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Yo ya estoy curado: basta de homofobia

Actualizado el 05 de marzo de 2013 a las 12:00 am

La verdadera enfermedad es la homofobia

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Yo ya estoy curado: basta de homofobia

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En los primeros años de la escuela, lo más importante era ser bueno en la mejenga. Si usted era hombre, y no le gustaba el fútbol, algo estaba mal, ya empezaban los calificativos de gay y de marica. Si usted era ese chiquito que solo tenía amigas, esos calificativos aumentaban en dureza y frecuencia, algo un tanto irónico, ya que le decían gay al que siempre estaba con las mujeres.

En el colegio, el que no defendía su asiento en el aula con una expresión airada de hombría (entiéndase madrazo) no era lo suficientemente hombre. Lamentablemente, casi todos los ejemplares de testosterona se van quedando en el camino y desafortunadamente serán los que el día de mañana inculquen a sus hijos ese deseo de que se hagan “hombres” .

Ya los últimos años, cuando se supone que la mayoría de personas ha madurado un poco, se dan los típicos chistes homofóbicos, de que si saliste con un amigo en el fin de semana quién sabe qué hiciste.

Dentro del último periodo de la secundaria, en que se supone se puede tener un tipo de conversaciones más críticas, siempre recordaré la vez que le expresé a un compañero que no le veía ningún problema al reconocimiento de los derechos de las personas homosexuales. Me respondió que él no quería verlos besarse en el parque o en público, una excusa sin fundamento ya que estoy seguro de que las personas sexualmente diversas saben que en un país sumamente conservador y de doble moral, como el nuestro, van siempre a enfrentar el rechazo de una parte de la población como para exponerse en público, pero también pensé que será un hermoso momento en el que una pareja del mismo sexo pueda andar de la mano sin que nadie los discrimine. Yo fui cómplice en muchos chistes homofóbicos en el colegio, fui cómplice de muchos actos homofóbicos y no dije nada; veía una pareja del mismo sexo tomada de la mano como algo un poco raro.

No soy gay, soy heterosexual, nací en una casa de católicos, y en una familia de tíos y tías fundamentalistas. Esta semana alguien viene a este país con la receta para “curar” la homosexualidad. Pero ya yo estoy curado, porque pienso que la homofobia que pasó por mí, ya sea de forma tácita o expresa, ha sido superada. Después de una terapia que se llama lectura, diálogo y conocimiento, puedo decir que soy un exhomofóbico y que aquí la única enfermedad es la homofobia y el fundamentalismo.

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Escribí motivado por experiencias de personas que conozco, que se aceptan y disfrutan de su vida tales y como son; escribí motivado al haber escuchado de esa conversación que tuvieron con sus padres sobre su orientación sexual, que en mi opinión los hace las personas más valientes que yo haya conocido, y no es justo que sus derechos, como seres humanos que son, no les sean reconocidos.

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