldea: la Lovaina de Erasmo y de Jorge Volio, hombres universales; vivo en una aldea: San Pedro de Montes de Oca. ¿Qué tiene de malo?

Educación no liberadora. Otra cosa es la mentalidad aldeana, casi a-histórica, que muchos viven y propagan, en Costa Rica, en Bélgica y en China, por una educación no liberadora: sobre la diferencia aldea-aldeano me inspira José Martí, al puro principio de Nuestra América: manifiesto más que centenario, con mucha vigencia. En varios aspectos don Beto era hijo espiritual del “apóstol” cubano. Como ellos, procuro no ser aldeano y tengo el “defecto” de ser franco.

Estimado estudiante: por favor, deje ese rencor chovinista. Llevo cuatro décadas aquí, soy tico y he estudiado enormemente la realidad nacional y regional. Por favor, no generalice (no es universitaria esa dicotomía, tipo “nosotros”, los buenos, frente a “los otros”, de fuera, los malos), y, por favor, apéguese al texto: ¿dónde refiero yo a “las maravillas de Bélgica”? Aquel país no anda bien en cantidad de puntos; aprovecho para maravillarme por un aspecto circunstancial aquí y ahora: el nivel futbolístico. En cambio, con casi tres veces más población y una gran tradición al respecto, Bélgica no logró la altura esperada.

Pertenezcamos, por favor, críticamente a una aldea del mundo, sin ser aldeanos.

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