Opinión

El cuadrante de Pasteur

Actualizado el 14 de junio de 2015 a las 12:00 am

Debemos enfocarnos en el tipo de innovación propia de un país maduro científicamente

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Existen varios prejuicios acerca de la relación entre la ciencia básica y la solución de problemas prácticos que produce innovación. Una de ellas es que ambas son mutuamente excluyentes y que sesgar el tipo de inversión hacia lo aplicado puede llevar a mejores soluciones a problemas de relevancia inmediata.

No significa esto que las dificultades que las personas enfrentan día a día sean triviales y por tanto tengamos que enfocarnos solo en lo abstracto e intelectualmente elevado, o que del todo esta división realmente exista. El Estado debe evitar desarrollar tanto miopía como astigmatismo políticos.

Habiendo indicado el porqué de la conveniencia de financiar ciencia en un artículo anterior (1/6/2015), debemos enfocarnos ahora en el tipo de innovación propia de un país maduro científica y tecnológicamente: partimos del hecho de considerar esta una aspiración legítima. Primero, es necesario decir que la innovación es una estrategia general, de naturaleza metódica, para la búsqueda de nuevas soluciones a problemas cuyo resultado sea económicamente viable dentro de un mercado objetivo. Para tener innovación se requiere que existan invenciones, no solamente ideas, así como un problema válido de productividad en el sentido más amplio. Atender más pacientes por hora en un hospital de manera satisfactoria es un ejemplo particular.

Borh, Edison y Pasteur. Donald Stokes, en 1997, hizo un maravilloso trabajo que nos servirá de guía. En él se describen varias formas de explicar la relación entre la investigación fundamental y la innovación.

Niels Bohr fue uno de los padres de la mecánica cuántica por su trabajo acerca de la estructura del átomo. La física moderna pudo continuar, gracias a sus descubrimientos, hacia una explicación satisfactoria de cómo es la estructura fundamental de la materia.

Aun cuando en el transcurso de sus experimentos impactó áreas aplicadas tan diversas como la óptica, su objetivo fue entender la realidad en su naturaleza fundamental.

Al otro lado del extremo, completamente aplicado, encontramos a Thomas Alva Edison, inventor nato, persona orientada al mercado y fundador del que se considera el primer laboratorio de investigación industrial.

Su invento de la bombilla, así como 1.093 patentes a su nombre, son testamento de su orientación pragmática, pero ninguna producción en ciencia básica.

¿Existe algún caso en donde responder a preguntas fundamentales llevó a tecnologías innovadoras? Louis Pasteur estudió en profundidad la biología de los microorganismos, especialmente su relación con la salud, y se considera, junto con Koch y Cohn, uno de los padres de la bacteriología.

Sus descubrimientos lo llevaron a desarrollar una tecnología concreta, práctica y útil: la pasteurización. El resultado de su invención fue una drástica reducción de la contaminación de los alimentos para una mejor salud pública.

Innovación basada en la ciencia. Los tres casos corresponden a cuadrantes del sistema de Stokes, donde se contrasta la intensidad en investigación básica con la intención de resolver problemas prácticos.

Edison corresponde a un cuadrante de baja ciencia básica y alta aplicación directa a problemas relevantes. Bohr, a un cuadrante de alta ciencia básica y baja aplicación directa a problemas relevantes. Pasteur, cuyo cuadrante lleva su nombre, es un ejemplo de que sí es posible tener soluciones tecnológicas de avanzada que transforman el mundo, y que en su camino abren preguntas sobre la realidad.

Costa Rica debe sobreponerse a una innovación simplista, donde un elevator pitch es más importante que atacar un problema interesante con inteligencia. Lo primero da satisfacción efímera y statu quo ; lo segundo produce industrias de calibre mundial.

Tanto el temor de invertir en ciencia seriamente como el preferir desarrollo tecnológicos no radicales nos lleva al peor de los mundos: el cuadrante de baja intensidad en investigación básica y baja aplicación, lo intelectualmente aburrido y simultáneamente inútil a mediano y largo plazo.

Santiago Núñez es director de Investigación y Desarrollo Tecnológico del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones.

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