10 marzo, 2014

La Alianza del Pacífico es un área de integración integral constituida por Chile, Colombia, México y Perú, cuyo objetivo es avanzar hacia el bienestar pleno de sus ciudadanos, en el contexto del desarrollo sostenible y competitivo, utilizando como principales instrumentos la coordinación de políticas públicas y la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas.

De este modo, pretende convertirse en una plataforma de articulación política, de integración económica y comercial, mejora social y proyección global, en especial frente al Asia Pacífico.

Su clara visión, su dinamismo y su relevancia en el contexto latinoamericano han llamado tanto la atención que cerca de treinta países han solicitado participar como observadores.

La Alianza es hoy el punto de referencia en América Latina para el resto del mundo. Muchos quieren participar en ella, pero somos muy pocos los que tenemos las condiciones para hacerlo.

Los países fundadores acordaron establecer la Alianza en abril del 2011 y firmaron su acuerdo constitutivo en junio del 2012. A partir de ese momento, sus miembros establecieron un programa de trabajo para negociar las condiciones de su integración plena. Ese programa contempla establecer una zona de libre comercio; avanzar hacia la libre circulación de capitales y la promoción de las inversiones; desarrollar acciones de facilitación del comercio, por mencionar algunas.

Además, otros propósitos se han establecido: promover la cooperación de las autoridades migratorias para facilitar el movimiento de personas; promover la seguridad ciudadana en el contexto del Estado de derecho; y fomentar la cooperación entre sus miembros en materia de educación, innovación, ciencia y tecnología, cambio climático.

Zonas libres. Desde un inicio los países miembros concibieron la Alianza como un proceso vivo, flexible e incluyente, que avanza de manera continua. En cada una de esas áreas los miembros de la Alianza han venido haciendo progresos. Uno de los más importantes es la firma del llamado Protocolo Adicional al Acuerdo Marco, el pasado 10 de febrero, mediante el cual fijan las reglas para establecer la zona de libre comercio entre ellos.

Este planteamiento permitirá utilizar materias primas de los distintos países y fomentar los encadenamientos productivos y las alianzas entre empresas, promoviendo con ello la inversión y la competitividad. Es una hora de ruta pragmática y visionaria para la integración multidimensional de una subregión latinoamericana, una aspiración que por décadas hemos pregonado, pero solo ahora estamos en condiciones de alcanzar.

El Protocolo se basa en los tratados de libre comercio que ya los países de la Alianza han suscrito entre sí, lo cual permitió que se acordara eliminar los aranceles a la entrada en vigor del tratado para el 92% de los productos, la mayoría integrados al libre comercio con anterioridad. Para el restante 8% de los bienes (excepto para el azúcar) se acordaron calendarios de desgravación que incluyen plazos de gracia durante los cuales no se reducen los aranceles y plazos de desgravación de 7, 10, 12 y hasta 17 años.

Si este protocolo entrara en vigor el año entrante, es a partir del 2032 que se disfrutaría del libre comercio pleno entre sus miembros. De este modo, se tomaron en cuenta las sensibilidades de los sectores productivos y los intereses de los consumidores.

Visión compartida, oportunidades comerciales, fomento de los encadenamientos productivos, promoción de la competitividad, nuevas inversiones, plataforma para integrarnos con el Asia Pacífico, son algunas de las principales razones que nos motivaron a acercarnos a la Alianza desde mediados del 2011, con miras a buscar participar de este gran proyecto.

Adhesión costarricense. Además de la relevancia política y peso comercial de este grupo en América Latina, los países que conforman la Alianza son socios comerciales importantes para Costa Rica, con un amplio potencial de crecimiento para nuestras exportaciones y, por ende, para nuestro empleo y bienestar. Durante la última década, el comercio con Chile, Colombia, México y Perú se multiplicó por tres, al pasar de $859 millones en el 2003, a $2.260 millones en el 2012.

El dinamismo también se observa desde la perspectiva de la inversión pues los miembros de la Alianza representaron el 21,4% de la inversión extranjera directa en Costa Rica, en el 2012, mientras que empresas costarricenses tienen cada vez mayor presencia en estos países.

El acercamiento de Costa Rica a la Alianza ha sido paulatino y cuidadoso, pero constante y de cada uno de sus pasos se ha informado públicamente por diversos medios y foros. En marzo del 2012, la presidenta Chinchilla expresó el interés del país en ser observador; en junio, se admitió a Costa Rica como Estado observador de la Alianza; en octubre, el país adquirió el estatus de observador candidato a ser Estado Parte; y, en mayo del 2013, se acordó establecer el grupo de trabajo para definir los términos y condiciones de la incorporación de Costa Rica.

Este proceso de negociación daría inicio una vez que los miembros fundadores de la Alianza concluyeran la negociación de su Protocolo Adicional al Acuerdo Marco, lo cual, como se indicó, ocurrió el pasado 10 de febrero. Ese mismo día, Costa Rica suscribió una declaración mediante la cual confirma su interés en adherirse a la Alianza.

Lo anterior no significa que Costa Rica ya sea parte de la Alianza, ni que se hayan definido los términos y condiciones en que llegará a serlo. Significa que, después de dos años de meticuloso trabajo preparatorio, estamos en la línea de salida, listos para iniciar ese proceso de negociación. Este es un gran logro, pero aún no hemos alcanzado la meta: esa se alcanzará el día en que Costa Rica concluya ese proceso de negociación y suscriba y apruebe su protocolo de adhesión a la Alianza.

El ingreso de Costa Rica a la Alianza deberá ser conducido de manera cuidadosa, sobre una base transparente, informada y en constante diálogo con todos los interesados, como lo hemos hecho en el Ministerio de Comercio Exterior, en todos los casos.

Labor adelantada. Afortunadamente, los tratados de libre comercio que tenemos con cada uno de los miembros de la Alianza facilitarán mucho el trabajo: con Chile ya tenemos libre comercio para el 95% de los productos; con México, el 98% ya está en esa condición; con Perú, es el 78% el que disfruta de este acuerdo; y con Colombia, será el 71% el que ingrese sin aranceles a la entrada en vigor del tratado.

Este proceso dará inicio en las próximas semanas, pero en vista de que la negociación necesariamente tomará varios meses, serán las nuevas autoridades las responsables de llevarla a buen puerto, de conformidad con la estrategia y las acciones que decidan poner en marcha.

Todo proceso de integración genera dudas y resistencia de algunos sectores y grupos de interés. Recordemos que, en la década de 1960, algunos grupos con poca visión se opusieron a la integración centroamericana, por intereses, prejuicios o falta de información. Hoy, sin embargo, es incuestionable el beneficio que ha traído a Costa Rica.

Estamos de nuevo ante un momento en nuestra historia que demanda visión para comprender la importancia de este proyecto, liderazgo para impulsarlo y habilidad para concretarlo, pensando en el bien común.