13 enero, 2015

Fue en el siglo pasado cuando Óscar Arias desnudó la forma de tomar decisiones políticas que obedecen a grupos de presión y no a criterios técnicos. Cecilia Díaz Oreiro ha publicado (LN, 04/02/2015) un ejemplo que no debemos pasar por alto, donde clama por “más especialistas médicos para la región Huetar Caribe” (por cierto, en la Caja Costarricense de Seguro Social, tal región no existe, pues se llama “Huetar Atlántica”).

Es necesario definir las plazas de médicos especialistas con base en criterios técnicos: de recursos, de población, de necesidades (morbilidad, mortalidad, demografía), de equipo material y humano requerido para trabajar. Las prioridades no pueden darse en función de la falacia de autoridad, el “pobrecito” o una zona geográfica “en abstracto” (“la región Huetar Atlántica”), ni con sentido de oportunismo (quiero ir “adonde tengo finca”, “adonde vive mi suegra”, “adonde tengo mejor salario porque gano disponibilidad y guardias” o “adonde paso las vacaciones), pues deben evaluarse, caso por caso, para priorizar y tomar decisiones con base en criterios objetivos. Enigualdad de necesidad de especialistas, debe prevalecer el criterio de asignarlos a los centros que atienden a mayor población (criterios de oportunidad, costo-beneficio y rendimiento).

Afirmar, como lo hace Díaz, que, porque –según dice– faltan gineco-obstetras, entonces se debe enviar todo tipo de especialistas a una región, no obedece a un criterio técnico. Voy a poner como ejemplo el caso de psiquiatría, porque es el más fácil de tratar en un artículo corto, pues tales especialistas no requieren mayor equipo adicional (ni quirófanos, ni rayos X, etc.), y, aunque un psicólogo clínico les potencia trabajo, no les es indispensable. Además, necesitan laboratorio clínico para las pruebas, pero en todos los centros de segundo y tercer nivel hay un laboratorio.

Si hiciéramos caso de la petición de Díaz, en este año debería abrirse una plaza de psiquiatra en los hospitales de Guápiles y Limón, ambos de la región Huetar Atlántica. Pero resulta que dichos hospitales ya tienen psiquiatra. Además, Limón cuenta con el mejor programa de psiquiatría del país y tiene su población debidamente atendida: ni un solo paciente se refiere de Limón a San José (LN, 29/05/2011).

La gran mayoría de necesidades urgentes de especialistas en psiquiatría están en San José: el Hospital Psiquiátrico requiere especialistas (por lo menos, ocho) para afrontar las plazas libres vacantes y las que se liberarán en este año por pensión. Muchos centros a cargo de grandes grupos poblacionales no tienen hoy un solo psiquiatra: Clínica Solón Núñez (Hatillo y Alajuelita), Clínica Integrada de Tibás Rodrigo Fournier (La Uruca y Tibás), Clínica de Pavas y Clínica de Acosta. Con excepción de Acosta, todas las otras clínicas atienden poblaciones de mayor número de habitantes que las de los centros fuera de San José sin psiquiatra (Tomás Casas, San Vito, Los Chiles, Golfito y Upala).

¿Cuál debe ser la prioridad? A recursos limitados, allí donde se atienda al mayor número, aunque no sean las playas de Cahuita que alucinan a la señora Díaz, según escribió.

Otros casos prioritarios son la Clínica Marcial Fallas, que tiene 1,5 psiquiatras para una población de más de medio millón de personas. Desamparados ha sido declarado cantón prioritario por el presidente, lo cual justifica nombrar a uno más, lo mismo que en el caso del Cenare, que atiende población en rehabilitación de todo el país y cuyo único psiquiatra comenzará en este 2015 un posgrado (por eso, la entidad quedará totalmente desatendida).

Es obvio que el número de plazas requeridas es mayor que el de psiquiatras que se graduarán en este año (seis, en total). Por eso, no se justifica desde el punto de vista técnico, y con base en las necesidades reales –no sentimentales–, enviarlos a Guápiles y a Limón, como desea Díaz.

En otras áreas funciona el mismo criterio. Un radiólogo, para usar su potencial de especialista, debe contar con rayos X, equipo de ultrasonido y mamografía, y, en grandes hospitales, con fluoroscopio y tomógrafo axial computarizado.

No conozco la situación de la región Huetar Atlántica en este campo. Pondré, entonces, el caso de una zona que también tiene población indígena (criterio de relevancia, según Díaz):no sería lógico enviar a un radiólogo –en las condiciones actuales– a San Vito, donde solo hay un viejo equipo de rayos X que le permitiría únicamente tomar placas y detectar fracturas (estas no ocurren a diario), pero no podría hacer ninguna otra función propia por carencia de equipo. En definitiva, llegaría a “tontear”.

Hay especialidades que, por su alta complejidad y equipos requeridos, son impensables hoy en centros que no sean hospitales clase A. Tampoco se pueden comprar equipos “a lo loco”, pues ocurre como con las cámaras hiperbáricas que se adquirieron siendo obsoletas y se descompusieron estando almacenadas, sin uso alguno ( LN , 26/02/2009).

Los especialistas deben asignarse con criterios técnicos y, en tal caso, Limón y Guápiles no deberían tener plazas de psiquiatría. Pero, si las razones obedecen a criterios de grupos de poder, de presión y de opinión, los veremos allí nombrados, en perjuicio de las necesidades reales de habitantes de otros lares.

Es pertinente señalar que, contrariamente a lo que se cree, no todos los especialistas quieren trabajar en San José: posiblemente, lo difícil de la situación poblacional de Hatillo-Alajuelita, Tibás-La Uruca y Pavas haga que no haya psiquiatra que voluntariamente haya querido ir. Limón y otras zonas tienen el atractivo de la paga (duplican el salario por disponibilidad, guardias, zonaje, peligrosidad; en Limón, también reciben casa en la zona americana).

Desde el punto de vista técnico, no hay engaño: los especialistas se necesitan allí donde hacen faltan de manera demostrable. La correcta asignación de las plazas de especialistas permitirá eliminar las listas de espera e impactar positivamente la salud de la población.

Debido a que no se puede resolver en un año el problema de la falta de especialistas, es necesario priorizar sin dejarse presionar por los grupos de poder.

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