Opinión

Dos culturas siempre complementarias

Actualizado el 30 de mayo de 2014 a las 12:02 am

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Por fin se diluye aquel sello pretendido indeleble que algunos quisieron imprimir respecto de sendas culturas, supuestamente irreconciliables (véanse las grandes batallas de C. P. Snow en contra de ese prejuicio). ¿Los hombres de ciencia son más valiosos que los de las artes? Pues, depende... Van dos ejemplos recientes y locales: alguien por Los Yoses, con todo y título de ingeniero, se dedica a la panadería.

Valoro a un alumno aventajado en el Tecnológico que prefiere ahondar en la Filología Clásica… Algunas constituciones superan esa dicotomía sectaria: lo importante es crear personas felices.

En el parque Kennedy, en Montes de Oca, anduvimos realizados autores, escultores, pintores y artesanos diversos: fue un éxito, esa segunda jornada de exposición de artes de Redocai, red cultural a la cual orgullosamente pertenezco y que pretende, entre otros, superar esa bipolaridad excluyente.

Queremos hombres y mujeres con cultura porque es una dimensión humana que, por desgracia, se está perdiendo.

En efecto, no soy yo, sino el Semanario Universidad el que caracteriza la recién pasada Semana Universitaria como deslucida (pasando, de casualidad, hasta compré fresas, cosa más bien de agri-cultura). Otro miembro de nuestra red comenta haber visto a unas estudiantes totalmente ebrias, en el caño…

Vaya “celebración” del 24 de abril. ¡Basta ya! En nombre de la tolerancia, de la relatividad y hasta equivalencia de culturas ahora, también, se acepta y promulga cualquier subcultura (el exhibicionismo, la pachucada, la vulgaridad rampante): pan de cada día en la tristemente conocida “Calle de la Amargura”.

¿Capituló la universidad (gran ausente en la pasada exhibición artística)? ¿Se acomodó la ciudadanía a un nivel de medianía y de mediocridad? Lástima. Allí no van dos culturas, sino in-cultura. Reaccionemos.

A su vez, resultó sorprendente otra muestra de “dos culturas”, en sentido diferente: en cuanto el quiosco se ocupaba por grupos con expresión visual-auditiva, se paró el interés por lo otro. Fue precioso, cómo no, observar cómo especialmente la danza ha ganado en audiencia. Excelente, pero ojalá aquella manifiesta preferencia popular por lo vistoso-ruidoso no vaya en detrimento del arte más dedicado a cultivar lo interno: definitivamente, la televisión, por origen y definición dedicada a chinear los ojos, lo mismo que tanta publicidad, más champú que otra cosa tienden a reducir unilateralmente el abanico cultural del consumidor contemporáneo.

Los escritores quedamos démodé , anticuados. Especialmente, a los que nos dedicamos al arte con la palabra escrita, como que nos quisieron relegar a Desamparados...

Por lo anterior, llamó la atención el trabajo constante que desarrollan un hombre y una mujer: él, colombiano de origen (Isidro Pardo), y ella (Ana Isabel Vargas), tica de la cepa de Omar Dengo. En pareja (¡y en matrimonio!) sensibilizan para otras dos culturas complementarias: la oral y la musical, entretejidas. Excelente injerto, el de esas dos personas, porque, de seguir este desequilibrio en el abordaje de las citadas expresiones artísticas, todos nos quedaremos mudos por haber perdido una dimensión esencial humana: la expresión oral y escrita.

Son válidas ambas manifestaciones artísticas apuntadas, con derivados múltiples, pero la cultura verbal tiene la ventaja de crear en el usuario una imagen más libre y profunda: es la loca imaginación.

Gabriel García Márquez fue genial porque, con base en la palabra real y mágica, nos hizo ver en los Buendía raíces humanas universales; en Macondo, una buena metáfora de este Montes de Oca; y, por favor, ¡cómo hacen falta por aquí esas mariposas amarillas!

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