Si alguien quiere que una comunicación suya sea en realidad secreta, debe escribirla a máquina

 7 febrero, 2016

El virus del Zika (así denominado por un bosque en Uganda donde por primera vez se le vio) fue declarado emergencia por la Organización Mundial de la Salud y actualmente amenaza a Centroamérica y al mundo.

Se ha sugerido que el DDT, que en los años 40 y 50 del siglo pasado fue el vehículo modal para controlar la cantidad de mosquitos portadores de enfermedades, la malaria entre otras, y que aquí la Northern Railway Co. usó rutinariamente en Línea Vieja y en Limón, vuelva a ser considerado un posible salvador.

Recuerdo haber leído, a fines de la década de 1960, en un texto de un curso de Desarrollo Económico en la UCR, que la fumigación con DDT salvó vidas humanas a un costo promedio de diez céntimos de dólar.

El DDT (que no sé qué significa desde el punto de vista químico) fue sacado del juego, quizá por tóxico, a principios de la década de 1970. Hoy, el avance del zika ha hecho pensar que la solución más eficaz es, quizá, complementar con fumigaciones de DDT la limpieza de sitios donde los mosquitos pueden nacer, crecer y hacer gran daño.

Tecnología. En otro orden de cosas, los avances en las tecnologías de la información y telecomunicaciones (TIC) han hecho que (casi) todo el mundo se comunique hoy por medios virtuales.

Esa información queda en “el sistema” y expertos en este pueden fácilmente verla, si lo quisieran. La señora Hillary Rodham de Clinton, quien figura como precandidata por el Partido Demócrata a las próximas elecciones en los Estados Unidos, ha sido criticada porque en su anterior cargo público usó una dirección de correo electrónico personal, y no la oficial (con altos estándares de seguridad). Y esto hoy cuenta como una debilidad de ella para aspirar a la presidencia de los Estados Unidos.

Casi todo lo que escribamos en el computador o enviemos mediante correo electrónico queda abierto al escrutinio general. No es secreto.

Si alguien quiere que una comunicación suya (por ejemplo un carta comercial) sea en realidad secreta, debe escribirla a máquina, por ejemplo, en una Remington o Royal, como la que décadas antes usó Hemingway para escribir sus novelas, y el destinatario proceder a guardarla en una caja fuerte.

Esta es una forma sencilla de reducir la posibilidad de leaks, y de que hackers logren samuelearnos. También está la opción de escribir a mano el mensaje, por ejemplo, la carta de amor.

Plegaria. Si uno pregunta a alguien hace cuánto tiempo no escribe una “composición” o carta a mano, los viejos responderán: desde hace un par de años. Los jóvenes dirán: nunca lo he hecho.

Sin embargo, hace un par de meses, en la ciudad de Westwood, California, decidimos mi esposa e hijos, como lo hacemos en otras ciudades y pueblos que visitamos, entrar a un templo católico, para contemplar su arquitectura, disfrutar la sensación de espiritualidad que trasmita (como en alto grado lo hacen las misiones Santa Bárbara, San Juan Capistrano y Carmel) y decir un par de oraciones.

En esta oportunidad, me llamó fuertemente la atención un texto escrito a mano en un cuaderno que el templo tenía al efecto, de una oración de una señora californiana.

“Señor –decía lo que recuerdo haber leído en inglés– humildemente os doy las más sinceras gracias por tantos bienes que deparas a nuestra familia. Hoy, te pido por mi marido. Él, como sabes, tiene un carácter un tanto difícil, pero más lo tienen sus familiares. Por eso no tiene el apoyo de estos.

”Él es un buen profesional, como tú sabes, pero la situación aquí en California está difícil, como sin duda también tú conoces, y el flujo de contratos para él como constructor ha mermado de manera significativa. En la familia estamos pasando serias penurias financieras, pues hace más de dieciocho meses que mi esposo está sin trabajo. Te pido que, conociendo tú el gran empeño de mi marido y la alta calidad de los trabajos que él hace, le repares más contratos.

”Estaremos permanentemente agradecidos, pues hemos tenido no solo que cortar ciertos lujos de consumo, sino que nos hemos atrasado en el pago al banco del préstamo con hipoteca sobre nuestra única casa.

”Esperamos que tú, con tu inmensa sabiduría y misericordia, ayudes a California a salir de esta crisis, en que el desempleo ronda el diez por ciento. Y también que mi esposo tenga más trabajos. Amén”.

Los católicos pedimos a Dios, pero no exigimos, pues en el padrenuestro aceptamos que es su voluntad, no la nuestra, la que ha de prevalecer (“hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo”). Nuestra petición es para que una y otra coincidan.

El desempleo en California bajó a la mitad del nivel que tenía cuando esta señora dejó escrita, con serena caligrafía, en un cuadernito del templo, tan peculiar oración. Tal vez a su marido ahora sí le llegan trabajitos. Si no, es porque así lo quiso Dios. Pero quizá lo mejor es proceder como dicen algunos: “A Dios rezando y con el mazo dando”.

El autor es economista y escritor.