21 abril, 2014

Aunque Mike Forrest –gerente general de Intel Costa Rica– ha indicado que el cierre de la planta “no es un tema de competitividad específica del país, sino de una transformación de la operación a nivel global” ( La Nación , 9 de abril), conviene aprovechar la ocasión para revisar diversas causas que limitan la competitividad.

Bufetes de abogados, consultorios médicos y microempresas pagan exorbitantes tarifas de agua y luz por consumos mínimos, simplemente porque están tasadas como “comerciales”. Lo mismo sucede con pequeñas, medianas y grandes empresas.

Cada vez hay más trámites, normas y reglas que disponen hasta de la altura que debe tener un espejo dentro de un servicio sanitario (Decreto 26831, art. 144).

Los puertos (exportación e importación) son caros e ineficientes, no tenemos sistemas de transporte público ni de carga eficientes, y dependemos de colapsadas calles, llenas de huecos y parches.

Al final, cuesta producir y hay traslación de costos: el bien o servicio producido se torna más caro y menos competitivo.

Un primer paso, bastante esperanzador, es el anuncio del presidente electo, Luis Guillermo Solís, de intervenir las carreteras y darles mantenimiento como prioridad del nuevo Gobierno ( La Nación , 7 de abril).

Esperamos que esta vez sea bajo la guía técnica del Lanamme, de la UCR, y no de “constructores de trochas”.