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Mi criterio como ministra de Salud

Actualizado el 13 de junio de 2008 a las 12:00 am

 El criterio emitido por mí como ministra de Salud, no a título personal, es estrictamente sanitario

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Mi criterio como ministra de Salud  - 1
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Mi criterio como ministra de Salud - 1

En los últimos días he leído con sumo interés los comentarios publicados en la sección de Opinión de este diario acerca de la ley que pretende legalizar las uniones entre personas del mismo sexo; en algunas se hace referencia a mi posición como ministra de Salud en el tema. Del comentario del licenciado Beirute, solo comentaré que me otorgó una atribución que no me corresponde, ya que los señores diputados y las señoras diputadas no requieren el aval de una ministra de Estado para impulsar sus leyes. Son el primer Poder de la República y como buena demócrata así lo entiendo y respeto. Me referiré sobre todo a lo comentado por el estimable colega Dr. Alberto Ferrero el pasado sábado 8 de junio.

Criterio sanitario. El Ministerio de Salud y la Ministra fuimos consultados sobre la ley en cuestión, como muchos otros entes y como con muchas otras leyes más. El criterio emitido por mí como ministra de Salud (no a título personal) es estrictamente sanitario, basado en que, desde hace 13 años, la Organización Mundial de la Salud retira el homosexualismo y el lesbianismo de la clasificación internacional de las enfermedades y lo declara una variante de la sexualidad humana.

Cuando en mi condición de ministra se me solicita emitir un criterio o una opinión, estudio el estado del arte del tema, consulto con expertos, reviso lo que el Ministerio de Salud ha hecho, solicito criterio legal de si está acorde con la Ley General de Salud , o sea, si no la violenta, procedo a hacer una exhaustiva búsqueda bibliográfica en el PUBMED que concentra la literatura médica y científica mundial que vale la pena leer, divido los artículos según su calidad y tipo de estudio y elaboro un metaanálisis. El criterio emitido no es producto de la ocurrencia, sino de la evidencia. Procedimiento similar seguí cuando se me solicitó el criterio sanitario en cuanto a las uniones de personas del mismo sexo.

Dicho metaanálisis evidenció que en las sociedades donde se había aprobado estos tipos de uniones, las personas que gozaron del beneficio tenían una mejor salud mental, fueron emocionalmente más estables, se redujo la tendencia al suicidio, se redujo el cambio de parejas, lo mismo que se redujeron las actividades sexuales de riesgo que los predisponía a un mayor número de enfermedades de transmisión sexual.

Menos violencia. Por otro lado, al ser la sociedad más tolerante, se da menos violencia, un mayor respeto por la diversidad, no solo la sexual. Como estoy segura de que es del amplio conocimiento del Dr. Ferrero, en los inicios del sida a esta infección se la llamó el ‘cáncer de los homosexuales’, con retraso de la identificación, tratamiento y seguimiento de otros grupos de riesgo que no eran gais. Se vio el sida un merecido castigo por haberse violentado “la ley moral natural”, al que el colega hace referencia.

Ya que don Alberto menciona que la legalización de dicha unión conlleva un riesgo para la salud pública, insto al colega a que me haga llegar al despacho los artículos científicos que apoyan su posición. No me creo la dueña de la verdad absoluta y, si ante evidencias científicas y técnicas contundentes tengo que rectificar la posición asumida, sin duda lo haré.

Rescate de valores. Ojalá fuera tan fácil rescatar para las nuevas generaciones los valores fundamentales y evitar exponerlos a una concepción errónea respecto a la sexualidad, al matrimonio y a la familia, y para lograrlo bastará solo oponerse a la legalización de uniones, que de todas formas se dan. La violencia intrafamiliar, femicidios, la intolerancia, el machismo, el feminismo, el abuso, el desprecio por la condición humana, la doble moral, el cambio de criterio solo por conveniencia, el abuso infantil, la forma desigual en que criamos a los jóvenes, la moral sexual diferente dependiendo de si se es hombre o mujer, la pornografía, la explotación sexual son, sin duda, antivalores que dañan la sociedad, las bases de la familia y confunden a las nuevas generaciones.

Como persona, creo en la familia, en los valores sociales, morales y religiosos, creo en Dios y en su infinita sabiduría. Como ministra de Salud, mi criterio debo basarlo en evidencias científicas, médicas y sanitarias, siempre lo he hecho y siempre lo haré. El Ministerio de Salud está para proteger la salud y el bienestar de todos y todas, y es mi obligación hacerlo también.

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