Ya es tiempo de que rechacemos todas las formas de intolerancia, odio e ignorancia

 17 febrero

“Costa Rica es una República democrática, libre, independiente, multiétnica y pluricultural”. Así reza el artículo primero de nuestra Constitución Política, la cual juramos respetar y defender todos los costarricenses, incluidos nuestros funcionarios públicos, entre ellos los diputados. A pesar de esto, el legislador Abelino Esquivel, del Partido Renovación Costarricense, ha irrespetado nuestra Carta Magna al referirse con expresiones racistas y xenofóbicas a la población de ascendencia china de nuestro país.

Costa Rica es una nación compuesta por muchas culturas y etnias, las cuales han contribuido, desde tiempos inmemoriales, a formar nuestro ser y nacionalidad. Los aborígenes, europeos, judíos, afrodescendientes, nicaragüenses, mestizos, latinoamericanos, zambos, chinos, y muchos otros, son parte indivisible de nuestra herencia, han aportado su cultura, arte y ser al crisol de rasas que es nuestro país, por lo que descalificar a una de esas etnias equivale a desconocer una verdad fundamental: que todos somos iguales ante Dios y ante la ley.

Los chinos en Costa Rica no son advenedizos, los registros históricos trazan su llegada hace más de 161 años, tiempo en el que se han convertido en parte de esta nación y han contribuido en todos los campos. Su aporte, a diferencia de lo que se ha querido erróneamente hacer creer, no se limita a unos pocos campos comerciales, sino que alcanza variadas sendas.

Costa Rica se ha beneficiado de la presencia de los chinos de mil maneras y los chinos han colaborado desde mil trincheras al crecimiento y progreso nacional. Solo por mencionar algunos ejemplos, Franklin Chang ha destacado a nivel mundial en el campo científico, Isidro Con Wong es un artista reconocido y laureado y doña Hilda Chen es una destacada y respetada académica del más alto nivel.

Pero, además de ellos, incontables ciudadanos de ascendencia china trabajan cada día, hombro a hombro, con todos los demás costarricenses. El chino es conocido como un trabajador honesto y dedicado. Su aporte en el comercio no puede ser vilipendiado por un exabrupto inaceptable, su trabajo no puede ser objeto de ataques infundados.

El dueño de un minisúper trabaja en una actividad legal y necesaria para la comunidad y aporta un servicio a la población. El chino que tiene un comercio de este tipo la “pulsea” tanto como cualquier otro, pasa las mismas dificultades para conseguir crédito y pagar sus cuentas, como lo hace cualquier otro pequeño empresario; brinda empleo y contribuye al Estado con sus impuestos, e incluso expone su vida ante el hampa como cualquier otro comerciante.

En todos los casos, no por tener ojos razgados o una cultura diversa, dejan de ser costarricenses. El comerciante de un minisúper, de un almacén, de un restaurante, de una gasolinera, etcétera, a pesar de ser de ascendencia china, es tan costarricense como cualquier otro, con sus particularidades culturales, pero con los mismos sentimientos de pertenencia y nacionalidad que tenemos todos.

El chino del minisúper es tan costarricense como aquellas hermanas alemanas que nos dieron el metal olímpico por primera vez, o aquel “nica” que desde las tablas nos hizo ver que somos hermanos, parte de una sola familia.

Ya es tiempo de que rechacemos todas las formas de intolerancia, odio e ignorancia, y de que como país exijamos respeto y dignidad para todas las personas. Por eso es que en la Asociación Colonia China en Costa Rica rechazamos las ignominiosas declaraciones del diputado Esquivel y le exigimos una disculpa pública, no solo para los chinos, sino para todos los costarricenses, porque Costa Rica somos todos.

Isabel Yung es presidenta de la Asociación Colonia China en Costa Rica.